CEO PuroMarketing Medianzo. Empresario y emprendedor en continua expansión
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La gran crisis de Coca-Cola vive su vigésimo quinto episodio al más puro estilo de las clásicas series y telenovelas. En las que en cada capítulo siempre dejan a uno con las ganas de desvelar las diferentes tramas que como cebo, sirven para que los más fanáticos siempre se mantengan enganchados. Pero es que la trama de esta historia parece que más que acabar, vaya a comenzar ya su segunda temporada.

El caso de los ERES sigue ofreciéndonos novedades a diario a través de todo tipo de medios y titulares. Algo que como consecuencia está sirviendo para mermar a cuenta gotas la popularidad y reputación de esta marca que nos vendía valores e ilusiones. A todo ello se suman los boicots de sindicatos, trabajadores y consumidores sensibilizados por el destino incierto de los trabajadores afectados.

Lo que cuesta llegar a comprender es la mala gestión de esta crisis de reputación por parte de una marca cuya maquinaria de marketing se creía casi perfecta. Tanto que incluso que llegaba a parecernos surrealista el hecho de que la misma quisiera desvincularse de este problema alegando para ello, nada que ver con las diferentes fabricas embotelladoras que operaban bajo la gestión de Coca-Cola Iberian Partners.

Y como prueba evidente, quedó patente la opinión al respecto del propio Presidente de la filial de Coca-Cola en España, Marcos De Quinto, al decidir quedar al margen de todo ello, alegando que los despidos no eran de su competencia. Sus declaraciones tal y como reflejaba el diario El Mundo eran más que contundentes, "No es mi empresa y no es mi ERE".  Resultaba chocante escuchar afirmaciones como esta al referirse a un problema donde según el propio De Quinto, su compañía "no tiene capital ni interés".  ¿Y que hay entonces del valor y el interés por preservar la buena reputación de su compañía y de la marca que también se ven afectadas?

Resulta difícil de comprender, como una compañía cuya marca siempre defiende con recelo su omnipresente identidad y denominación comercial, permita que otras empresas adhieran y hagan suyo el propio nombre de esta marca - como es el caso Coca-Cola Iberian Partners - para salir luego alegando que nada tienen que ver con ellas, y por supuesto creyendo de forma errónea, que las consecuencias de este conflicto laboral y sus efectos colaterales nunca llegarían a hacer tambalear la reputación de la propia marca Coca-Cola. ¿Error de estrategia o simplemente una clara declaración de intenciones para desentenderse de todo ello?

Lo cierto es, que después de todos estos acontecimientos, la multinacional ha terminado por reconocer que el ERE anunciado por el embotellador, Iberian Partners, está afectando a la imagen de la marca. También a sus ventas, en torno al  40% sólo en Madrid, y de las que por supuesto está sacando buen provecho Pepsi, su más directo rival y la principal marca de la competencia. Otros medios como el periódico digital español 'Público' hablan sin embargo de un posible pacto de silencio entre Coca-Cola, Pepsi y grandes distribuidores para silenciar los efectos reales del boicot impulsado por los trabajadores y consumidores. Habrán pensado que quizás, ya que muchos han decidido beber menos Coca-Cola, que al menos tengan la boca callada para evitar sean escuchadas sus reivindicaciones. Aunque lo cierto es, que en esta ocasión todo parece indicar que con Coca-Cola tenemos crisis de reputación y boicots para rato.

Los trabajadores afectados y sindicatos siguen manifestándose a pie de calle, pero son sin duda las famosas redes sociales que tanto sirvieron a la marca para aglomerar a sus miles de fans y seguidores, las que han terminado por convertirse en la nueva pesadilla donde la información sigue viajando sin control a la censuras. A través de ellas podemos escuchar las voces de las protestas de los trabajadores, el apoyo de cientos de consumidores y las acciones que demuestran que existe un boicot que verdaderamente está comenzando a hacer estragos sobre la propia marca. 

Sea como fuere, y a pesar de su campaña separatista, el vínculo existente entre Coca Cola Iberian Partners y la propia filial de la compañía Coca-Cola en España al margen de sus limitaciones, contraprestaciones y responsabilidades legales o comerciales, es más que evidente. La marca es al fin y al cabo el denominador común y uno de los activos que más está siendo dañado y perjudicado. Pero la marca no puede salvarse si para ello, han de ignorarse aquellos valores que a través de los año han sido cultivados como señal de identidad y estandarte.  

Lo siento por quienes creyeron siempre en las buenas intenciones y los mundos de fantasía repletos de ilusiones. A pesar de que muchos esperaban que este conflicto se resolviera con una demostración de valores y humanidad como aquellos que siempre nos vendieron a través de sus anuncios publicitarios,  lo cierto es que nos encontramos ante una historia interminable de futuro incierto, que lejos de llegar a su desenlace, todavía nos augura nuevos acontecimientos que con toda seguridad seguirán dando que hablar y echando más leña al fuego

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