Las audiencias ya están en YouTube, el dinero publicitario todavía no
Por Redacción - 5 Febrero 2026
La hegemonía de la televisión tradicional, ese tótem inamovible de la publicidad durante décadas, atraviesa un proceso de erosión irreversible que ha coronado a YouTube como el nuevo soberano de la pantalla del hogar.
Según los registros más recientes de Nielsen, la plataforma de video de Google ha logrado lo que parecía una utopía hace apenas cinco años: desplazar a los gigantes del entretenimiento convencional en su propio terreno, el televisor de la sala de estar. En países como EE.UU, los espectadores ya dedican ahora un promedio de 182 millones de horas diarias a consumir contenidos en este espacio, una cifra que eclipsa la suma total del tiempo de visualización de toda la infraestructura de Disney, incluyendo su cadena ABC, el músculo deportivo de ESPN y su robusto catálogo de streaming. Esta metamorfosis ha llevado a figuras prominentes como Ted Sarandos, codirector ejecutivo de Netflix, a admitir que la distinción entre contenido generado por usuarios y televisión profesional se ha disuelto por completo, reconociendo que los creadores digitales son hoy los verdaderos protagonistas de la industria televisiva.
A pesar de este dominio estadístico, persiste una brecha profunda y paradójica en la distribución de la inversión publicitaria.
Mientras la audiencia migra de forma masiva hacia las narrativas digitales, los presupuestos de las grandes corporaciones continúan anclados en modelos de inversión obsoletos que siguen privilegiando a la televisión lineal. Esta disonancia se hace evidente en la asignación de recursos a YouTube, tanto en la compra de medios como en la producción creativa, que permanece muy por debajo de los niveles destinados a los proyectos televisivos tradicionales. La brecha resulta aún más significativa al analizar los costes de producción: una campaña convencional para televisión puede requerir hasta cinco veces más presupuesto que una ejecución en YouTube, incluso cuando ambas persiguen impactar audiencias de tamaño comparable y recurren a talentos de alcance internacional.
Esta resistencia al cambio no se debe a una falta de éxito comercial de la plataforma, que recientemente reportó ingresos publicitarios trimestrales superiores a los 10.000 millones de dólares, sino a una cuestión de percepción y clasificación interna dentro de las empresas. Muchos anunciantes de gran envergadura continúan categorizando a YouTube bajo el epígrafe de marketing digital, obligándolo a competir por recursos con redes sociales de consumo rápido como TikTok o Instagram, en lugar de reconocerlo como el sucesor de la televisión de gran formato.
Esta visión fragmentada impide que las marcas aprovechen todo el potencial de una audiencia que ya no distingue entre un programa de televisión por cable y el contenido de su creador favorito mientras sostiene el mando a distancia. En paralelo, las pequeñas y medianas empresas han demostrado una mayor agilidad para ocupar este vacío, apoyándose en herramientas de compra automatizada que les permiten capitalizar una atención que las grandes multinacionales siguen dejando desatendida.
El desafío de la calidad y la seguridad de marca también juega un papel crucial en esta transición inacabada.
Para los directores de marketing, el contenido de YouTube a menudo se percibe como un territorio menos curado y, por ende, más arriesgado en comparación con la programación cerrada de una cadena nacional. Para mitigar este recelo, las marcas están estableciendo vínculos directos y duraderos con creadores de élite, buscando la lealtad y la confianza que estos han cultivado con sus suscriptores a lo largo de los años.
De cara al futuro inmediato, el gran desafío para los responsables de marketing es descifrar cómo integrar de manera coherente la inversión en YouTube dentro de estrategias globales que abarcan deportes, música y entretenimiento en vivo. La industria tecnológica ha comenzado a responder a esta demanda con nuevas herramientas orientadas a facilitar el intercambio de datos y a ofrecer mayor transparencia sobre el impacto real de las campañas. Sin embargo, el sector se encuentra en un punto de inflexión en el que la arquitectura financiera todavía no logra acompasarse con los hábitos reales de consumo. La batalla por la atención ya se ha ganado en el ecosistema del video digital, pero la disputa por una asignación presupuestaria justa sigue siendo la gran deuda de los departamentos de marketing que buscan mantener su relevancia en 2026.
















