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Una de las grandes cuestiones a las que se enfrentan las marcas y que les preocupan es la de encontrar la próxima gran cosa. Todas las compañías quieren estar a la última y quieren ir por delante de la tendencia, aprovechando el tirón de la novedad para posicionarse y para sacar el mayor partido posible al interés de los consumidores por las cosas.

Ahora mismo, las marcas y las empresas están lanzándose a intentar comprender qué pueden hacer con la realidad virtual, la realidad aumentada o la inteligencia artificial, ya que parecen los grandes motivadores del futuro próximo y las grandes cuestiones en las que se debe trabajar para lograr tener éxito y posicionarse de cara al futuro.

Y, sin embargo, puede que con todo este creciente interés por posicionarse mejor estén olvidando algo importante en el camino. A veces lo importante no es tanto asumir lo nuevo como saber usar lo que se está imponiendo de una forma positiva y eficiente.

De hecho, y tal y como ha demostrado un estudio, los consumidores prefieren que las marcas y las empresas mejoren lo que están haciendo ahora mismo en lugar de que se lancen a incorporar nuevas cosas. Eso es lo que se puede concluir de los datos de un análisis de Code Computerlove.

El 38% de los consumidores encuestados señalaba que para 2018 esperaba que las empresas y marcas mejoraran las cosas que están haciendo y las integraran mejor. La cifra de quienes prefieren antes que nada novedades es muy inferior.

Solo el 17,7% de los encuestados asegura que está esperando por algo nuevo y que no hubiese visto antes. Esos consumidores que quieren cosas nuevas y que no hayan podido usar hasta ahora buscan, por orden de interés, asistentes de voz, realidad aumentada, realidad virtual, chatbots y pagos móviles. Ahora mismo, los asistentes de voz y los pagos móviles son las novedades que tienen más uso.

El efecto app

Estos datos son muy interesantes porque podrían servir como un aviso para navegantes para marcas y empresas para no caer en la trampa de lo que se podría llamar el 'efecto app', si estuviésemos por inventar un nuevo término de clasificación. Cuando aparecieron las aplicaciones móviles hace unos años, todo el mundo se obsesionó rápidamente con ellas, especialmente marcas y empresas que estaban buscando la gran novedad del momento y que querían encontrar lo que les haría destacar por encima de todas las cosas. Las apps era lo nuevo, lo moderno.

Pero este interés de marcas y empresas por las apps tuvo su gran punto negativo: las compañías se lanzaron a usarlas y a entrar en ellas porque era lo moderno, pero no porque tuvieran algo realmente que hacer con ellas. Por tanto, solo lograron frustrar a los consumidores y quemar la tecnología.

Por tanto, las compañías tienen que ser muy conscientes no solo de las nuevas tecnologías y de las novedades que irrumpen en el mercado, sino también de cómo las están usando y qué permiten hacer con ellas. Más que estar a la última y más que parecer presente en todo lo nuevo, hay que ser capaz de asumir las novedades, integrarlas y dar con ellas servicios y valor añadido a los consumidores.