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Desde nuevos billetes a nuevos logos, estos son algunos de los hitos del diseño moderno 
Pioneros del diseño: así empezó el diseño moderno de marcas y productos en España 

El diseño es una parte muy importante de cómo vemos el mundo y cómo nos sentimos en relación a él. La modernidad - o la percepción que tenemos de ella - está muy conectada con la imagen gráfica que vemos en marcas, anuncios y demás elementos.

Por ejemplo, en la España de los años 20, estaba muy vinculada a las imágenes de mujeres modernas y nuevas prácticas sociales que aparecían en las ilustraciones de Federico Ribas o Rafael Penagos, que fueron los pioneros de la publicidad en España. Ribas era, por ejemplo, el ilustrador mejor pagado de su época. Las imágenes públicas de compañías como las de los chocolates Amatller o la perfumería Gal eran la muestra más visible de lo que era ser moderno.

El diseño ha estado, en los años 20 y antes y después de ese período, muy conectado con las empresas y con su posición en el mercado. Una iniciativa de Citroën - conectada con el lanzamiento de uno de sus coches y por tanto eficiente acción de marketing de contenidos - acaba de recuperar la historia del diseño español.

El Museo del Confort, que es "el primer museo en una cuenta de Instagram", recupera algunos de los hitos del diseño español de producto.

Son muy populares, muy reconocidos, con imágenes de marca muy potentes y con un impacto muy elevado en la vida de los consumidores. Son desde el Chupa-Chups a la Minipimer pasando por los interruptores Simon de la luz.

Estos diseños han ido apareciendo en diferentes décadas y en distintos momentos, aunque bien es cierto que, cuando se piensa en la llegada de la modernidad a marcas y productos en España (al menos la modernidad que ahora vivimos como tal), se piensa en los años 80 y 90.

La dictadura franquista y la España de su momento está asociada a un diseño gris y poco creativo. El fin del régimen y la llegada de la democracia volvió a llevar a España de vuelta al mundo moderno y, en ese cambio, se hizo un ejercicio de trabajo en diseño.

Del logo de la ONCE al teléfono Domo

Alberto Corazón, que acaba de fallecer, tuvo una trayectoria en el mundo del arte, donde fue artista conceptual en los años 70, antes de volver a su profesión como diseñador gráfico. Fue en ese terreno donde se convirtió en uno de los responsables de unas cuantas imágenes de marca que se asocian a la España moderna.

Corazón hizo logos, diseño de productos e identidades corporativas. Como explican en su obituario en El País, hacía una especie de trabajo de antropólogo a la hora de investigar la esencia de la compañía a la que iba a dotar de logo, para conocer bien su esencia y resumirla en un signo.

Entre los diseños de logos más emblemáticos de Alberto Corazón están, por ejemplo, el de la ONCE, el de Mapfre, el de Paradores Nacionales, el de Casa del Libro o el de Ducados. También es el responsable de los de Feve o la red de Cercanías. Su trabajo para las empresas también incluyó productos específicos. Así, por ejemplo, fue el responsable del diseño del cupón de la ONCE o del muy popular teléfono Domo de Telefónica. Los Domo eran los teléfonos de botones ubicuos en las casas españolas durante los 90.

El Domo, como explican en la web de la Fundación Telefónica, se distribuía en tres colores (podía ser blanco, negro o azul) y tenía un característico auricular curvado. Era la respuesta al declive del teléfono tradicional por el boom de los inalámbricos: Telefónica, señalan, sabía que para que cuajase entre el público tenía que ser "un objeto funcional y decorativo".

En su primer lanzamiento, Telefónica fabricó 9 millones de unidades del terminal. Luego se convirtió en el primer teléfono más o menos inteligentes que llegaba en masa a los hogares. A finales de la década identificaba llamadas, memorizaba números y permitía conversaciones a tres.

El trabajo de Corazón en los años 80 y 90 estuvo muy vinculado, por tanto, con lo que podría ser una suerte de rediseño de España. Aun así, el creador que más se vincula a este proceso y que está asociado a más logos e identidades visuales de la imagen moderna española es Cruz Novillo, como se explica en el documental El hombre que diseñó España.

El trabajo de Cruz Novillo

La carrera de Cruz Novillo empezó en los años 60, cuando llegó a Madrid y, recién llegado del pueblo, fue enviado a Nueva York para hacer un encargo. "Equivalió a una beca, a una carrera completa", explica ante la cámara el diseñador. Era el momento de auge de la industria publicitaria neoyorkina - sí, la era de Mad Men - y Cruz Novillo se empapó de esa modernidad, que trajo en su vuelta a España.

En esos años 60 y 70, rompió con lo que se hacía en publicidad y diseño de imágenes conectadas con la idea de la ilustración y la pintura para empezar a hacer elementos más geométricos y limpios. Con el fin de la dictadura, también cambió el panorama de diseño. Había no solo margen para la creatividad - que antes no había - sino que además empezaron a necesitarse muchas marcas e imágenes nuevas. Con la llegada de los socialistas al poder a principios de los 80, se produjo una eclosión del diseño. Hubo que hacer marcas y crear logos para todo, apuntan en el documental. Eran las imágenes de la nueva España.

Cruz Novillo hizo de todo en aquellos años. Hizo diseño de marca político (suyo es el logo del PSOE, pero también hizo campañas de otros partidos, como UDC), de administraciones públicas (como por ejemplo la bandera de la Comunidad de Madrid o la identidad de marca de la Policía Nacional, que había pasado del gris al marrón y que Cruz Novillo llevó al azul que ahora conocemos) o de empresas privadas.

Suyos son los logos de Renfe o la imagen corporativa que tenía Correos hasta su última actualización. También diseñó las pesetas: suyos fueron los billetes que protagonizaban diferentes escritores y que son recordados con cierta nostalgia por no pocos ciudadanos.

Sus diseños se han convertido en cierto grado en icónicos y lo hicieron posiblemente por la filosofía detrás de su trabajo. No los hacía esclavos de la moda o de la tendencia del momento. Con ello, los ha convertido en más atemporales.