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Una de las implicaciones del nuevo escenario on line es el nacimiento del llamado el social business. El nombre de social lo entendemos todos, es quizás en el apellido en donde nos perdemos un poco. Porque a veces olvidamos que la palabra business está ligada sí o sí al concepto de rentabilidad. Es por eso que debemos cuidar los canales en los que invertimos, sea esta inversión en forma de recursos que elaboran contenidos, tiempo dedicado a gestionar comunidades o presupuestos destinados a espacios publicitarios. Si cualquiera de esas inversiones no tiene retorno, NO hablamos de social business si no de social activity.

Las redes sociales se convierten entonces en un canal más de negocio, en el que, al igual que en otros, debemos tener en cuenta que no todo vale. Para hacer un uso correcto y rentable no podemos olvidar que no todas las redes sociales son para todos ni para todo.

Así como no todos los usuarios utilizamos las mismas redes sociales ni lo hacemos para las mismas cosas, en el caso de las empresas debe ser igual. Se llame burbuja o no, es cierto que asistimos a una proliferación descontrolada de perfiles de marcas y organizaciones en redes sociales. Parece que es fundamental estar presentes en todas, y volcamos en la red todo tipo de contenido que sólo sirve para rellenar muros, posts o timelines.

Eso no sirve de nada. Cada red social tiene unas características que la convierten en el canal perfecto para algunas organizaciones y en una alternativa no interesante para otras. La clave está en entender que las redes sociales son un medio más, con su público, su lenguaje y su formato.  Este concepto de canal y target lo entendimos fácilmente en publicidad, incluso en medios de comunicación,... ¿Qué pasa entonces con las redes sociales? ¿No tienen aún una identidad propia que las diferencia y especializa? ¿O somos las empresas y usuarios los que no diferenciamos ecosistemas? Creo que más bien la segunda.

Lo que está claro es que tienen algo en común: son sociales. Un usuario puede utilizar dos redes sociales, y coincidir con otro muy distinto en una de ellas. Éste a su vez, puede enviar el contenido de la común a una tercera ajena a la primera y en donde el creador de contenido no ha publicado nunca. Ese trasvase de contenidos es la clave del social business y  una ventaja fundamental para las organizaciones: centrémonos entonces en las redes sociales que nos permitan  alcanzar nuestros objetivos y dejemos que la viralidad (que existe) venga por sí sola y sea un añadido. Porque al final ese es el valor de la actividad de una compañía en redes sociales: la democratización del contenido, que diferencia lo que tiene valor de lo que no, la publicidad buena de la mala, las ofertas buenas de las malas y las marcas buenas de las malas. 

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