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Quizá hayas caído en este artículo gracias a una arquitectura endeble de Google que, intentando ser el Cicerone ideal en tu búsqueda, te ha conducido hasta esta página. Tal vez, por el título del post, anhelabas encontrar un bálsamo digital de Fierabrás que aumente tus ventas, o un tip filosofal que en contacto con tus clientes se conviertan en desatadas Paris Hilton dispuestas a gastar el último de los céntimos. Incluso, con suerte, hallar un consejo Jedi infalible, en modo webinar o ebook gratutito, para lanzarlo en tu negocio y echarte a dormir.

Pues siento decirte que no. Este es un artículo de desahogo. Probé realizar la catarsis en Twitter con: "Cuanto más leo a los gurús, #influencers y prescriptores del Social Media #Marketing, más me gustan Mortadelo y Filemón." Pero no me ha parecido suficiente, así que saltaré la barrera de los 140 carácteres. No pretendo dar una guía de instrucciones respecto a los gurús del Social Media, más bien una exposición a vuela pluma de mi experiencia lectora en sus sitios. Es más, si impusiese reglas, adoptaría ese estilo petulante, taxativo y perdonavidas del gurú.

A fuerza de hallármelos en el camino, he desarrollado mi propia guía para detectarlos. Una vez identificados, saco la ristra de ajos, y a huir. Aquí van mis percepciones. Las titularé al estilo gurú:

¡7 guías imprescindibles para evitar cenizos, y convertir tu vida en un paraíso rodeado de palmeras, daiquiris y beautiful people!

  1. El gurú se denomina a sí mismo como tal. Contraviene principios de física, moral y ética, para erigirse en tu maestro, aunque tú no lo hayas pedido. Humildad y escepticismo científico son términos que no caben en su abigarrado diccionario de la Real Academia del Klout.
  2. El gurú capta tu atención con infalibles consejos. El hecho de embelesarte es una de sus elogiables virtudes, pero generalmente, esas advertencias esconden obviedades aprendidas en la cuna, y no al albur de una investigación metodológica sin mácula y verificable. Vamos, que meterse entre pecho y espalda un post de un influencer para que te diga "trata bien al cliente", "adopta una postura adecuada", o "lávate las manos antes de comer", no enriquece mi experiencia de usuario. Lo dramático es que suelen dirigirse a inexpertos emprendedores cuyo nivel de entusiasmo no ha sido nivelado pertinentemente con su capacidad para detectar trileros.
  3. El gurú presenta (y obliga a su audiencia a presentar) desbordantes niveles de serotonina. Vale, está bien la sonrisa vital y cierta actitud desenfadada en los negocios, pero convertir el marketing digital en un patio de recreo es un error capital. ¿Quién dijo que el trabajo era una fiesta? Probablemente los que nos han llevado a donde estamos.
  4. El gurú adora la creación de nuevos términos. Ese juego que todos practicamos, ebrios, sobrios, delante de una pantalla o en el excusado, para el gurú es su gran contribución al desbarre digital. Cual zoólogo descubriendo una especie extraña, el gurú crea una palabra, sucesión de las mismas, o acrónimo, para nombrar lo que tú, y la humanidad entera, ya conocéis desde hace tiempo.
  5. El gurú es narcisista. Su ego crece a golpe de tuit. Su autoridad es incontestable. Lo mismo le indican que va sin frenos, camino de despeñarse por un barranco, que no oirá esas voces. Está muy preocupado en oír su propio eco.
  6. El gurú embruja a los jóvenes. La bisoñez de los novatos en la escena económica reclama la atención del gurú, que ejercerá un notable influjo sobre estas miríadas de chavales ávidos de conquistar el mundo. Tal es el sortilegio, que convertirse en gurú, así, sin más, aparece como una meta laboral en el horizonte de algunos de estos jóvenes.
  7. El gurú se aleja del ámbito académico. Está en íntima relación con el anterior, con recién titulados hastiados de densos volúmenes universitarios, y con otra generación algo mayor deshabituada a extensas teorías. No sólo prima en ocasiones para el gurú la ausencia de esquemas conceptuales, sino, y esto es peor, cae en la chabacanería del lenguaje. Para ser cercano y crear empatía no es menester usar groserías sin gracia

Probablemente, tú dispondrás de otras pistas que te alejarán del "humo de gran calidad". Por otra parte, no pretendo minusvalorar el ejercicio responsable y coherente de muchos influencers que, en mi opinión, si aportan valor añadido, investigando, "toqueteando" herramientas, desarrollando contenido clave. Y opinando. La reflexión personal, siempre que no se convierta en axioma inquebrantable que ha de seguir el lector, es enriquecedora y necesaria.

A diferencia del gurú, que lo impone como dogma. Y en libertad, que cada cual elija sus favoritos.

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