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Las empresas han asumido en los últimos meses que tienen que incorporar a los influencers a su estrategia de marketing. A pesar de todos los problemas que presentan los influencers, como seguidores falsos, engagement cuestionable o la dificultad de separar a los buenos influencers de los que son en realidad poco interesantes o falsos, el marketing con influencers no ha parado de crecer y crecer y la inversión que las empresas realizan en ello es cada vez más elevada.

Además, cada vez aparecen casi más influencers para cada vez más mercados. La aparición de los cleanfluencers, influencers que limpian en sus perfiles y que se convierten en embajadores de productos de limpieza, no es más que una muestra sobre cómo el mercado no para de llegar a cada vez más y más escenarios. Pero ¿pueden los influencers cruzar todavía más fronteras y pueden integrarse en más escenarios de marketing? ¿Pueden ser la próxima llave del marketing político?

Internet se ha convertido en uno de los elementos clave en el posicionamiento de los partidos políticos y de sus campañas en los últimos tiempos. De hecho, solo hay que analizar cómo se está preparando la campaña de las elecciones generales para comprender cómo las redes sociales, las fuentes de información online (incluidas aquellas más borrosas y menos fiables) y los hypes de conversación en la red impactan en la estrategia de marketing político. Lo que ocurre en la red tiene cada vez un impacto mayor en lo que se comenta fuera de ellas.

Y ¿están los partidos políticos, los grupos de presión y todos sus afines buscando también incorporar a los influencers en el marketing político? El efecto que un mensaje de un nombre popular tiene en la campaña política es muy importante.

Quizás el mejor ejemplo sea el "efecto Taylor Swift". Una vez que la cantante, muy popular en redes sociales y muy influyente en cierta demografía, se pronunció sobre las elecciones estadounidenses en redes sociales e invitó a votar, las inscripciones en el censo de votantes despuntaron de forma tangible. Los responsables del censo constataron en cifras que el número de altas había subido. Swift, aunque decía claramente por quién iba a votar y las razones por las que lo hacía, pedía a sus seguidores que "se educaran" y que analizaran bien las opciones de los partidos políticos.

Pero la cantante hablaba por ella misma y lo hacía de un modo muy transparente, ¿qué ocurre cuando los mensajes políticos de los influencers son simplemente una campaña más de marketing con influencers, con todos los problemas y todos los elementos cuestionables que se puede añadir a eso?

La respuesta ahí sería mucho más cuestionable e invitaría a un debate en profundidad no solo sobre ética sino también sobre ramificaciones legales.

Campañas políticas con influencers

Y aunque pueda parecer algo a futuro lo cierto es que ya está ocurriendo. Los influencers ya son cortejados para hacer campañas de marketing político y de generación de estados de opinión en este terreno. Una agencia ha estado, de hecho, durante el mes de abril captando influencers para una campaña con el hashtag #DemasiadoMaduro, para hacer una campaña de opinión sobre Venezuela, como publica El Confidencial, que ha tenido acceso a uno de los mails que la agencia responsable ha mandado a los influencers contactados.

"No tendri?as que mencionar ni a Venezuela ni nada relacionado con poli?tica, queremos quitarle hierro al asunto dotando los tuits de normalidad utilizando objetos cotidianos y dejando entrever que ya ha llegado el momento de 'jubilarlos'", escriben, pidiendo un presupuesto para la publicación.

La agencia detrás de la campaña, DeQuéBuzz, no ha querido hacer declaraciones al medio online sobre la campaña. Su perfil en Twitter es privado, así que no se puede saber a menos que se les siga si han mencionado este tema. En su web no hay ninguna mención.

Lo que dice la ley

La Ley Orgánica del Régimen Electoral General no habla directamente de redes sociales en sus contenidos, aunque sí permite emplear el "envío de propaganda electoral por medios electrónicos o sistemas de mensajería y la contratación de propaganda electoral en redes sociales o medios equivalentes" (que son lo que aparece en uno de los puntos en los que se señala que no serán considerados comunicación comercial).

Eso sí, la ley deja claro que hay que marcar esos contenidos como publicidad. "Las actividades divulgativas anteriormente referidas identificarán de modo destacado su naturaleza electoral", apunta el punto cuatro del artículo 58 bis. Por tanto, cualquier campaña con influencers debería venir plenamente marcada como propaganda electoral, al menos cuando se vincule a una campaña electoral.

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