Por Redacción - 11 Febrero 2026
Según el análisis de Softtek en su reciente informe sobre tendencias digitales, el concepto de inteligencia artificial como un simple acompañante o copiloto ha quedado superado por la necesidad de una ejecución integral.
Esta transición hacia la inteligencia artificial agéntica representa un cambio de paradigma donde la tecnología ya no se limita a sugerir respuestas o resumir textos, sino que asume la responsabilidad de completar procesos de negocio de principio a fin. El estancamiento que muchas compañías experimentaron previamente, denominado por los expertos como la paradoja de la IA generativa, se debió principalmente a que el uso de estas herramientas se centró en tareas aisladas que no impactaban directamente en los indicadores estratégicos de rendimiento. Ahora, el enfoque se desplaza hacia sistemas capaces de razonar y actuar de manera independiente para mover verdaderamente la aguja de la productividad empresarial.
El corazón de esta evolución reside en la implementación de arquitecturas basadas en agentes autónomos que poseen la capacidad de planificar y coordinar acciones complejas sin requerir una supervisión constante.
A diferencia de los sistemas tradicionales, estos nuevos agentes inteligentes operan bajo un modelo de ejecución de ciclo cerrado, lo que significa que pueden identificar un problema en la cadena de suministro o una reclamación de un cliente y proceder a resolverlo directamente dentro de los sistemas digitales de la empresa. Esta capacidad de actuación directa convierte a la tecnología en el sistema nervioso central de la organización, permitiendo una trazabilidad total y una velocidad de respuesta que el talento humano, limitado por procesos manuales, no podría alcanzar por sí solo. La infraestructura técnica que sostiene este avance permite que los datos y las herramientas se conecten de forma orgánica, eliminando los silos informativos que históricamente han retrasado la toma de decisiones críticas.
Un aspecto fundamental de esta nueva configuración es la orquestación de sistemas multiagente, donde diversas entidades especializadas colaboran entre sí para alcanzar objetivos ambiciosos.
No se trata ya de una única inteligencia intentando resolverlo todo, sino de un ecosistema de agentes que se comunican, negocian y dividen el trabajo según su especialización técnica. Esta sincronización permite que las tareas más sofisticadas sean desglosadas en pasos lógicos ejecutados por el agente más apto en cada momento, garantizando una eficiencia que redefine los estándares operativos actuales. Para las empresas, esto supone una transición desde la gestión de personas que operan herramientas hacia la supervisión de sistemas que gestionan resultados, lo que obliga a replantear no solo la infraestructura tecnológica, sino también la cultura organizacional y la estructura de mando.
En este escenario de automatización avanzada, el rol de los profesionales se eleva hacia funciones de mayor valor estratégico y ético.
Al verse liberados de las cargas operativas más rutinarias y agotadoras, los trabajadores asumen la posición de diseñadores de objetivos y guardianes de las políticas corporativas. La labor humana se desplaza hacia la definición de los marcos bajo los cuales deben operar los agentes, asegurando que cada acción automatizada cumpla con los estándares de calidad y los principios éticos de la compañía.
Doris Seedorf, responsable de Softtek en España, subraya que la verdadera ventaja para este año no reside en buscar formas de ayuda puntual, sino en identificar qué procesos pueden ser gestionados íntegramente por agentes que aprenden y se ajustan en tiempo real. Este cambio demanda un esfuerzo institucional en la formación constante, donde el aprendizaje de nuevas capacidades se enfoque en la auditoría y el entrenamiento de estos sistemas autónomos para garantizar que la tecnología siempre actúe en beneficio de la estrategia global.
















