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De una forma no muy sorprendente, los disfraces de Halloween, como también los de Carnaval, son una especie de baremo de la actualidad. Los temas más candentes del momento son también aquellos que suelen protagonizar las listas de cosas que todo el mundo parece estar buscando para disfrazarse. Los disfraces más populares son una mezcla de los temas clásicos en este terreno toca con el bombazo del año (como puede ser la película más taquillera de la temporada) y la actualidad política con los temas de actualidad.

De hecho, este año se esperen que triunfen disfraces asociados a las tendencias del año, como los flamencos; a las noticias de portada, con la búsqueda de iconos feministas para el disfraz; o a los grandes éxitos del momento, desde Pantera Negra a ABBA por la la segunda entrega de Mamma Mia.

En la lista de disfraces de este año, no sorprende por tanto encontrarse la opción de disfrazarse de influencer. Urban Outfitters está vendiendo ya un disfraz de influencer por 59 dólares, que se suma a los demás disfraces clásicos de la oferta de Halloween. El disfraz puede llegar a los 155 dólares si se completa con todos los accesorios para un look completo, como son gorra, peluca y zapatillas. El disfraz ya ha hecho el tour de los medios de comunicación en inglés, desde los más de análisis a lo Quartz hasta los de estilos de vida pasando por los más populares que buscan el clic.

La entrada del disfraz en la lista de cosas posibles demuestra que los influencers se han convertido en una especie de elemento de dominio público. Puede que hace unos años disfrazarse de influencer no lograse que nadie adivinase de que se iba vestido y que despertarse más preguntas que otra cosa. Salir este 31 de octubre con un look de este estilo conseguirá rápidamente el reconocimiento y que los demás sepan de qué se está hablando y qué se está buscando con ello.

Y, por tanto, Halloween se ha convertido en un elemento más para comprender cómo han crecido los influencers, cómo se ha hecho ubicuo el marketing con influencers y cómo su existencia - y su suerte laboral - han penetrado ya en la cultura popular. De hecho, se podría hasta decir que el disfraz de influencer no es más que una señal más que apunta el estado de las cosas en este terreno y que da pistas claras sobre cómo se está creando una burbuja.

Pon un influencer en tu vida…

Al fin y al cabo, los influencers pasaron de ser un elemento emergente que los early adopters del mundo del marketing empleaban y buscaban a convertirse en lo recurrente, tanto que ser influencer - y forrarse con ello, o al menos vivir de ello - se ha convertido ya en una opción que no pocos tienen en cuenta. No hay más que pensar en el último estudio de SocialPubli sobre microinfluencers y sus objetivos y ambiciones. Según las conclusiones de este análisis, la mitad de los microinfluencers tiene en el dinero la principal motivación en su actividad en redes sociales. Quieren, al final, vivir de ello.

Las marcas y las empresas han ido aumentando el peso que dan a los influencers en sus campañas y a prestarles más y más atención. Los valores que estos aportaban eran lo suficientemente atractivos como para darles una posición destacada.

Los influencers permitían saltarse los problemas de las redes sociales (como la pérdida de alcance por los cambios en el algoritmo que controlaba el feed de algunas redes sociales) y mejoraban el engagement con el contenido, al tiempo que tenían un impacto directo en las decisiones de compra de los consumidores. Los influencers se veían como expertos y, por tanto, se aceptaba lo que decían como un consejo informado.

… Antes de que el mercado lo sature

Pero el interés creciente que despertaban los influencers también hizo que cada vez se publicasen más contenidos publicitarios, que se perdiese esa credibilidad que tenían (con un exceso de publicidad no siempre identificada como tal) y que se saturase el mercado. Las compañías y sus máximos responsables de marketing empezaron a dudar del marketing con influencers, haciendo que tan rápido como se encumbró empezase a protagonizar críticas.

La falta de control sobre lo que estaba ocurriendo y la aparición (y crecimiento) de figuras como los influencers gorrones tuvieron un impacto negativo en cómo las marcas empezaron a ver las cosas. Los influencers empezaron a parecer un espacio en el que todo valía y en el que era difícil ver qué se hacía.

Si a eso se sumaban las sospechas de seguidores y engagement falsos, se tenía la foto completa. No es que todos lo hagan, pero las empresas empiezan a tener sospechas. "Por culpa de unas pocas malas manzanas en el montón, creo que hay un riesgo en el área de los influencers", señalaba hace unos meses Keith Weed, el jefe de marketing de Unilever, señalando las debilidades de los influencers.