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    A pesar de que los libros y materiales audiovisuales sobre el tema proliferan por doquier, nuestra sociedad sigue despreciando de forma oficial la importancia capital del pensamiento positivo como motor impulsor de nuestras vidas tanto a nivel personal como organizacional. El pensamiento positivo no se estudia en la escuela primaria (en la que de hecho predominan los mensajes negativos) ni en la secundaria, y ni siquiera a nivel universitario en carreras tan íntimamente ligadas a este fundamental concepto como la psicología tiene el pensamiento positivo actualmente cabida como asignatura. No nos quepa duda de que pagamos un muy alto precio por ello.

    A día de hoy, tenemos suficientes evidencias para afirmar con total certeza que sin una aplicación constante y decidida de sus principios y prácticas son prácticamente nulas las posibilidades de que desarrollemos nuestro potencial y alcancemos nuestros objetivos tanto en el mundo físico como en el virtual. Y específicamente en el marketing, las organizaciones y empresas que se dejan dominar por el miedo y no se alinean con una filosofía positiva son las primeras en ser superadas por sus competidores y quedar atrás en la cuneta, entre otras razones porque no se atreven a invertir precisamente en marketing, formación, innovación y otras partidas clave y cultivan un clima de desconfianza y derrotismo. Y ese clima entre otros ha sido una de las grandes razones promotoras y a su vez consecuencias indeseables de la crisis.

    ¿Por qué sabemos que el pensamiento positivo funciona? Ante todo, porque existen pruebas irrefutables fruto de la investigación y la experimentación llevadas a cabo con rigor científico que demuestran cómo el optimismo impulsa y espolea a la acción y es una mejor táctica en el cien por cien de los casos. Mientras los pesimistas siguen debatiendo si sus metas son alcanzables o no, los optimistas ya estamos haciendo algo al respecto para conseguir las nuestras. Esa es la gran y fundamental diferencia. Por eso una actitud positiva es siempre un excelente punto de partida y condición absolutamente necesaria para el éxito de cualquier plan de marketing personal o de empresa en las redes y medios sociales. El hecho de que exista un plan ya apunta a la creencia positiva en la posibilidad de su éxito, una creencia que se verá sin duda reforzada por la consideración de ejemplos exitosos en nuestros campos específicos de acción. Por eso precisamente el llamado ‘role-modeling’ o la imitación y estudio cuidadoso de ejemplos y casos de éxito es una de las armas más poderosas en nuestro arsenal ‘positivo’.

    La historia de lo que podríamos denominar como ‘psicología positiva’ tiene un origen sorprendentemente nada comercial y sí profundamente espiritual. Fue el místico norteamericano Charles Fillmore el que primero utilizó el término a finales del siglo XIX. Sin embargo, el considerado padre del ‘positive thinking’ fue el reverendo Norman Vincent Peale, quien publicó su opus magnum ‘The Power of Positive Thinking’ (traducido al castellano como ‘El Poder del Pensamiento Tenaz’) que se convertiría en un best-seller internacional y gozaría de una enorme influencia en la cultura popular y norteamericana y progresivamente en la del mundo entero. Desde entonces, son múltiples los estudios que avalan algunas de las tesis más importantes de Peale y su aplicación al mundo de los negocios y al marketing se halla cada vez más extendida.

    La experiencia demuestra una y otra vez que el pensamiento positivo es uno de los mejores aliados de toda marca en la Web 2.0. En muchas ocasiones, los profesionales comprobamos de primera mano que la formulación de objetivos, la asignación de recursos, la superación de las inevitables dificultades y escollos y el éxito final de cada proyecto depende intrínsecamente del nivel de positivismo que los mismos generan y que posean tanto aquellos que lo implementan como las personas y empresas que finalmente se benefician de ellos. El pensamiento positivo es como nuestra higiene corporal: necesitamos dosis diarias de motivación, sabiendo como sabemos que la positividad atrae positividad y que lo mismo ocurre con la negatividad. Cuenta con un poderoso aliado en nuestra intuición, esa facultad que nos va guiando a las mejores situaciones y contactos en nuestras vidas y que nos ahorra múltiples batacazos.

    El pensamiento positivo no es en sí mismo garantía de éxito de un plan de marketing. Es necesario sin duda contar con la experiencia, la profesionalidad, la dedicación y los conocimientos necesarios para llevar a buen puerto toda iniciativa de marketing que se precie. Por eso animo a aquellos que empiezan en nuestra profesión a no ‘experimentar’ con sus clientes en la medida de lo posible, sino a formarse a conciencia y a aprender de profesionales con casos de éxito contrastados. Esto ni mucho menos debe suponer un freno a una constante innovación de modelos y prácticas: ese es precisamente uno de los mejores frutos del pensamiento positivo, el creer que podemos mejorar y aportar algo nuevo. El 2014 puede y debe ser un año positivo para el 2.0 en España y Latinoamérica: seamos tenaces y constantes en nuestra determinación y nuestro optimismo para que así sea.

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