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¿Estamos ahora en uno de los momentos en el que es más importante tener claro cómo hacer un curriculum vitae y cómo por tanto presentar de la forma más realista nuestra marca personal? Algunas cifras y algunos datos así lo dejan claro.

La industria del marketing y de la publicidad es una de las que tienen un más elevado ratio de rotación de personal. Algunos estudios han ido apuntando en los últimos años que los profesionales duran muy poco en su puesto de trabajo, porque buscan muy rápido una nueva ocupación o una nueva empresa en la que lanzar su carrera. Un estudio apuntaba así que solo un 25% de los marketeros era feliz en su empleo y otro que un 47% de los trabajadores estaba, de hecho, buscando otro trabajo frente el descontento ante su ocupación en la compañía en la que estaban en ese momento. Al mismo tiempo, dentro de la industria, los responsables de contratación se quejan de que se enfrentan a un problema a la hora de encontrar el talento que necesitan.

Una parte muy importante de esta situación está en una especie de desajuste entre las expectativas y la realidad. Muchos trabajadores se quejan, en los diferentes estudios sobre la cuestión, de que su trabajo no es lo que esperaban y también que la realidad presentada cuando estaban buscando empleo no es la que se encontraron después. En parte, este desequilibrio está anclado en el propio proceso de búsqueda de profesionales, entre lo que se cuenta y lo que se es. Es por ello que es tan importante saber cómo hacer un curriculum vitae de la manera más adecuda y, también, comprender como este es un elemento determinante que marcará no solo el empleo que logramos sino también cómo lo vamos a desempeñar.

De hecho, aunque el problema es acuciante en la industria del marketing y de la publicidad, no es ajeno a otros terrenos del mercado y los demás trabajadores, aunque en menos grado, también sufren de él. En otros sectores también es muy fácil encontrarse a empleados que no son felices con su puesto de trabajo o que sienten que lo que están haciendo no les llena, porque no está nada cercano a lo que esperaban encontrar cuando se incorporaron a su puesto laboral.

Quizás el problema de base en este terreno está en una conversación que se podría decir fallida. Cierto es que muchas ofertas de trabajo presentan una visión muy poco realista de lo que se encontrarán después los empleados y adornan con cierto filtro de color de rosa lo que será su trabajo real y diario. Pero cierto es también que no pocos candidatos acaban atrapados en empleos que nos les gustan, con los que no están cómodos o en los que sienten que no están cumpliendo como deberían porque en el proceso han ido embelleciendo las cosas y ajustando también la realidad para que sea más atractiva.

Es decir, han tomado su verdad profesional y la han modificado para que encaje con lo que creen que sus interlocutores quieren oír.

Mentiras y marcas personales falsas

¿Quién no ha forzado en algún momento las cosas y ha dicho que tenía un nivel de inglés mucho más elevado del que en realidad contaba? ¿Y quién no ha convertido sus habilidades "de andar por casa" en ofimática ganadas gracias a trabajar con su ordenador personal en un conocimiento avanzado del paquete Office en algún sistema profesional en el que había que marcar unas cuantas casillas tech para avanzar a la hora de crear un perfil?

Se siente casi que son como mentiras piadosas, como una especie de juego entre la realidad y la realidad aproximada, para así presentarse de un modo más atractivo ante los especialistas en recursos humanos. Cuando se mejoran los conocimientos que se tienen por los que se cree que las empresas quieren encontrar, dándoles una ligera mejora, no se siente que se esté haciendo algo excesivamente peligroso o que sea una falta demasiado grave.

Además, en un entorno que cada vez parece más obsesionado con la marca personal y en el que la imagen profesional que proyectamos está vinculada a tantos elementos, parece mucho más inevitable cruzar la línea o forzar ligeramente las cosas para que sean mucho más positivas. Ahora que las redes sociales han expuesto a los profesionales de forma continua y que hay que mantener una presencia recurrente y positiva, casi se siente que la tentación de presentar siempre las cosas de la manera más optimista es el paso lógico.

De pronto, estar en una conferencia se puede convertir simplemente en la oportunidad para venderse como una persona muy conectada, aunque no se sea tanto. Subir una foto a Twitter y sumar una etiqueta o un hashtag no parece algo tan grave. Y es solo un ejemplo.

Nadie quiere ser un vendehúmos

Las mentiras y las medias verdades no solo son una apuesta muy arriesgada a la hora de presentar el perfil profesional propio o de construir la imagen de marca personal, sino que también pueden tener un impacto muy negativo en el largo plazo. No solo se puede acabar atrapado en un trabajo para el que en realidad no encajamos, sino que además las cosas pueden acabar estallándonos en la cara. Nadie quiere, a pesar de todo, acabar siendo encasillado como un vendehúmos.

Escapar de esa especie de beso de la muerte profesional como es el ser metido en la caja de los vendehúmos o del lastre de estar en un trabajo que no nos hace felices es bastante simple. Todo se resume en saber contar la verdad y en saber presentar las cosas de la manera más favorable. No es necesario convertir el paso por una conferencia -que era el ejemplo anterior- en una oportunidad para alardear de contactos que no se tienen o de ocupar posiciones que no son reales, ni tampoco se debe caer en esa "mentira piadosa" de subir medio punto de forma automática el nivel de inglés.

Las capacidades propias, los conocimientos que se tienen, las experiencias vividas y la trayectoria que se ha desarrollado siempre son suficientes. Uno debe alardear de lo que sabe y de lo que puede hacer de verdad. Al fin y al cabo, es el bagaje que se tiene y no solo se debería estar orgulloso de ello sino que además ese es el más poderoso activo con el que se cuenta a la hora de presentarse como profesional.

Hacer un buen curriculum es sencillo

Todas las trayectorias y todos los perfiles son buenos. Todos tienen algo que destacar y algo que los hace únicos. La clave para que los demás vean lo que hace que cada uno seamos únicos, buenos y destacados está en saber contar qué es lo que nos hace como tales. No hay que inventarse nada ni que inflar las cosas, hay que transmitir de la mejor manera posible las propias capacidades y los propios talentos.

Usar herramientas que ayudan a construir mejor nuestro curriculum vitae, como puede ser el caso de CVWizard, ayudan a lograrlo. Lo importante no es meter muchas cosas en el CV, sino que, además de ser verdad, estén presentadas de un modo que sea fácil de seguir y que ayude a quien lo reciba a localizar rápidamente nuestras fortalezas. Por eso, las soluciones que nos guían a la hora de estructurar la información tienen un impacto muy positivo en cómo la preparamos y en cómo la compartiremos.

Y lo que ocurre con el currículo debe ocurrir también con los demás elementos que ayudan a conformar nuestra imagen profesional y nuestra marca personal. Nuestra presencia en redes sociales tiene que ser consistente y tiene que reflejar qué hacemos y por qué en ello somos buenos. A la hora de introducir nuestra historia profesional hay que usar de la mejor manera posible técnicas como el storytelling para hacer que a nuestros interlocutores no solo no les cueste seguir nuestra historia, sino que además les sea fácil comprender por qué somos valiosos.

Tener una buena marca personal y presentarse como un buen profesional solo implica saber usar y sacar el mejor partido a las cosas que tenemos.