PuroMarketing

Ahora que los consumidores se han acostumbrado a ellos, los marketeros están más abiertos a experimentar con el formato 

Hasta no hace mucho tiempo, cada vez que se hablaba de los códigos QR se acababa hablando de ellos como una historia de potencial y fracaso. Los códigos habían aparecido hace unos cuantos años y habían tenido un primer momento de parecer una de esas potenciales grandes innovaciones que lo van a cambiar todo. Tuvieron sus artículos y sus análisis de cómo emplearlos, cómo servían para dar servicios y cómo podían ofrecer nuevas herramientas para las compañías.

Después, se eclipsaron en una de esas conclusiones de lo que podía haber sido y no fue. Seguían ahí, ciertamente, y tenían usos en áreas muy concretas muy extendidos (no hay más que pensar, por ejemplo, en la última vez que se embarcó en un avión) pero no se habían integrado en la vida diaria de los consumidores. Hasta ahora.

Durante el verano, los códigos QR empezaron a aparecer por todas tardes. Florecieron como setas. En España, se salía del confinamiento y de las medidas que limitaban el movimiento y el consumo y se entraba en una realidad con nuevas costumbres y nuevas herramientas.

Era la España de la mascarilla, pero también la de los códigos QR en todas partes. Las medidas de seguridad y de higiene de los restaurantes les obligaron a eliminar las cartas físicas, pero la necesidad de seguir ofreciendo esa información llevó a que se refugiasen en los códigos QR.

Los usuarios aprendieron a emplearlos, hicieron evangelismo de los más jóvenes a los más mayores y empezaron a buscarlos ya cada vez que se sentaban en la mesa de un restaurante. A otros niveles, los códigos QR fueron adentrándose en otras áreas, como los pagos móviles. Tras años de haber sido vistos como con potencial y quedarse en nada, los códigos QR eran abrazados por los consumidores.

Se asocian a lo seguro y lo cómodo

Todo podría haberse quedado como algo temporal, como lo que se hizo en el verano en el que no había cartas en los restaurantes, pero el boom de los códigos QR no ha remitido. Los consumidores los han aceptado e incluso los han empezado a ver como algo positivo, algo que da seguridad en el mundo del coronavirus.

Un estudio británico de Outform acaba de concluir que los consumidores creen que los códigos QR mejoran la seguridad en las compras. Un 57% de los consumidores de entre 18 y 34 años creen que hacen las tiendas más seguras y un 40% de los mayores de 55 consideran que pueden aumentar la seguridad.

Un 57% se siente cómodo en términos de seguridad escaneando los códigos QR que las tiendas posicionan. El código QR ha dejado de ser algo misterioso y sobre el que poco se sabe o espera a estar asociado a las cosas 'buenas' que se esperan en estos tiempos. Es algo positivo, seguro y confortable, un elemento de valor.

Y ahora que el código QR se ha asentado de este modo, no solo las marcas y empresas les están prestando nuevamente mucha atención sino que también se encuentran con una potencial nueva herramienta de valor para su futuro inmediato. Se les han abierto nuevas puertas.

Más experimentos y más usos

Como apuntan en Digiday, los códigos QR se han convertido en la puerta a cualquier cosa, a todo lo que los marketeros puedan imaginar e integrar. De ser la herramienta que te daba la llave para ver la carta de un restaurante, ahora se está convirtiendo en una solución con una amplia variedad de usos y aplicaciones. Los marketeros, viendo a los consumidores usando en esos entornos estas herramientas, están mucho más abiertos a experimentar con el formato y a incorporarlo en sus estrategias.

Las posibilidades son múltiples. Como señalan en el medio británico, los marketeros están empezando a incorporarlos en el packaging, los elementos de display en retail o incluso en los anuncios en exteriores. Son escenarios, añadimos, en los que ya se había probado a jugar con los códigos QR en aquel primer momento de hype y que no habían cuajado (los consumidores, recordemos, no habían integrado la tecnología). Las experiencias pandémicas podrían hacer que ahora tengan una respuesta muy diferente.

Los consumidores siguen siendo reticentes a tocar muchas cosas y además son ahora mucho más receptivos a la tecnología. Se sienten más cómodos con los códigos QR. Por ello, el potencial es más elevado. Una marca que incluía un QR que llevaba a la página de ventas de sus productos de cosmética vio como sus ventas en la aparición en un matinal televisivo crecían en un 70%.

Las compañías DTC, por su parte, han empezado a poner códigos QR en sus diseños de packaging como vías para dar más información y personalizar la experiencia de un modo más eficiente. En algunos de esos casos, el código lleva a instrucciones de montaje o a vídeos. Y, como señala uno de sus marketeros, ahora llegan a un mercado en el que la barrera de adopción de los códigos QR ha desparecido.

En packaging, además, los QR ayudan a establecer un diseño más limpio. La marca no tiene que lanzar toda la información que quiere añadir en los laterales de la caja, sino que puede simplemente remitir a su web con un código.