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Durante este último año, mucho se ha hablado de la proliferación de internet y las redes sociales. Recientemente Facebook celebraba el hito de superar los 500 millones de usuarios en todo el mundo y los datos de algunos informes ponían de manifiesto como Internet sigue pisando el acelerador aumento su inversión publicitaria a nivel mundial.

Sin embargo, al margen del "boom" tecnológico de la comunicación y de las relaciones sociales a través de la internet, sigue existiendo un habitat natural para todo ser humano. Un mundo real donde además conviven otros tantos millones o más de potenciales consumidores que aunque pueda parecer impensable, siguen coexistiendo fuera de las leyes de internet y las redes sociales.

Aunque las cifras hablen por sí solas y sea más que evidente que cada vez, más gente se conecta y dedica más tiempo a internet,  todavía son muchos los que por desconocimiento, modo de vida, ocupación u otros aspectos determinantes, siguen atendiendo a los perfiles de consumidores tradicionales de antaño, que no han descubierto la tecnología o la consideran simplemente como algo distante o fuera de sus capacidades.

Llegado a este punto, entenderemos que a pesar de las prestaciones y ventajas que este tipo de canales y medios pueden aportar sobre todo a la hora de desarrollar estrategias y acciones de marketing y publicidad online, no son suficientes ni efectivas para conquistar a ese otro mundo de consumidores y potenciales clientes, y como consecuencia de ello, es aquí donde realmente comprenderemos la necesidad y efectividad del resto de soportes y medios convencionales.

A pesar de la tendencia actual hacia las redes sociales a veces convertida en moda, los consumidores en la vida real siguen viendo la televisión, escuchando la radio y prestando atención a las promociones y anuncios de catálogos y vallas exteriores. Y por ello, no se puede generalizar ni afirmar que sin las nuevas herramienta sociales las empresas y marcas no puedan alcanzar sus objetivos comerciales.

No obstante, todo ello puede depender del tipo de producto, servicio o del perfil o target definido al que responde cada tipo de consumidor y en función de sus propios hábitos y capacidades. 

De esta forma, generalmente podríamos afirmar que los consumidores más jóvenes son los que tienden a exprimir mucho más el tiempo que dedican a internet y las redes sociales, mientras que por ejemplo los grupos de mujeres con edades superiores a los 45 años, con obligaciones de hogar y hábitos tradicionales suelen ser más receptivas y prestar más atención a los soportes y medios convencionales.

La publicidad y estrategias de marketing online sin duda han mantenido sus expectaciones y crecimiento debido a sus propias características, ventajas y prestaciones que ahora además permiten generar vínculos más cercanos con los consumidores.

Pero recurriendo a los números y datos reales, resultará fácil entender que a pesar de los 500 millones de usuarios alcanzados por Facebook y los 1.800 millones de usuarios de internet a nivel global, estas cifras quedan distantes de los más de 6.700 millones de la población activa a nivel mundial y de los cuales al menos un 60% pueden ser considerados como potenciales clientes y consumidores a los que sólo podemos acceder o conquistar a través de los soportes publicitarios tradicionales.