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Las capacidades de los dispositivos son cada vez más elevadas y con ello se abren nuevas puertas 
Smart TVs y televisiones inteligentes se han convertido en la última fuente de datos sobre los consumidores

Puede que sea más completa y de más calidad, puede que tenga unas capacidades de inteligencia más limitadas: lo que está claro es que las televisiones inteligentes, las smart TVs, son cada vez más habituales y están cada vez más presentes en el día a día de los consumidores.

El hecho de que el consumo de televisión lineal haya caído y que haya aumentado el de visionados de contenidos por streaming y bajo demanda ha hecho, además, que esos dispositivos sean todavía más atractivos, ya que dan un acceso directo a las apps de los servicios. La caída de precios de las smart TVs ha acabado de hacer el trabajo: ahora mismo tienen precios lo suficientemente competitivos como para que los consumidores se acaben haciendo con una.

Pero ¿tienen las smart TVs un lado menos brillante? ¿Están abriendo un nuevo territorio en datos y en acceso a la información? Los análisis apuntan que sí, concluyendo que las televisiones inteligentes están ya 'espiando' a sus usuarios.

El objetivo final de este seguimiento de lo que ven en sus pantallas implica conocerlos mucho mejor. Se puede personalizar más el servicio, pero también, como apuntan en un análisis en The Washington Post, se abre la puerta a una nueva frontera en la publicidad y en su segmentado.

Como explican en el análisis del Post, la caída de los precios de las televisiones inteligentes se explica por esta razón. Los precios son más bajos, porque los fabricantes de las smart TVs han encontrado una nueva manera de hacer caja con ellas.

La recopilación de datos se mueve en un terreno, eso sí, un tanto pantanoso (y vaya por delante que el análisis del Post parte del mercado estadounidense y que en el europeo, con la ley de protección de datos mediante, todo sería mucho más complejo). Como señalan en el análisis, la televisión está sometida a una ley estadounidense de los 80 que garantiza la privacidad, pero que en este espacio se está saltando con el argumento de que la tele la ve la unidad familiar (por tanto no es un uso privado). En Europa, recordemos, que la normativa de protección de datos europea obliga a pedir consentimiento previo.

Qué miden las televisiones

El analista del Post hizo un estudio en primera persona, empleando una herramienta que medía la información que su smart TV recopilaba. Los avisos de trackeado se registraron cuando estaba viendo contenidos en apps de streaming - como se esperaba - pero también cuando estaba viendo emisiones de televisión lineal. No solo las aplicaciones de los servicios de VoD recogían datos de uso, también la propia televisión lo hacía.

Básicamente, cada cierto tiempo, la televisión inteligente manda información sobre qué hay en la pantalla al fabricante del televisor, explica. Como apunta el analista, lo que está en la pantalla de la tele no es información sensible como datos bancarios, pero sí da una visión realista de cuáles son tus intereses, tu rasgos de personalidad y hasta de aquellas cosas que ves pero no quieres que realmente se sepa (los llamados guilty pleasures).

Los datos, como le explicaron desde algunas de las empresas que compran ese tipo de información, ayudan luego a diseñar anuncios que funcionan mejor y a medir mejor resultados. Pero, además, los datos de la tele perfilan mejor las audiencias porque se cruzan con otras fuentes de información y permiten perfilar de forma real qué es lo que te interesa. Esto ocurre, añaden, porque las televisiones no son ya tanto 'la caja tonta' como pequeños ordenadores.

Un estudio previo

El análisis del Post no es el primero que aborda cómo las teles inteligentes se han convertido en una nueva fuente de datos. En septiembre de 2019, el Financial Times ya recogía las conclusiones de un estudio de Northeastern University y del Imperial College London que apuntaba como ciertas smart TVs y ciertos dispositivos para streaming, como el Fire TV de Amazon, estaban recopilando datos y usándolos como material para comprender a los espectadores.

De hecho, los investigadores apuntaban que los datos se vendían a anunciantes third-party (incluyendo Google) y a compañías como Netflix (tuvieses o no una cuenta con ellos). El estudio se había hecho con 81 dispositivos en Estados Unidos y en Reino Unido, que entonces era todavía miembro de la UE y estaba bajo las leyes comunitarias.

Los responsables concluyeron que los terceros que reciben información partiendo de las smart TVs y de los stickers de streaming accedían a información sobre qué dispositivos se emplean, dónde están localizados e incluso, estimaban, quizás con qué estaba el espectador interactuando. Algunas compañías, como Netflix, puntualizaron al FT los datos, señalando que los datos que recibían solo se usaban para medir resultados de Netflix y ver como funcionaba en pantalla.