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La lista de cosas que se están convirtiendo en inteligentes es cada vez mayor. En los últimos años, la tecnología ha dotado de nuevas capacidades a cada vez más elementos y a cada vez más herramientas de nuestra vida cotidiana. Si hace unos años se hablaba de la hipotética nevera que se iba a encargar de hacernos la lista de la compra y de avisarnos cuando nos estuviésemos quedando sin ciertas cosas y de otros ejemplos llamativos y vistosos, ahora en realidad ya podemos hablar de cosas concretas y de servicios específicos en un mundo en el que todo está conectado. Y en esa lista de cosas conectadas también empiezan a estarlo los coches, lo que los convierte en un nuevo y potencial escenario para servir publicidad o, al menos, para conocer mucho mejor a los consumidores y ser mucho más eficientes en la relación que se establece con ellos.

"Tus hábitos de conducción, tu localización, tiene un valor monetario, como ocurre con tu historial de búsqueda", apunta a Bloomberg un analista especializado. El coche es el nuevo campo de batalla potencial para la industria de la publicidad y el marketing y para el aprovechamiento de la información sobre los consumidores.

Lo cierto es que, como recuerdan en el medio estadounidense, los coches llevan ya décadas acumulando información. Los fabricantes de vehículos ya habían empezado a instalar sensores para capturar datos relacionados con la conducción, aunque el para lo que los utilizaban era un poco diferente. Las cosas han cambiado por dos razones básicas. Por un lado, cada vez hay más sensores y por tanto cada vez hay más vehículos recuperando y acumulando información. Por otro lado, el potencial de esos datos se ha convertido en algo mayor. Ya no se trata solo de información interna o relevante para los fabricantes, sino que se puede convertir en un nuevo elemento con el que hacer caja si se logra hacer que sea atractiva y útil para los anunciantes.

El futuro podría convertirse por tanto en un espacio en el que el coche fuese un poco como nuestro ordenador, en el que mientras navegamos vamos recibiendo información promocional. Mientras se conduce, por ejemplo, el coche puede hacer sugerencias como ofertas en la pizzería de la esquina o recomendaciones de consumo. Serán, por supuesto, mensajes patrocinados.

La idea va además muy en línea con otra gran tendencia que se está ya viendo en el mundo de los vehículos y es el de establecer el potencial que podrán tener las pantallas interiores de los vehículos (a lo que se suma ya también el parabrisas) como soportes para los mensajes publicitarios. Todas estas pantallas podrían servir para emitir más anuncios.

Otros usos de los datos

A eso se suma que los datos no solo pueden servir para lanzar ofertas y anuncios relacionados, sino también como una llave para comprender mucho mejor a los consumidores. Los bancos y la industria de la finanza son uno de esos nichos que están interesados en hacerse con esos datos para poder cruzarlos con su información y descubrir mejor cómo son sus consumidores. El potencial de estos datos es abrumador (y un tanto inquietante).

Los ejemplos que manejan en el análisis así lo muestran. Los bancos podrían usar la información para determinar si has dejado de ir en coche al trabajo y establecer si has perdido seguridad financiera y los analistas podrían usar la información para establecer si estás yendo o no mucho a los centros comerciales y extrapolarlo a sentimiento de consumo (algo que ahora hacen recurriendo a las fotos satélite).

Pero, por supuesto, conseguir todos estos datos tiene su cara compleja también, ya que supone tener que afrontar nuevos controles en lo que a privacidad se refiere. Por un lado tendrán que enfrentarse al escrutinio de las autoridades y por otro a las cuestiones de los consumidores. Los fabricantes de vehículos ya están dejando claro que los consumidores podrán optar por no dar sus datos en absoluto, pero a pesar de ello tendrán que convencerlos de que las contrapartidas por usar esta información para fines comerciales serán lo suficientemente atractivas como para que les compense.