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Pringles, Pizza Hut o Taco Bell son algunas de las compañías que han lanzado piezas de arte virtual

Hemos pasado de cero a 100. Es probable que hace unas semanas solo personas con ciertos conocimientos o que se mueven en ciertas áreas supiesen que son los token no fungibles, los NFTs por sus siglas en inglés. Hoy, su nombre y su existencia se han colado en las noticias de todo tipo y en los medios generalistas, haciendo que se hayan convertido en la última moda que nadie comprende muy bien. Si algo hace ruido, las marcas están más que dispuestas a prestarle atención. Eso es justamente lo que ya está ocurriendo con los NFTs.

Los NFTs son un elemento más del universo que ha creado el blockchain, que asegura su trazabilidad y que lo que tienes es, por así decirlo, lo que es. Hasta ahora, lo que ha llegado al público general no especialistas sobre el blockchain ha sido sobre todo su papel en la creación de monedas virtuales, como el bitcoin, pero también, aunque un poco menos, el uso que se puede hacer en la empresa. El blockchain permite por ejemplo la trazabilidad completa de la cadena de suministro.

Ahora, se ha integrado en el mundo del arte. Aunque pueda parecer que todo es multiplicable e infinito en el entorno digital, cuando los usuarios pagan por estas piezas de arte están asegurándose de que pagan por el original, por el primero y por el real, por mucho que lo digital pueda ser replicado. Nyam Cat, el gato viral de hace unos años, se vendió por algo más de medio millón de dólares.

Todo esto ha creado un momento de hype de los NFTs, con titulares llamativos y artículos sobre qué es todo esto y qué hay que entender. Y, como señalábamos al abrir, donde hay ruido suele haber marcas. Marcas de todo tipo están lanzando sus propios NFTs, casi todas ellas con fines benéficos, para posicionarse como alguien que sabe qué modas están en la agenda y que conocen todos los cambios del universo digital.

De Pringles al papel higiénico

Pringles es una de las marcas que ha entrado en el juego. Ha lanzado una imagen animada de un tubo de patatas en un plato dorado. Es una edición limitada - solo hay 50 animaciones - y tienen un precio de 600 dólares cada una. Las CryptoCrisp, como se llaman, arrancaron con un precio similar al de una lata de patatas, de 2 dólares. De ahí, han ido escalando en cuestión de días. Los beneficios de la venta serán, como explican en AdWeek, para la artista que ha creado estas piezas de arte, Vasya Kolotusha.

Es difícil de comprender desde fuera qué está haciendo Pringles y por qué ha entrado en esto, aunque lo cierto es que la marca de patatas fritas no es la única que se ha lanzado a la carrera por los NFT.

La marca de papel higiénico Charmin, propiedad de Procter & Gamble, también ha lanzado un token no fungible: son cinco piezas de arte digital cuyos beneficios revertirán a la ONG Direct Relief. Poco después de su lanzamiento las pujas estaban entre los 500 y los 2.100 dólares.

También las compañías de comida rápida, que suelen estar al quite de todo lo potencialmente viral, se han lanzado a la conquista de los NFTs. Pizza Hut Canada lanzó una línea imágenes, vendiendo fragmentos de pizza como obras de arte. Aunque las ventas empezaban en 18 céntimos, acabaron en 8.824 dólares. También Taco Bell ha presentado una colección de 25 tokens, todos inspirados en los tacos y todos muy exitosos. Se vendieron en cuestión de media hora.

El medio Quartz cerró también, tras cuatro días de pujas, la venta de un artículo que funcionó como un NFT por 1.800 dólares (también destinados a una asociación, en este caso apoyar una beca de la International Women's Media Foundation). En su caso, el medio convirtió el tema de la noticia en algo inmersivo.

Esta claro que estas marcas son las pioneras, pero que la lista irá progresivamente subiendo hasta que pinche la burbuja del arte virtual. Las Bratz tienen muñecas virtuales y Panini cromos virtuales, mostrando que el potencial interés del formato toca a marcas de todos los estilos y de todas las áreas.