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¿Qué aplicación puede tener una personalidad así en el terreno del big data?

Uno de los temas de debate que se han convertido en más habituales en los últimos tiempos es el de dónde está el límite entre lo que esperar en el futuro: ¿se quedará todo en manos de los algoritmos y de los profesionales técnicos o queda todavía un mercado para lo creativo y para los profesionales con esos perfiles? Es decir, ¿en esta avalancha de cuestiones gestionadas por datos, analizadas con programas predictivos y seguidas por profesionales de carreras técnicas incluso en terrenos que habitualmente estaban en mentes creativas tiene todavía algún peso la imaginación?

Pues lo cierto es que sí: los datos - el emergente big data - no sirven únicamente por si solos. Hasta ahora, muchos han sido los estudios que han destacado la importancia de contar con buenos profesionales para conseguir sacar al big data todo lo necesario. No basta con una buena idea o con una buena base de datos. También hay que tener a una buena persona que sepa gestionar todo ello. El data scientist se ha convertido en un profesional altamente demandado, que todas las compañías quieren incorporar a sus filas, porque es quien sabe gestionar todo lo relacionado con los datos y quien es capaz de convertir la información en una fuente de riqueza para la empresa.

Pero el data scientist no está solo: ahora las empresas también reclaman al data artist (o quizás lo reclaman de forma alternativa) y este profesional destaca no por haber estudiado Matemáticas o por ser un experto en cuestiones de gestión de base de datos. Al artista de los datos lo que se le pide es que sea creativo.

¿Quién es el data artist? En los últimos años han aparecido numerosos artistas que construyen sus obras con arte. Sus instalaciones están basadas en la información de los consumidores, ya sea convirtiendo en globos de colores los datos estadísticos sobre cómo piensan en la muerte los ciudadanos (y existe) o haciendo que la vida amorosa se convierta en gominolas de colores (también existe). El potencial de la información es muy elevado y los avances técnicos permiten crear una nueva, por así decirlo, poética del dato. Y sí esos son artistas del dato, pero cuando hablamos desde un punto de vista empresarial no es eso exactamente lo que se está buscando.

El data artist, como explican en un artículo en Forbes, es un profesional de elevada creatividad, que es capaz de ver las cosas de una manera distinta a los demás. ¿Qué aplicación puede tener una personalidad así en el terreno del big data? Lo cierto es que su papel puede ser muy importante: el artista del dato puede peinar los datos y ver cosas que los demás no son capaces de ver y también es capaz de plantear preguntas que a los demás no se les ha ocurrido plantear. El artista del dato verá las cosas de una manera completamente diferente, totalmente nueva y mayoritariamente rompedora. Así conseguirá lo que sus compañeros no han sabido ni siquiera buscar.

En realidad, el data artist es una aplicación sobre el mundo de los datos de una idea que lleva años dando vueltas en el mundo de los negocios, la de pensar out-the-box. Aplicado a los profesionales del big data, tienen que ser trabajadores muy intuitivos, arriesgados y que tengan muy buenas o excepcionales habilidades en el campo de la comunicación.

De hecho, la plantilla perfecta para trabajar en el mundo de los datos, según una estimación de Teradata Labs, requeriría una horquilla de perfiles en la que el creativo estaría muy presente. Las empresas necesitarían a tecnólogos que escriban código y algoritmos, a estadísticos que hagan los análisis cuantitativos y conviertan los números en otra cosa y a los creativos que sepan ver en esos números información importante (datos que, señalan, los perfiles técnicos suelen perder de vista). "Son diferentes tipos de personalidades", explica a InformationWeek el presidente de Teradata Scott Gnau. "Cuando estas personas trabajan juntas, se consigue el valor".

El creativo no tiene que saber los aspectos técnicos, ni siquiera tiene que ser capaz de cubrir a sus compañeros técnicos. Su papel es completamente diferente: ellos son quienes ven, quienes reciben lo final, quienes descubren entre los datos los diamantes de valor. Ellos leen e interpretan, como harían los estudiantes de literatura con un poema. El problema está en que las empresas entienden la necesidad de tener a un perfil técnico gestionando todo este proceso, pero no siempre acaban de ver que también necesitan a un perfil creativo para poder hacer que el esfuerzo de los primeros se convierta en algo de peso.

Una llave para ver los datos

El papel de los artistas de los datos no está únicamente en ser quienes se plantean lo que nadie piensa sobre la información. También se han convertido en una llave para que los demás puedan entender qué ocurre con la misma. Entender todas esas grandes avalanchas de datos es cada vez más complicado, sobre todo porque no hay una manera clara de transmitir todo eso de forma que sea preciso y sencillo, que no cueste mucho entender. Y ahí es donde el profesional de big data se convierte en un artista (y en un perfil más parecido a la primera explicación que podríamos dar al ser artista del dato).

Grandes compañías, como pueden ser Microsoft o Google, están de hecho fichando a profesionales de ese terreno (y robándolos incluso a museos) para que se encarguen de crear visualizaciones de información, como explican en ITworld. The New York Times, por ejemplo, fichó a un artista para seguir la vida de las noticias en Twitter y ver la fecha de caducidad de la información en redes sociales.

Los artistas se convierten así en una manera fácil para ver qué está pasando y ayudar a las empresas a identificar y entender objetivos y retos. Y si las empresas del mundo del arte han entendido la importancia de la parte técnica para ser capaces de afrontar el futuro (los museos están adaptando el big data para adelantarse a los gustos de los consumidores o para crear nuevas manifestaciones de arte), que menos que jugar también en el otro sentido y entender el potencial que el arte tiene para convertir los datos en riqueza.