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  • OPINIÓN
Con más de veinte años de experiencia en el sector digital. Actualmente es director general para España...

Según los últimos datos de eMarketer, correspondientes a 2018, el sector de la publicidad digital mueve en el mundo alrededor de 251.000 millones de euros. Y sus cimientos son amenazados por un mal; un fenómeno complejo, de no fácil persecución y resolución para aquellos anunciantes y agencias que no cuentan con la tecnología adecuada. Esta lacra a la que me refiero, el fraude online, provocó ese año unas pérdidas en todo el sector de 7.000 millones de euros.

¿Y por qué digo que es un fenómeno complejo y de no fácil persecución sin la tecnología adecuada de verificación? Porque es algo así como una batalla denodada y de gran complejidad entre dos bandos muy marcados. Por un lado, anunciantes, agencias y proveedores tecnológicos. Y por otro, unidades de asalto de experimentados hackers, que buscan cada segundo cómo romper las barreras de seguridad. Y todo dentro de un campo de batalla en el que se produce una guerra sin cuartel, entre máquinas cuidadosamente programadas y en continua actualización para defenderse de las mil caras del fraude digital, y otras diseñadas para el cibercrimen, que además en ocasiones actúan como redes de bots capaces de generar hasta 1.500 impresiones fraudulentas por hora y por ordenador infectado.

Junto a los factores anteriormente mencionados, la ecuación se complica aún más por el crecimiento a un ritmo sin precedentes de la creación de contenidos y la inversión de los anunciantes en digital. Porque a más extensión del terreno de la contienda, mayor son las posibilidades de fraude. Por todos estos motivos, ahora se ve más necesario que nunca redoblar la vigilancia. En nuestro caso, y para dar poderosas herramientas a anunciantes y agencias, nuestra compañía creó en 2015 Threat Lab.

Se trata de una unidad de 'combate' contra el fraude digital. En ella trabajan expertos de diferentes disciplinas y sectores, así como especialistas en el ámbito legislativo y de instituciones académicas. Además, cuenta con equipos ad hoc dedicados al análisis de malware, así como con ingenieros de datos y especialistas en ciberseguridad, que utilizan inteligencia artificial, análisis de buscadores así como de comportamiento, para identificar y frenar la actividad fraudulenta. Junto a esto, cada día 10.000 millones de impresiones alimentan los modelos de IA y ayudan a mejorar los algoritmos de detección de fraude a un ritmo mayor que otras tecnologías de verificación.

¿Pero realmente está funcionando? Vayamos a los datos. Según el último Informe de Calidad de Medios (Media Quality Report), que analiza los seis primeros meses de actividad en 2019, en España, por la inversión en herramientas para combatir el fraude digital, en desktop en campañas optimizadas, nuestro país goza de buena salud al registrar un 0,6% de fraude frente al 1,1% de la media mundial. Sin embargo, estas cifras experimentan un crecimiento preocupante en las campañas no optimizadas, aquellas que no utilizan herramientas para combatir el fraude, donde la media mundial es del 11,7%.

La conclusión salta a la vista. Los buenos resultados de fraude digital avalan la eficacia de las herramientas que protegen las campañas de esta lacra. De tal forma que, por un lado, los anunciantes optimizan sus inversiones en digital. Y por otro, los soportes son capaces de sacar el mayor rendimiento a su inventario.

Con más de veinte años de experiencia en el sector digital. Actualmente es director general para España...