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Big data: ¿Cuál es el valor de la información y cómo medirlo?
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    Una de las cuestiones que se repiten al hilo del boom de los datos es que no solo es importante acumular información para poder sacar todo el beneficio posible del big data sino que además es crucial que esa información sea la valiosa de verdad. Puede que tendamos a creer que lo importante es la masa, el tener muchos datos, pero lo cierto es que, o al menos eso es lo que dejan claro los expertos, lo importante no es la información en sí misma como un todo sino el tener la información precisa, la que interesa, la que tiene valor.

    Pero ¿cómo se mide el valor de la información? ¿Cómo se establece un equilibrio entre lo que esa información va a costar y lo que reportará para la compañía que la va a usar? Porque, y esto es un elemento importante que suele olvidarse cuando se habla de los datos, estos tienen un coste. No solo está el coste de recabarlos y de lograr conseguirlos, se emplee el método que se emplee para ello, sino que además los datos tienen otros costes asociados. Almacenar la información tiene un precio, gestionarla tiene otro y sacar valor de ella también cuesta. Esto es, hay que ir invirtiendo dinero en cada una de las ocasiones para conseguir que la información se convierta en algo de lo que la empresa pueda sacar beneficios.

    Por ello, antes de establecer qué se puede hacer y qué no y antes de embarcarse en el big data y en el uso de los datos hay que pensar en el valor real de los datos. Esto es, establecer el equilibrio entre lo que todo ello nos va a costar y lo que se va a sacar en limpio de ello. Hay que poner en números las cosas.

    ¿Cómo hacerlo? Como explica una experta a AdAge, la clave está en lo que uno hace y lo que uno puede hacer. Su recomendación es que antes de empezar se haga una reflexión. Hay que pensar qué se quiere conseguir y qué presupuesto se tiene para ello. Cruzar una y otra información será lo que de la medición final y lo que permita contar con el baremo de lo que se puede hacer. Al fin y al cabo, no es lo mismo querer conseguir una cosa con un presupuesto millonario que con el de una pequeña pyme. El valor de la información y el de lo que se consiga con ella serán absolutamente diferentes.

    "Esto marcará el tono para cómo realizas pruebas", asegura la experta, recordando que hay diferentes tipos de escalas en las que hay que moverse.

    A todo esto, hay que tener en cuenta también otras muchas variables, como por ejemplo el origen de la información. No siempre las empresas juegan con datos propios, sino que a veces compran datos a terceros y usan información ofrecida por otros. El valor de esa información no dependerá solo de lo que puedan ofrecer 'al peso' sino de cómo se sea capaz de leer esos datos, cómo estos se cruzan con los propios y cómo se puede extraer conclusiones de los mismos.

    El valor de los datos no es por tanto algo, por así decirlo, estable y sólido, sino más bien algo variable que depende mucho de quién y para qué los esté usando. A ello se podría sumar de forma paralela otro tipo de variantes. ¿Son datos únicos? ¿Son datos fiables? ¿Son datos que la competencia no tiene? Cruzar todo ello permite establecer una escala aproximada de valor para la información.

    Los tipos de valor de los datos

    Por supuesto, y en un mundo como el empresarial donde todo tiene que ser medido y pesado, se pueden encontrar una suerte de métodos y de sistemas para establecer cuánto valen los datos y su relevancia. Existen, como explica un directivo de Gartner, dos grandes escenarios que se pueden emplear para medir el valor de la información.

    Por un lado, están los métodos no financieros, esto es, los que no miden el valor de los datos en dinero, sino que utilizan otros parámetros menos tangibles para establecer lo valiosa que es la información. Ahí entran el valor intrínseco de la información, por un lado, que se centra en la calidad de los datos partiendo de sus características; el valor de negocio de la información, por otro, que analiza su valor uniéndola a su relación con los procesos de negocio; y valor por ejecución de la información, que se centra en los resultados que estos datos permiten.

    Por otro lado, están los métodos financieros, que se centran en todo lo que se traduce en dinero para establecer cuánto vale la información (o no). Ahí entra el coste de los datos, el cuánto cuesta recoger y reemplazar esa información; el valor económico, o el impacto que los datos tienen los ingresos de la empresa; y el valor de mercado de los datos.

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