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Los altavoces inteligentes y los asistentes personales se han convertido en un elemento al alza en la estrategia de las empresas tecnológicas, que los ven como uno de los dispositivos clave para el futuro inmediato. En la última campaña de Navidad - Black Friday, por ejemplo, Amazon apostó por posicionar de forma destacada a su familia de dispositivos Alexa y logró que se convirtieran en su principal elemento de ventas. Y, aunque no es el único player en esta industria, los movimientos que Amazon está realizando ayudan a comprender hacia dónde va el mercado, cómo puede cambiar las cosas y qué impacto tendrá en lo que hacen marcas y empresas.

Al fin y al cabo, si Amazon está apostando por estos dispositivos es porque el potencial retorno es muy elevado. No solo les permite estar presentes en la vida diaria de sus consumidores de un modo mucho más amplio de lo que lo estaban hasta ahora, sino que además les deja ocupar nuevos espacios de consumo. Los asistentes personales hacen la vida más fácil, por lo que los consumidores empiezan a dejar en sus manos más y más cuestiones, pero además llenan de ventanas de venta momentos que hasta ahora no necesariamente lo eran.

Igualmente, estos asistentes pueden adentrarse todavía más en el día a día de los consumidores en el futuro, haciendo que las cosas se vuelvan mucho más complejas. El futuro no pasa solo por tener una voz que te acompaña y a la que decir qué necesitas que compre por ti, sino en tener directamente a un asistente personal 'con todas las de la ley'.

Los asistentes personales de los gigantes de la tecnología serán cada vez más como mayordomos de antaño, que se encargarán de gestionar todos los procesos de consumo pero también de adelantarse a las necesidades de sus usuarios. En las películas de época, el mayordomo es un profesional siempre preparado para lo que pueda pasar y que sabe qué debe hacer antes incluso de que sus jefes se lo pidan. Así será en los próximos años Alexa y así será cómo evolucionarán los gigantes de la tecnología sus asistentes personales.

Desde que los dispositivos de Amazon aparecieron hace unos años hasta ahora, como recuerdan en un análisis en Technology Review, las cosas han cambiado mucho. El dispositivo puede hacer ahora muchas más cosas, está preparado para operar a niveles mucho más complejos y logra responder a más necesidades de sus clientes, gracias a un desarrollo en las que llaman 'skills' muy amplio. Sin embargo, no ha alcanzado todo su potencial. Amazon quiere que Alexa no necesite esperar a los consumidores para hacer cosas, sino que sea ella quien acabe generando conversaciones y con ello también procesos de compra.

Alexa se adelantará a tus necesidades

Como concluyen en Technology Review tras hablar con el responsable de la evolución del asistente virtual de Amazon, el futuro pasará por dos grandes puntos. Primero, Alexa pasará a ser menos pasiva y más proactiva. Será capaz de adelantar que necesitarán también tal o cual producto o servicio y de proponerlo. Segundo, en vez de esperar a que el consumidor mencione algo para responderle con su información y propuestas, Alexa se anticipará a sus necesidades y a sus palabras. En resumen, Alexa pasará a orquestar la vida del consumidor.

Los ejemplos que apuntan en el que análisis hacen que sea más fácil verlo. Por ejemplo, Alexa será capaz de proponer, si su usuario ha reservado entradas para un espectáculo, una reserva para cenar en un restaurante cercano o el encargar ya que pase un sistema de transporte, como Uber, a recogerte para llegar a tiempo. El asistente empieza a usar lo que llaman "intelligent prediction", predicción inteligente, para darle al consumidor lo que quiere y lo que necesita antes de que lo sepa.

El potencial es además abrumador. En el futuro, por ejemplo, los auriculares inteligentes de Amazon podrían guiarte en un supermercado cuando no encuentres un producto o su cerrojo inteligente podría reconocer que son las Girl Scouts quienes han timbrado para vender galletas y comprar las que te gustan por ti.

Adelantarse a las necesidades de los consumidores es además una vieja obsesión de Amazon, que ya años atrás trabajaba para ser capaz de enviar las cosas antes de que el consumidor formalizase la adquisición.

Los retos del proceso

Esto no es sencillo y no carece de riesgos y puntos de tensión. De hecho, obliga a las compañías detrás de esta revolución a refinar mucho más sus dispositivos y a hacerlos mucho más competentes. Tienen que trabajar más que nunca la inteligencia artificial que emplean, lo que les obliga a acceder a más y más datos sobre sus consumidores y a lograr que estos les den un acceso más extenso a su día a día.

Y dado que los consumidores son cada vez más críticos y desconfiados con cómo las empresas gestionan su información personal, ese podría ser su gran lastre.

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