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Hace unos meses, una de las noticias protagonizadas por la inteligencia artificial que se hizo virales estuvo vinculada a un cuadro. La casa de subastas Christie's acababa de vender por 432.500 dólares, mucho más de lo que se esperaba (el precio de partida era de 10.000 dólares) la obra Portrait of Edmond de Belamy.

Es un precio elevado, pero no tanto como las obras de los grandes pintores que alcanzan cifras de récord, pero especialmente cuando se tiene en cuenta lo que hay detrás de esa pintura. El 'artista' del retrato es la tecnología: una inteligencia artificial había sido la responsable de crear la imagen. Obvious, un colectivo artístico parisino, había alimentado a su inteligencia artificial con pintura de entre los siglos XIV y XX y el resultado había sido ese. Aquel no era el primer cuadro creado por la IA pero sí el primero que se subastaba en un entorno además tan 'sagrado' para el comercio del arte.

La noticia era curiosa, llamativa y uno de esos temas quedan muy bien a caballo entre las secciones de tecnología y de cultura. Sin embargo, el retrato del también ficticio Edmond de Belamy era algo más. Era el ejemplo de todo lo que la inteligencia artificial puede llegar hacer y cómo puede entrar en terrenos que van mucho más allá de lo que ya hemos dado por sentado.

La IA puede crear (lo que ya ha abierto el debate sobre cómo afectará a los trabajos creativos en terrenos como el periodismo - en el que ya escribe noticias simples - o del marketing - donde ha empezado a crear copies -, entre otros) y puede convertirse en una nueva herramienta para encontrar nuevas ideas, nuevas ofertas y nuevos productos que posicionar ante el consumidor. De hecho, la inteligencia artificial podría ser ya la responsable de analizar todos los datos y crear ya productos a medida que encajen con lo que los consumidores quieren y buscan.

Los ejemplos han empezado ya a aparecer en el mercado y las compañías están lanzando ya sus primeros productos creados usando inteligencia artificial.

Tortitas, whisky y anuncios

Los resultados son además diversos, variados y hasta a veces un tanto sorprendentes y variopintos. Por ejemplo, una empresa, Cerealto Siro Foods, acaba de lanzar unas tortitas de arroz con guisantes y lentejas. Las vende ya en los supermercados de Reino Unido pero lo que hace que esas tortitas sean especiales es cómo se han creado. Usaron al Watson de IBM para hacer el diseño del producto. Watson hizo la investigación de mercado por ellos, detectó las tendencias emergentes en el mercado de la alimentación y apuntó en la dirección hacia la que tenía que ir el producto. Puede que a primera vista mezclar lentejas y guisantes en unas tortitas no parezca lo más atractivo, pero es lo que aparece en el cruce del mercado y sus tendencias. Es, en definitiva, lo que parecen querer los británicos.

No son el único ejemplo. La lista de productos creados con inteligencia artificial está llena de esos hitos del 'primero diseñado con' que tan bien quedan en las notas de prensa, las presentaciones y los artículos en los medios. Una empresa sueca, Mackmyra Whisky, cuenta con el primer whisky del mundo creado con inteligencia artificial (ellos usaron el Azure de Microsoft).

En este caso, la IA les dijo cómo tenían que realizar la fermentación y escoger los elementos clave que harán que el whisky sea el que sea. En el proceso de destilación se pueden alcanzar muchas variables de sabor simplemente por cómo se usan las barricas. "Vemos esta tecnología como parte de nuestro desarrollo digital y resulta realmente revolucionario comprobar cómo la IA puede ser un complemento perfecto a la hora de elaborar un whisky de alta calidad", explicaba la maestra destiladora de la compañía, Angela D'Orazio.

La normalidad de la IA

La inteligencia artificial también ha creado ya su primer libro, su primer anuncio, su primer deporte, su primer doodle o su primera canción. La lista no parará de crecer en los próximos tiempos y, además, los productos no se convertirán en curiosidades para los medios sino en simplemente productos que llegan al mercado. Al fin y al cabo, ni el whisky ni las tortitas fueron creadas para llamar la atención o demostrar la frontera que puede conquistar la IA. Aparecieron para cubrir una oportunidad de mercado.

De hecho, el grupo de lujo francés Kering ya está empleando la IA de forma directa para intentar mejorar sus datos de ventas. Gracias a un software que recoge datos de venta y gracias a la IA y la lectura que hace de esos datos, quieren buscar mejorar sus datos de crecimiento. No es una mala apuesta: como explicaban en un análisis en Bloomberg, la primera de las marcas del grupo que van a probar la IA está viendo sto datos muy positivos.

Gucci ha crecido en este año el doble de rápido que lo que está haciendo el sector del lujo y sus dueños esperan cerrar el medio año con un crecimiento del 10%. Con la IA van a tomar decisiones de venta (dónde vender cada producto), con lo que esperan subir en un 20% en ventas.

El uso que hacen ya de la tecnología (como usar datos en los procesos de venta para ver compras pasadas y poder ofrecer información en tiempo real mejor en punto de venta) ya les ha permitido aumentar el gasto medio entre un 15 y un 20% por consumidor.

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