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Un equipo de guionistas crea sus personajes y sus historias, que actores representan 

El gran escándalo literario de los últimos días ha sido el descubrimiento de quién está detrás de Carmen Mola. La escritora se había hecho muy popular con su trilogía de novelas, asentándose en el universo del thriller, y con una historia personal muy concreta. Era la Elena Ferrante española, se decía. La cuestión era que Carmen Mola no era su nombre, sino un seudónimo que no se iba a desvelar nunca. La entrega de los premios Planeta rompió el misterio: detrás de Carmen Mola estaban tres guionistas de televisión.

El escándalo Carmen Mola empezaba. Las críticas vienen marcadas por cuestión de análisis de género, pero también por el hecho de que los tres autores no solo usaban un nombre falso sino que además crearon toda una personalidad asociada y una historia que parecía real - entrevista tras entrevista - y que ha roto el pacto de confianza con el lector. La historia es, en ese terreno, similar a lo que había ocurrido no hace tanto con la cuenta en Twitter de Señorita Puri, una tuitstar que solía hacerse viral y que, en realidad, era el trabajo de un hombre.

Ambas historias dejan claro que, aunque los internautas asumen que no todo será absolutamente real, sí esperan una suerte de mínimos. Hay un pacto entre unos y otros y unas ciertas expectativas. En ello se asienta la relación de confianza entre unos y otros. Romperlo puede convertirse en un problema de reputación importante, pero también en un lastre que impacte en la conexión futura entre unos y otros.

Para los influencers, puede ser lo que dinamite la relación con sus seguidores y su impacto en ellos. Los influencers virtuales existen: no son reales y han sido creados por una inteligencia artificial. La famosa Lil Miquela es el ejemplo más claro. Pero aquí todas las partes tienen claro qué son. Lil Miquela no desveló que no era una persona real hasta que no tuvo cierto tirón, pero es el ser un robot lo que hace que su personaje funcione. El problema está en crear un personaje e insistir en que es la realidad.

Eso es lo que están empezando a hacer los influencers y lo que la historia ha demostrado que sale mal.

Los nuevos influencers guionizados

En los medios estadounidenses ya se empieza a hablar de ellos como scripted influencers o fictional influencers, influencers guionizados o ficticios. FourFront, una empresa especializada en contenidos y medios, está creando un equipo de influencers en social media, que no son realmente personas reales sino personajes creados a medida. Tienen ya 22 "historias", con sus arcos dramáticos y su personaje-tipo que conecte con la audiencia.

"Estamos básicamente creando un universo del estilo MCU de personajes en TikTok", explica el guionista que está detrás de la empresa, Ilan Benjamin, a Vox.com. La idea tiene el suficiente tirón como para que ya haya captado inversión por valor de 1,5 millones de dólares.

Los personajes son 'ejecutados' por actores. En total, ya tienen 1,9 millones de followers combinando sus cuentas. Eso sí, la empresa que está detrás asegura que su audiencia es consciente de que sus influencers no son reales-reales, sino el trabajo de un equipo. El creador señala que en medio de toda la oleada de fake news y desinformación, ellos querían ser "ligeros y divertidos".

Es probable, por tanto, que la reacción de los internautas no sea tan dramática como la que lograron anteriores intentos de "influencers guionizados". En los inicios de YouTube ya hubo quien lo intentó y quien consiguió una reacción altamente negativa en la red cuando se desveló la realidad. Aun así, y como señalan en la prensa estadounidense, habría que preguntarse si realmente los seguidores son conscientes de esta realidad. La compañía lo indica con un hashtag, #fictional.

Todo lo que dicen y todo lo que les pasa ha salido del trabajo de un equipo de guionistas.