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Si se ha comprado el periódico de los domingos durante mucho tiempo, se ha dejado de hacerlo y se ha vuelto a comprar tras ese período de tiempo uno un domingo cualquiera en los últimos tiempos, posiblemente se habrá llevado la persona compradora una no muy grata sorpresa. El primer impacto viene cuando se va a pagar el periódico. El precio del ejemplar ha subido ya hasta los 2,80 euros. El segundo impacto llegará cuando se analice lo que esos 2,80 euros están ofreciendo. Si hace unos años el periódico del domingo era un número 'gordito', ahora parece casi lo que antes ofrecían cualquier día de semana.

El País del domingo 4 de marzo, en su edición nacional, llegaba a las 59 páginas, aunque en realidad los contenidos se acababan en la 58 y la 59 y la contra eran publicidad. A esos contenidos había que sumar el suplemento interior ideas, 11 páginas que parecían menos a primera vista que el suplemento del pasado, y las páginas salmón. El domingo El País mantiene su suplemento papel (algo que otros medios han intentado reinventar en los últimos años).

Para quienes habían dejado de comprar el periódico en papel hace unos años y quienes lo hacían en el pasado porque la entrega del domingo era más amplia y contenía más reportajes que la de entresemana, enfrentarse a esta versión menguada del diario puede resultar especialmente llamativo (sobre todo si se piensa que el periódico es más caro que nunca, pero se tiene la sensación de que es de menos calidad de lo que lo era años atrás). Si se piensa que los números del fin de semana son los números con más tirón de los periódicos en papel (tanto que los propios periódicos ofrecen el poder suscribirse solo a ellos), se entiende todavía más el mensaje negativo que manda esta situación. ¿Cómo la entrega con más tirón ha perdido tanta tracción?

La situación es además bastante general entre la prensa en papel, que ha perdido páginas en los últimos tiempos y que ha perdido también cierto tono en reportajes y temas en profundidad.

Los periódicos se siguen aferrando a un modelo que ya no funciona

Antes, cada vez que pasaba algo inesperado, una noticia de última hora de alcance, los periódicos sacaban ediciones en papel especiales que se distribuían rápidamente. Puede parecer una realidad de cuando los niños vendían periódicos gritando extra extra por las calles, pero no lo es. Es algo que pasaba ayer mismo, como se puede visualizar solo echando mano de la memoria. ¿Tendría sentido hacer algo así ahora? Se podría decir que no, porque esa noticia de última hora, inesperada e histórica ya se consulta directamente en internet.

Y esto marca algo muy importante. Puede que hasta no hace mucho el periódico de papel pudiese cubrir la actualidad marcado por lo que es de última hora, pero ¿tiene sentido que el periódico se siga orientando hacia ello ahora que ese nicho lo comió internet y sus propias versiones online? De hecho, ¿quién no ha leído alguna vez en la edición impresa del periódico una noticia que ya había leído el día anterior en la misma edición online del diario en cuestión? No son pocos los analistas que creen que el periódico en papel tendría que centrarse en el análisis de fondo o en la versión más completa y pausada de los hechos. Quizás para la prensa de papel no quede más remedio que lanzarse a por el longform.

El periódico no se puede hacer sin periodistas

Posiblemente, lo que más claro debe quedar: si no tienes quienes te escriban esos temas en profundidad no vas a ninguna parte. La prensa papel es la que ha protagonizado cierres, despidos o ERTEs en los últimos tiempos. Y si no cuentas con una plantilla que haga el trabajo no vas a lograr contar con unos contenidos que conecten con el lector. Esto funciona tanto online como offline. Sobre el primer punto, queda claro cuando los periódicos se quejan de que sus versiones en red no logran suscriptores de pago. No lo lograrán si al final lo que le están ofreciendo al lector no es más que la misma noticia de agencia que han publicado ya otros veinte medios en la red.

La suscripción no es la mejor

Muchos medios ven en el potencial de las suscripciones, ya sean en papel o en internet, la única posible alternativa para posicionarse en un entorno en el que las cosas son cada vez más difíciles. Es una fuente de ingresos y una que puede lograr cubrir parte del dinero que ya no están recibiendo de los anunciantes o de venta en kiosko.

Pero lograr convencer a los lectores de que paguen no es fácil, especialmente en las versiones en internet. En este punto último, quizás, los medios tradicionales deberían hacer examen de conciencia. ¿Están ofreciendo algo que el internauta perciba como valioso y diferenciado como para conectar con ellos en lo que a su bolsillo toca? Medios como The Guardian, por ejemplo, logran cantidades importantes vía sistema de donaciones, pero han logrado crearse una cierta imagen. Das dinero a The Guardian porque escriben grandes temas y porque son 'realmente buenos'.

En el caso de las suscripciones en papel, el precio es muchas veces elevado y no por tanto atractivo. No es como las revistas estadounidenses, por ejemplo, a las que se puede uno suscribir en papel desde Europa sin pagar cantidades abrumadoras por ejemplar o por el envío de las mismas. Quizás, los medios tendrían que encontrar otros sistemas de suscripción que consigan hacer las cosas más sencillas y más competitivas.