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Las empresas y agencias de comunicación son perfectamente conscientes del daño que el ruido negativo en los medios sociales puede llegar a suponerlas, pero son ahora las aseguradoras las que empiezan a ver también un nicho de mercado en el negocio de la reputación social. En esta misma semana, Lockton, un broker de la City, acaba de lanzar un nuevo producto  que ofrece cubrir el “daño reputacional” cuando “la causa de la pérdida es la cobertura negativa en medios tradicionales y redes sociales que supongan una pérdida de ingresos o ventas”.

Según Lockton, su póliza de “riesgos intangibles”, puede cubrir el daño reputacional derivado de un número de acontecimientos, incluyéndose “pérdidas de datos, incumplimientos de la legislación laboral y daños medioambientales, comportamientos de personas clave, pérdidas de certificaciones y/o acreditaciones, problemas de seguridad o calidad en un producto, o cualquier otro tipo de riesgos acordados con el asegurador”.

Nuestras hemerotecas están llenas de ejemplos de este tipo de problemas que desembocaron en daños reputacionales en los medios sociales. Así, dentro de los comportamientos de personas claves, tenemos los ejemplos recientes de los dopajes de famosos deportistas, como Lance Armstrong, afectando a Nike y Livestrong, o el de Tiger Woods para Accenture y también Nike, por citar tan sólo algunos. Y en el caso de pérdida o robo de datos, es posible que nos acordemos de la brecha de seguridad en la cadena de librerías Barnes & Noble que dejó al descubierto información sobre tarjetas de crédito de sus clientes.

La póliza de Lockton cubre también otros riesgos intangibles, como las disputas sobre la propiedad intelectual que impiden a una empresa la venta de determinados productos, o los fallos en la redes derivados de ciberataques y errores, tanto servicios en la nube, propietarios o externalizados, interrupción de la cadena de suministro, así como trastornos derivados de nacionalizaciones o acontecimientos políticos.