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    Las cadenas de comida rápida se han enfrentado en los últimos años a una avalancha de críticas basadas en estudios y comparativas sobre el efecto que sus productos tienen en la salud. A medida que la obesidad se ha ido convirtiendo en un problema mucho más recurrente, especialmente entre grupos sensibles como es el caso de los niños, el papel de estas cadenas se fue poniendo más en tela de juicio y se fue analizando -y criticando - más sus productos. Pero lo cierto es que los consumidores y los estudios no solo critican lo que venden, sino también el cómo lo hacen. Sus anuncios tienen un impacto directo en cómo consumimos y en nuestra dieta, especialmente entre los niños.

    Un estudio acaba de señalar ahora que el impacto que tienen los anuncios de comida basura no están solo ligados a la propia marca anunciante, sino a los hábitos en general de comida de los niños y adolescentes que los ven. Así, los contenidos publicitarios de comida basura hacen que coman el equivalente al menos a una hamburguesa a mayores durante la semana. Los anuncios de comida basura hacen que directamente se coma más y se suban unas 270 calorías innecesarias a la dieta.

    El dato resulta más interesante si se compara con el histórico de obesidad infantil y cómo ha cambiado la salud en esa franja de edad a lo largo de los últimos años. Partiendo de los datos británicos sobre la cuestión (el estudio llega de Reino Unido, elaborado por Cancer Research UK y por la Universidad de Stirling), los niños dejan ahora la enseñanza primaria con una mayor probabilidad de tener sobrepeso. Uno de cada cinco niños tiene problemas de exceso de peso al acabar esa parte de educación, una cifra que es un 14% superior a la cantidad que lo tenían hace una década.

    Además, también se ha establecido un paralelismo entre la cantidad de contenidos que se ven en televisión y los resultados en peso. Los niños obesos ven de media unos 45 minutos más de televisión que los que tienen un peso saludable. Esto hace no solo que sean más sedentarios, sino que estén más expuestos a los anuncios de comida basura.

    Aunque estén prohibidos en horario infantil, sí aparecen en horarios con contenidos familiares y por tanto están expuestos a este tipo de mensajes. Dado que ven mucha más tele, ven muchos más anuncios y la situación no se mejora. La situación no es solo algo que se vea en Reino Unido. Un estudio de la Universidad de Granada también señalaba hace unos años que los niños están demasiado expuestos a la publicidad de comida basura en la tele española y que la presencia de este tipo de mensajes ha ido en aumento durante el período que analizaron.

    De hecho, el estudio señaló que simplemente con reducir el tiempo de exposición se limitaba el impacto. La frontera está en los 6 anuncios. Los niños que ven 6 anuncios no comen calorías extra a la semana, mientras que los que ya ven 7 sí lo hacen.

    Otros estudios

    Lo cierto es que este no es el primero de los estudios que se centra en cómo la comida basura y su publicidad afectan a los niños y a los consumidores en general. Un estudio de hace unos meses concluía que la propia composición de la comida basura hacía que nuestro cerebro se 'enganchase' a ella. El efecto del alto contenido en grasas, sal y azúcar de este tipo de productos hace que el cerebro se inflame y pida más y más de esos contenidos, haciendo que se consuma más y se aumenten también las calorías consumidas.

    A eso se suma que los propios elementos de branding de las cadenas de comida rápida suelen funcionar especialmente bien a la hora de conectar con ciertos públicos, como es el caso de los niños. Su packaging es llamativo y colorista y hace que los niños conecten antes con el mismo. De hecho, no solo llama su atención sino que hace que sientan que las cosas saben mejor. Como demostró un estudio de la Universidad de Pensilvania, que aparezcan personajes en las cajas de la comida hace que los niños sientan que saben mejor.

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