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    Cuando aparecieron los dispositivos móviles, aparecieron también las aplicaciones. Las apps eran una de esas grandes novedades, presentada con fanfarria en el arranque de los smartphones. Los consumidores mostraban interés, eran la gran novedad del momento y las marcas y empresas tenían que estar ahí hiciesen lo que hiciesen.

    Todo el mundo y su vecino se puso a lanzar su propia app. Las tiendas tenían su app, las marcas también y los medios contaban con la suya, aunque en muchas ocasiones no estaba muy claro para qué servía. ¿Quién no se descargó alguna vez una app de alguna empresa que solo servía para acceder al contenido que ya servían en su página web? Eso hizo que las apps corporativas se quemasen rápidamente y que se convirtiesen en una suerte de oportunidad perdida. No tienes que tener una app porque sí, recordaban los expertos, sino más bien una app que sirva para algo y que aporte valor añadido.

    Años después, las compañías están empezando a encontrar su nuevo escenario similar, su nuevo espacio en el que entrar en una nueva fiebre de las apps. Por el momento, todavía están empezando (aunque en mercados como EEUU están creciendo ya de forma abrumadora) pero los responsables de las empresas ya los están mirando con buenos ojos. Los asistentes para el hogar, como el Echo de Amazon o Google Home, están empezando a adentrarse en la vida de los consumidores y las marcas y empresas quieren estar presentes en esta revolución. Por ello, ha llegado el momento de crear su presencia para ellos. Pero… ¿no acabarán repitiendo lo que ya hicieron con las apps?

    Como apuntan en un análisis en Business Insider es más que probable que 2018 sea el año de la voz, ya que se espera que sea uno de los regalos de estas Navidades en EEUU y especialmente porque Apple y Google están jugando fuerte para conseguir retomar posiciones perdidas frente a Amazon y su asistente de hogar. A eso se suma que quienes ya tienen uno de estos dispositivos se están lanzando a usarlo para cosas que a las marcas les interesa, como hacer compras con ellos (un 57% ya lo ha hecho), lo que hace que para las empresas la cuestión sea mucho más importante que nunca. Quieren estar ahí y quieren usarlo para vender y para conectar con los consumidores.

    Y a medida que aumente el atractivo de estos dispositivos aumentará también el riesgo de las marcas y empresas lo hagan mal y repitan los mismos errores que ya cometieron cuando estaban lanzándose al mundo del móvil. Puede que entren demasiado pronto o puede que entren de una forma demasiado precaria.

    Lo que se debe tener en cuenta

    ¿Cómo hay que trabajar en este terreno? Primero, recomiendan los expertos, hay que pensar en los riesgos que la marca o empresas enfrentará lanzándose a ese terreno y cómo se interactuará con ellas. Hay cosas que pedimos al fin y al cabo por nombre y otras que simplemente queremos de forma genérica. Usando su mismo ejemplo: pedimos un paquete de Oreos, pero no un paquete de una marca concreta de papel higiénico.

    Las compañías tienen que tenerlo en cuenta cuando se lancen a posicionarse en el mercado de la voz, como también tienen que tener en cuenta que no todos los sectores iguales. Parece poco probable que los consumidores empiecen comprando ropa usando asistentes, por ejemplo.

    Segundo, las marcas y empresas tienen que tener muy en cuenta qué están haciendo y dónde. Cuando se lanzaron a por las apps móviles fallaron porque en realidad no estaban entendiendo lo que este mercado suponía. Lo mismo puede pasar con los asistentes de voz. Hay que ser capaz de funcionar bien ahí: lo más importante es trabajar bien el audio y cómo se entiende esa información.

    Y, finalmente, hay que comprender cómo cambiará el consumo aquí y cómo nos dejaremos llevar por elementos diferentes. Los productos no se mostrarán en realidad y los consumidores comprarán aquello que esté mejor posicionado o con lo que sus consumidores establezcan relaciones de fidelidad.

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