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Las modas impactan en el diseño de productos y en el diseño de empresas. En los últimos años, el boom del millennial pink, el rosa millennial, por ejemplo, hizo que el color volviese a estar muy de moda y ultrapresente. Si se paseaba por una tienda cualquiera, se encontraban muchísimos productos que lo empleaban y que se apoyaban en el él para llegar a sus potenciales consumidores. Este color es solo una muestra de cómo las tendencias modifican el diseño y cómo las compañías se justan a ello.

Lo cierto, sin embargo, es que no solo las modas y los elementos más efímeros impactan en las diferentes capas del diseño corporativo. Los cambios sociales y el contexto también lo hacen, impulsando ciertos elementos y convirtiendo en especialmente relevantes otros. Las preocupaciones de los consumidores, por poner una muestra, tienen un eco en cómo se diseñan los productos y qué se busca con ellos.

Y ¿qué tendencias son las que están marcando cómo será el diseño de producto y el diseño de empresa? En un análisis en FastCompany, varios expertos en el terreno dan su visión de las cosas y de sus aportaciones se pueden sacar unas cuantas conclusiones.

El diseño cobra importancia como vía para llegar a los consumidores

Los especialistas apuntan que lo digital ha perdido brillo. Puede que hace unos años fuese sorprendente y que solo con poner ese apellido a las cosas ya se llegase con entusiasmo a los consumidores. Sin embargo, se ha producido un cambio y la tecnología y lo digital no se ven ya con solo tan buenos ojos. Han traído muy buenas cosas, reconocen los expertos, pero los consumidores son también conscientes de que han traído otras muchas malas que se sienten como un peso. Y ahí es donde entra el diseño.

El diseño se convierte en la alternativa, en lo que hace que las cosas destaquen y que conecten. Lo harán además con un diseño centrado en lo importante. No se quiere llenar todo de ruido, sino que el diseño se centrará en lo básico y crucial.

La gente y los productos harán más con menos

Por ello no sorprende descubrir cuál es la siguiente tendencia que marcará el diseño de producto y la relación de lo que ofrecen las marcas con los consumidores. Ahora se busca hacer más con menos y que las cosas sean mucho más eficientes. Esto no implica solo cosas como reducir el plástico del packaging, sino una completa vuelta de tuerca a lo que se hace. Es el principio del boom de la llamada economía circular. Algunas marcas de moda ya recogen la ropa usada para reconvertirla, en una apuesta por los sostenible. Son las pioneras de un movimiento mucho más amplio.

Pero no solo es importante en términos de reciclaje o reutilización, sino también en la esencia del diseño. Por ejemplo, ahora se empezará a ver una mayor preocupación por el diseño que ofrezca calidad y una larga vida frente a la esclavitud de las modas. Se buscará que las cosas sean funcionales, cómodas y versátiles. El diseño tendrá que ser algo más.

Los valores inmateriales que se le dará al diseño

De hecho, el diseño funcionará en cierto modo como una especie de sanador, como una especie de elemento que nos hace sentir mejor.

Como explica una de las expertas, el diseño se centrará en cuestiones que se han convertido en problemas para los consumidores y se convertirá en una especie de apoyo que les ayudará a sobrellevar los elementos que funcionan como lastres en la sociedad moderna, desde ayudar a dormir mejor a posicionarse como una vía para ser más sociable. El diseño, en definitiva, tendrá que ayudar a la gente.

No será el año del internet de las cosas (y quizás habría que plantearse si ese año llegará al hogar del consumidor)

El internet de las cosas es una de esas tendencias recurrentes que los analistas incluyen siempre en sus previsiones de lo que va a ocurrir. Pero ¿ocurrirá realmente en el futuro próximo? Los analistas con los que han hablado en FastCompany tienen claro que es complicado. Las previsiones de Forrester, por ejemplo, señalan que el internet de las cosas impactará en el trabajo y también en las ciudades y que muchas empresas implementarán soluciones en ese entorno, pero que las cosas son mucho más cuestionables en el hogar.

Las soluciones más atractivas están entrando en las casas (véase el boom de los altavoces inteligentes) pero otras funcionalidades que se esperaban están todavía como una posibilidad para un futuro lejano. No hay neveras inteligentes o bombillas que "hablen" entre ellas en los hogares de los ciudadanos.

De hecho, esta división va también en línea con lo que otros analistas apuntan. Puede que no sea el futuro inmediato el de los hogares intenligentes, pero sí el d elas ciudades, que van a emplear el gran volumen de datos que generarán para tomar decisiones sobre cómo deben ser.

Las cosas ya no tienen que ser frías, eficientes y modernas

Una de las grandes tendencias de diseño de los últimos años - muy influida por lo que la tecnología estaba haciendo - era el de que las cosas tenían que ser simples, con un diseño limpio y casi frías para ser 'cool'. Era el diseño a lo iPhone llevado a todas partes.

Sin embargo, las cosas están cambiando. Lo frío, lo eficiente y lo moderno han dejado de ser principios y términos con tirón, porque el boom de las emociones también efecta a los diseños y a cómo deben ser los productos. Los consumidores quieren cosas que resulten más cercanas y las empresas lo están comprendiendo. Lo están haciendo a todos los niveles, además. Google, por ejemplo, ya está trabajando en su diseño de hardware para que resulte más humano y más cálido.

A eso se suma que el diseño de producto también tendrá que adaptarse a nuevas tendencias emergentes, como es el caso de la personalización.

Las marcas tienen que volver a expresarse de forma única y diferenciada

Una de las tendencias de los últimos años en diseño de logos ha sido la simplificación. Las compañías pasaban a usar tipografías sans serif que eran muy limpias y casi básicas, inspiradas en los logos que las startups estaban usando. Las grandes compañías de moda de lujo, por ejemplo, hicieron un proceso de rediseño del logo en los últimos años y dejaron sus logos un tanto barrocos por elementos asépticos.

Como apunta uno de los analistas, esto ha hecho que todo parezca igual: casi da igual qué mercado estén intentando conquistar, los logos se parecerán y serán similares. Se podrán aplicar a cualquier industria sin problemas.

Pero eso está cambiando. Las compañías van a tener que empezar a ser más únicas y más diferenciadas, con su propia expresión visual. El boom de la nostalgia por los 90 ayuda a comprenderlo: los consumidores quieren lo diferente, lo diferenciado.

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