Por Redacción - 13 Enero 2026
Según los datos más recientes de EMARKETER para el inicio de 2026, el gasto en publicidad en redes sociales sigue una trayectoria ascendente, proyectándose para alcanzar cifras históricas que superan los 276 mil millones de dólares a nivel global. Esta cifra no es solo un indicador financiero, sino el reflejo de una realidad donde el usuario promedio interactúa con casi siete redes sociales distintas cada mes, dedicando una parte significativa de su jornada a consumir contenidos que van desde el entretenimiento puro hasta la investigación de productos antes de una compra.
La sofisticación de estas plataformas ha transformado el rol de los especialistas, quienes ahora deben equilibrar la precisión técnica de la inteligencia artificial con la calidez del contenido generado por usuarios. Las investigaciones actuales destacan que, aunque la automatización ha optimizado la gestión de campañas en un 40%, existe un consenso creciente sobre el valor de la autenticidad humana. Las marcas que logran destacar son aquellas que abandonan la perfección estética de los estudios de grabación para abrazar narrativas más crudas y honestas, integrando a microinfluencers y creadores que actúan como puentes de confianza con una audiencia cada vez más escéptica ante los anuncios tradicionales.
El vídeo de formato corto se mantiene como el lenguaje dominante, pero su ejecución ha evolucionado hacia una búsqueda de utilidad inmediata.
En 2025, observamos cómo plataformas como TikTok comenzaron a desafiar directamente a los buscadores convencionales, con casi una cuarta parte de los consumidores prefiriendo realizar sus consultas en redes sociales en lugar de Google. Este cambio de comportamiento obliga a las empresas a repensar su presencia digital, tratando cada publicación no solo como un impacto visual, sino como una pieza de información optimizada para el descubrimiento orgánico y la resolución de dudas en tiempo real.
Al mirar hacia el futuro cercano de 2026, la convergencia entre el entretenimiento y el comercio se vuelve indiscutible. El comercio social ha dejado de ser una promesa para convertirse en un motor de ventas directo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, donde el 73% de los compradores de la Generación Z utiliza estas plataformas como su principal fuente de información comercial. La integración de sistemas de pago más fluidos y la madurez de las tiendas dentro de las aplicaciones sugieren que el viaje del consumidor es ahora un ciclo continuo que ocurre sin salir del ecosistema social, reforzando la necesidad de que las marcas mantengan una presencia activa, coherente y, sobre todo, profundamente humana.
La gestión del contenido en este nuevo año también se enfrenta al reto de la fatiga publicitaria, lo que ha impulsado a los líderes de marketing a diversificar sus inversiones hacia canales que ofrezcan una conexión más íntima y menos intrusiva. La clave del éxito actual reside en la capacidad de las organizaciones para interpretar los datos no solo como métricas de rendimiento, sino como señales psicográficas que permiten entender las motivaciones profundas de su comunidad. En este sentido, la lealtad se construye mediante la participación activa en las conversaciones y la capacidad de las marcas para aportar valor genuino en un espacio saturado de información.












