Ámsterdam prohíbe la publicidad exterior y anuncios de carne en la calle
Por Redacción - 5 Febrero 2026
La capital de los Países Bajos ha dado un paso sin precedentes en la gestión del espacio público al formalizar una decisión que redefine la relación entre el consumo y la responsabilidad climática. A partir del próximo 1 de mayo, Ámsterdam se convertirá en la primera capital del mundo en prohibir de manera efectiva la publicidad de carne en sus calles, vallas y sistemas de transporte.
Esta medida, ratificada recientemente tras su aprobación en el consejo municipal, no busca erradicar el producto de la dieta ciudadana de forma impositiva, sino retirar el respaldo promocional masivo a una industria cuyas externalidades ambientales son hoy motivo de debate científico y político global. La normativa se implementará mediante una modificación estructural de la Ordenanza Local, asegurando que el paisaje visual de la ciudad sea coherente con los ambiciosos objetivos de sostenibilidad que la administración local se ha propuesto alcanzar en las próximas décadas.
El alcance de esta restricción publicitaria es específico y estratégico, centrando su fuerza en la vía pública para evitar la saturación informativa que incentiva el consumo excesivo de proteínas animales. Sin embargo, el consistorio ha buscado un equilibrio para no caer en un intervencionismo que asfixie al comercio tradicional. Los establecimientos que comercializan productos cárnicos, como las carnicerías de barrio, mantendrán el derecho a promocionar sus artículos en sus propios escaparates o en la zona inmediata a sus locales. Del mismo modo, la medida no se extiende a los medios de comunicación privados como la prensa escrita, la radio o las plataformas digitales, lo que subraya que la intención principal es recuperar el espacio común como un territorio donde no se fomente activamente aquello que contradice las políticas de salud pública y preservación del ecosistema.
Esta iniciativa no nace de forma aislada, sino que responde a una coalición política integrada por el Partido por los Animales y la Izquierda Verde, quienes han logrado consolidar una mayoría suficiente para llevar adelante este cambio normativo. La premisa que defienden los impulsores de la ley es la coherencia institucional, bajo el argumento de que una ciudad que se declara en emergencia climática no puede, al mismo tiempo, beneficiarse económicamente de la promoción de sectores con una huella de carbono elevada. De este modo, la carne se suma a una lista negra de publicidad en exteriores que ya incluye a los vuelos comerciales, los cruceros, los combustibles fósiles y los vehículos de combustión. Ámsterdam se alinea así con el Tratado Basado en Plantas, buscando que para el año 2050 la dieta de sus habitantes esté compuesta en al menos un 50% por alimentos de origen vegetal.
La base científica que sustenta esta decisión es contundente y cuenta con el respaldo de organismos internacionales.
La Organización de las Naciones Unidas ha señalado repetidamente que la producción de carne roja y lácteos conlleva una carga de emisiones de gases de efecto invernadero significativamente mayor que la producción de vegetales, granos y legumbres. En este sentido, la transformación del sistema alimentario se percibe como una de las herramientas más eficaces para mitigar el calentamiento global. Al reducir la presencia visual de la carne en el día a día del ciudadano, se pretende desnaturalizar un modelo de consumo que, según estudios publicados en revistas de prestigio como Nature, duplica las emisiones generadas por la agricultura destinada directamente al consumo humano.
Más allá de la ecología, la salud pública desempeña un papel determinante en esta nueva política urbana. Los organismos de salud de los Países Bajos han recomendado un giro sustancial en la proporción de proteínas consumidas por la población, sugiriendo pasar del actual esquema predominante de origen animal a uno donde la proteína vegetal represente el 60% del total. Ámsterdam se convierte así en el laboratorio de un movimiento que ya ha comenzado a germinar en otras localidades neerlandesas como Haarlem o Utrecht. Al retirar los estímulos visuales de la industria cárnica, la capital no solo busca un aire más limpio o una ciudad más verde, sino también una ciudadanía más consciente de que cada elección de compra tiene un impacto directo en el futuro del planeta y en el bienestar colectivo.
















