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Tras un año malísimo sienten que se merecen un capricho y están gastando dinero en ello sin muchas dudas 

Si se piensa en lo que sugiere la palabra venganza, se pensará en grandes dramones literarios con muchas muertes de por medio, en casos de noticias de sucesos o en otras cuestiones igualmente negativas. Es poco probable que se piense en consumo.

Sin embargo, a la hora de abordar en qué estado de ánimo se encuentran los consumidores y cómo están afrontando las cosas en el segundo verano de la pandemia, venganza es la palabra clave para comprenderlo. Los consumidores están muy cansados - hartos se podría decir - de la crisis del coronavirus y se están tomando la revancha por su mano. Esa venganza es consumo.

Así, en Estados Unidos se empieza a hablar ya de revenge travel, viaje de venganza, que viene a ser, como explica Axios, que los consumidores están intentando recuperar el tiempo perdido sin moverse durante la pandemia ahora. La industria hotelera está viviendo un rebote del gasto que está siendo mucho más acelerado de lo que esperaban.

Nueva York ya llegó a una ocupación en fin de semana del 72%, cuando estaba manejando previsiones de que llegar a esos números le llevaría quizás años, y la ocupación media en EEUU en el último gran puente ha estado ya en un porcentaje (83%) que es el más alto desde octubre de 2019.

Los ingresos generados por habitación en los hoteles resort son ya, de hecho, superiores a los datos de 2019. No es Jauja (en Axios dejan claro que no todos los players están en esa situación y que hay problemas importantes), pero sí un indicador del poder de la venganza en consumo. Los consumidores quieren el desquite.

Los indicadores de ese retorno de las vacaciones de verano no solo se ven en el mercado de Estados Unidos. Un estudio de Ipsos realizado usando su comunidad de usuarios dejaba claro hace unas semanas que los encuestados iban a viajar sí o sí: el 100% de los encuestados aseguraba que este verano sí que se iba a ir de vacaciones. Lo haría, además, a un hotel y no a una segunda residencia.

No es solo una cuestión de turismo

El turismo es uno de los entornos en los que esta tendencia se ve de forma bastante incuestionable, pero ni es la primera industria que da muestras de ello ni será la única beneficiada. Los analistas llevan ya meses adelantando la inminencia del revenge shopping, o cómo la salida de la crisis iba a venir acompañada de un frenesí de gasto.

Los consumidores están hartos de estar en casa y van a intentar recuperar el tiempo perdido (y no hay que olvidar que las tasas generales de ahorro durante estos meses subieron). En los mercados pioneros en la vuelta a la normalidad, como China, esa pauta de comportamiento ya se ha registrado.

Y, como apunta una columna en AdWeeek, en el corazón de todas las tendencias de consumo que se registrarán este año estará el revenge spending, el gasto de venganza. Los consumidores van a aumentar el gasto en cosas y en experiencias que les generen satisfacción, que les hagan sentir una cierta compensación por lo que han perdido en este año último.

Así, por ejemplo, la lista de cosas que se incluyen como compras básicas este verano son zapatos, smartphones, ropa de salir y entradas para conciertos y deportes.

Los consumidores quieren consumir cosas que les hagan sentir bien. En España, según desvela un estudio de Kantar, el consumo por placer creció en el año del coronavirus (en 2020 frente a 2019) y se ha quedado como un motivador de compra. Los consumidores están, de hecho, dispuestos a pagar hasta un 15% más por productos que se compran como indulgencia, como capricho.