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Suceden demasiadas cosas en poco tiempo y nuestra mente no está preparada para asumirlo y entenderlas. Nace así el desconcierto, la incertidumbre y las decisiones improvisadas que pretenden "apagar fuegos" allí donde brotan. Desde mi punto de vista, el primer chaparrón ya pasó y ahora toca evaluar la situación, aunque conviene ir preparando "la casa" para el segundo. Recuérdese el refrán que dice "Nunca llovió que no escapara" y agréguese... "ni nunca escampó que no volviera a llover". Pues en esas estamos, en la calma chicha que se produce en el medio de dos tormentas.

La primera revolución tecnológica, en líneas generales, se produjo por la masificación de internet y los smartphones que, puestos en manos de los consumidores, cambiaron sus hábitos de consumo y hasta las motivaciones de compra. La gente compra a cualquier hora y en cualquier lugar, y se mueve por criterios de inmediatez e impulsividad, relegando la reflexión a un plano mucho más bajo en la escala. Hoy es muy fácil encontrar productos en cualquier lugar del planeta, a cualquier hora, y caer en la trampa de la escasez con la que nos apremian para tomar decisiones instantáneas. Ligado a la tecnología aparecieron nuevos productos digitales (infoproductos) y evoluciones de bienes analógicos con una base tecnológica novedosa, que rápidamente se hicieron un hueco en la cesta de la compra y desplazaron a los anteriores a tal punto de hacer desaparecer muchos negocios y empresas. Pero esta transición ya está concluida.

Nótese que esta transformación evoluciona "aguas arriba" desde el consumidor hacia la distribución y los productos y servicios, y digo que está concluida porque a fecha de hoy prácticamente toda la población ya tiene su conexión a internet y su smartphone para acceder a ese catálogo virtual de productos que es internet. No se esperan grandes revoluciones que modifiquen los modos de consumir que han quedado sentados gracias a la llegada de estas tecnologías. Ahora lo que toca esperar es que las empresas entiendan que si no se ponen al nivel de los clientes ofreciendo sus productos online y accesibles desde dispositivos móviles, se van a perder toda la masa de nuevos consumidores que están llegando y que desplazarán al cliente analógico cuyos paradigmas de compra ya solo atienden los negocios del pasado.

¿Y cuál es la segunda revolución que queda por llegar?

Se trata de una nueva vuelta de tuerca a las empresas, pero esta vez nacida en el seno de los procesos industriales con impacto "aguas abajo". Estoy hablando de Inteligencia Artificial en líneas generales, y cómo todas las tecnologías que trae asociadas van a comenzar a impactar en el modo de fabricar las cosas transformando la industria por dentro. El impacto más claro se intuye a nivel de capital humano; sobrarán todas las personas que ejecutan tareas rutinarias (les llamaré "operarios" para que se entienda a qué me refiero), cuyas funciones serán ejecutadas por robots perfectamente entrenados y que no precisan ser motivados para cumplir altos estándares sin errores. La pérdida de empleo de grandes masas de población tendrá impacto en la economía mundial, enfriándose la "alegría" por consumir. Pero no solo eso. Es de esperar que el ahorro en costes en los procesos productivos sea visto como una oportunidad por alguna empresas para hacerse un hueco ofreciendo precios más competitivos, es decir, trasladando al consumidor parte del ahorro logrado y poniendo a su disposición productos de alta calidad a un precio más bajo, lo que a su vez desencadenará una guerra en los rivales cuya evolución volteará nuevamente la economía.

Ese es el panorama que se avecina y que ya tenemos más cerca de lo que parece. Sentadas las bases sobre cómo deben ser los negocios para atender a un consumidor muy tecnológico con nuevas formas de tomar decisiones de consumo, se ciernen nubarrones sobre el modo de fabricar productos y el impacto que la llegada de la Inteligencia Artificial va a provocar en la economía. El ser humano siempre estuvo evolucionando, aunque es verdad que nunca nos vimos sometidos a impactos tan seguidos y de tanto calado. Es imposible adivinar la respuesta que se le va a dar al nuevo escenario una vez que lo tengamos encima, pero es seguro que seremos capaces de adaptarnos a él y crear una nueva sociedad regida por paradigmas ahora imposibles de precisar. En tanto eso no suceda... ¡¡disfruten de la calma intermedia!!

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