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Cada vez son más los anuncios que tienen mensajes que trascienden más allá de la simple idea de vender el producto, cada vez son más las marcas que tienen en su imagen y en sus mensajes criterios vinculados a la defensa de algún principio o de alguna causa y cada vez más son las compañías que se comprometen de forma visible con algo. Todo esto ocurre, por supuesto, porque cada vez son más los consumidores que toman decisiones de consumo partiendo de estas cuestiones. Cada vez más, lo que compramos es lo que sentimos que encaja con lo que nos interesa y con lo que defendemos.

Los cambios demográficos (la llegada primero de los millennials y luego la de la Generación Z) y también el contexto en el que marcas y consumidores tienen que moverse han hecho que las causas y los principios se conviertan en un elemento relevante. Los consumidores quieren marcas más implicadas y consumen aquellas que se alinean con cómo ven el mundo y con cómo creen que deberían ser las cosas.

Algunos temas, como el respeto al medioambiente, se han convertido de hecho en ya casi en un mínimo común denominador para las compañías, como demuestran las campañas para reducir el plástico y cómo las empresas lo están convirtiendo en un elemento crucial en su comunicación, en su estrategia de posicionamiento o en su packaging.

Los estudios demuestran además este cambio. Los consumidores están preocupados por el impacto de la contaminación y con futuro del planeta, lo que impacta en cómo ven a las empresas y en cómo toma decisiones de consumo.

Un estudio británico, elaborado por Kin and Co, acaba de señalar que el 60% de los consumidores considera que la responsabilidad en luchar contra el cambio climático reposa en los CEOs de las empresas. Esto es, creen que las compañías deberían hacer más para luchar contra esa cuestión y también que esa lucha tiene que estar liderada e incentivada por el máximo responsable de la compañía.

Un 59% de los encuestados considera que sus marcas favoritas tendrían que trabajar en este terreno y declarar una emergencia en cuestiones de clima.

Cambiar de marca por otra más respetuosa

A eso se suman otros números que señalan cómo impacta este tema en su percepción de las cosas. El 13% de los millennials, por ejemplo, y a pesar de ser una generación que se hizo adulta con el miedo y la tensión a quedarse sin empleo, reconoce que consideraría dejar la empresa para la que trabaja si esta no hace lo suficiente en este tema.

Un 36% de los consumidores asegura, además, que ha cambiado ya las marcas que consume por otras que son más sostenibles. Un 49% de las consumidoras y un 37% de los consumidores están pensando en hacerlo, en cambiar una marca por otra con menos impacto en el medioambiente.

El poder de los adolescentes

Además, la cuestión medioambiental se ha convertido en uno de los temas que más preocupan a los consumidores más jóvenes (como demuestran las manifestaciones y las huelgas que han organizado), algo que podría tener un impacto mayor de forma indirecta. Esto ocurre porque los adolescentes se han convertido no solo en prescriptores de marcas para sus padres sino también en porteros que limitan a otras. Los adolescentes tienen un papel relevante en los boicots a marcas que hacen sus familias.

Otro estudio, también británico, apunta que los adolescentes están muy informados y que hablan de actualidad con sus familias. Un 67% de los adolescentes ve, lee o escucha las noticias cada día (un 38% varias veces al día) y un 55% de los padres no solo habla de actualidad con sus hijos sino que además se deja influir por lo que estos creen.

Esto supone no solo cambiar su visión sobre ciertos temas, sino también su percepción de las marcas. Un 62% de los padres reconoce que ha probado nuevas marcas por recomendación de sus hijos adolescentes y un 39% que ha hecho boicots a algunas influidos por ellos.