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Es posible que el mundo se pueda dividir en dos grandes grupos. En un lado están aquellos que no han escuchado nunca Baby Shark, una canción para el público preescolar que es uno de los grandes hits de YouTube. En el otro, están quienes ya sea porque tienen hijos de esa edad que la escuchan en bucle ya sea porque han llegado a ella vía cultura popular (Baby Shark se ha hecho tan popular que ya ha protagonizado algún que otro tuit viral) la conocen. Baby Shark es una canción en inglés, con una letra simple y protagonizada por tiburones. Como todas canciones para niños es horriblemente pegadiza.

Por supuesto, el éxito de Baby Shark no fue una casualidad. La canción se convirtió en una de las pocas canciones para niños en entrar en el Billboard Hot 100, la lista de los éxitos musicales de Estados Unidos, hace unos meses, aunque su vida en YouTube arrancó mucho antes, en 2016 (donde se ha acabado convirtiendo en uno de los 25 vídeos más vistos en toda su historia). Como señalan los análisis, para su público nicho fue un gran éxito por la estructura del vídeo (palabras pegadizas, colores brillantes, mucho movimiento). Detrás tiene a Pinkfong, una de las empresas que lideran el entretenimiento infantil en YouTube. Las versiones de la canción se siguieron e incluso salieron de YouTube. Baby Shark se había convertido en un fenómeno cultural.

Y si algo tiene tanto éxito parece lógico que acabe monetizándose de alguna manera. Pinkfong, la empresa de entretenimiento, vende libros con sonidos, juegos, peluches o camisetas (que no son solo para niños en este caso). Ahora también va a vender cereales.

Kellogg's acaba de anunciar un acuerdo con Pinkfong para vender en Estados Unidos una edición limitada de unos cereales inspirados en la canción. En agosto se podrán comprar en una cadena de tiendas pero en septiembre llegarán a la masiva Walmart. "El nuevo cereal Baby Shark de Kellogg's ha sido creado para expandir la alegría que las familias sienten de una forma sabrosa", dice Erin Storm, directora de marketing de la compañía.

El caso de Baby Shark es uno de los más recientes y uno que funciona muy bien para entender el poder de los éxitos de redes sociales como nuevos motores para la creación de productos. Aunque en origen el vídeo estaba pensado para niños y buscaba conectar con ellos, la canción se ha convertido ya en una suerte de meme, de elemento conocido de la cultura de internet, lo que le ha permitido dar el salto a un amplio abanico de productos que le deja llegar también al público adulto.

YouTube y el primer paso para el negocio

La red de vídeos se ha convertido en una dinamizadora de según qué mercados y en un motor para hacer caja después con los productos derivados.

En 2009, en la época dorada de Pocoyó, su entonces productora señalaba que solo en un mes sus vídeos se habían visto 30 millones de veces en YouTube, aunque eso no les generaba de forma directa ingresos.

Para ellos, la clave del éxito estaba en lo que venía asociado a ese tirón en la red de vídeos. "Para nosotros el ingreso no está en la réplica de las copias, sino en la venta de derivados", explicaba entonces su presidente. "Las televisiones pagan muy poco dinero por emitir las series", añadía. "Lo que estamos haciendo es potenciar la marca". Lo que les permitía hacer caja era el imperio de productos derivados que habían creado tras el éxito de su contenido en YouTube.

Algo similar ocurre con Masha y el oso. La serie se puede ver ahora en algunos mercados en televisión, pero su éxito empezó antes en YouTube, donde la descubrieron los niños. En la lista de lo más visto en 2017 en YouTube aparecía, de hecho, un capítulo de esta serie de dibujos. Por supuesto, Masha y el oso ya tienen su propia colección de juguetes y ya han protagonizado productos derivados en todo el mundo.