PuroMarketing

Las tiendas se están llenando de sistemas que controlan de forma automática quien puede entrar o no

En la entrada de uno de tantos supermercados Lidl distribuidos por España, en un polígono de grandes superficies en las afueras de una de ciudad de pequeño tamaño, los consumidores se encontraban tras cruzar la primera puerta que los dejaba en un hall de entrada con dos elementos.

Uno era algo con lo que ya se habían familiarizado en los últimos meses, un dispensador de gel hidroalcohólico, esperando su uso antes de cruzar la puerta que los dejaría dentro del supermercado como tal.

El otro era algo un poco más novedoso. Un poste luminoso recordaba la importancia de seguir las medidas de seguridad, pero también daba instrucciones a los consumidores. Les decía si podían o no entrar a comprar. A diferencia de uno de los trabajadores del supermercado a modo de portero de discoteca, como ocurría en las semanas cumbre de la pandemia, la tecnología se había convertido en la clave para controlar el aforo.

El sistema es bastante similar en todos los supermercados. Cuando la cadena del noroeste Gadis instaló en agosto el sistema de control de aforo, explicaba en una nota de prensa cómo era. Los empleados, apuntaban, tenían en todo momento información en tiempo real de aforo y recibían una alerta que les indicaba si se iba a llegar al máximo para que pudiesen tomar medidas.

Para los consumidores, la información llegaba vía pantallas. En ellas un semáforo con colores clásicos (rojo para no pasar, verde para adelante) les daba las claves de lo que tenían que hacer.

Además de Gadis, las pantallas que señalan aforos también están presentes en los supermercados Mas, en los Sánchez Romero o en los Eroski, por poner unos ejemplos. Su presencia es ya casi bastante habitual en las compañías de ese sector. La gran cuestión es si se va a convertir también en una presencia recurrente en el resto del retail.

A principios de verano, las estimaciones ya indicaban que estaba aumentando el uso de tecnología para controlar el aforo. Desde sistemas más básicos a otros mucho más complejos y sofisticados, que llegaban a usar la inteligencia artificial, las empresas estaban incorporando rápidamente estas herramientas para controlar que las cantidades de personas presentes en los espacios no superasen las recomendaciones sanitarias y los entonces límites legales.

La tecnología se había colado además a más espacios. Por ejemplo, ocurría en algunos municipios de costa, que necesitaban controlar que no se masificasen sus playas.

Telefónica presentaba, de hecho, a principios de verano el que prometía que era "el sistema más avanzado del mercado para controlar el aforo en las playas". Usaban cámaras IP conectadas a la red 4G, dotadas de un software que se encargaba de procesar los datos y calcular el porcentaje de ocupación en tiempo real.

Desde entonces se han presentado todo tipo de soluciones, desde pulseras inteligentes que emplean beacons para medir la distancia de seguridad y controlar el aforo (lo hace Wardoo) a la reconversión de la tecnología de tracking que se usaba en baloncesto aplicada al control de tiendas y espacios deportivos (la apuesta de NBN23).

Lo que esto puede suponer para la estrategia de las empresas

Todo ello ha hecho que las empresas empleen mucho más la tecnología y que la integren de un modo más claro en su día a día cotidiano. Y, aunque esto ha llegado por absoluta necesidad, su presencia puede tener un eco en lo que ocurra en el futuro próximo.

La crisis del coronavirus ha acelerado la transformación digital de las empresas, obligándolas a tomar decisiones y a iniciar procesos sobre los que estaban todavía en no pocos casos reticentes. Este nuevo uso de la tecnología podría demostrarles el valor de la integración de estas herramientas en el día a día.

Para los consumidores, ver estas soluciones y usarlas de forma cotidiana podría hacer más fácil la aceptación de otras soluciones tech en el futuro y normalizar así la reconversión tech del retail.