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Las smart TV se están convirtiendo en un dispositivo cada vez más popular en los hogares de medio mundo. Las televisiones inteligentes convierten a la que hasta ahora se conocía como la caja tonta en un electrodoméstico interactivo, que permite muchas más posibilidades que simplemente ver la programación que emiten en tiempo real los diferentes canales de televisión y que convierte a la televisión en uno de los pilares del nuevo hogar marcado por el internet de las cosas. Pero ¿qué aportarán las televisiones inteligentes al nuevo panorama de relación entre los consumidores y las marcas?

Por el momento, las promesas y las predicciones sobre cómo cambiará la relación entre unos y otros son más habituales que los hechos, como más habituales son también las filtraciones o los descubrimientos de prácticas que no son las más adecuadas y que hacen que los consumidores se sientan más preocupados que emocionados con el potencial publicitario de las televisiones inteligentes.

Hace no mucho, un medio estadounidense ponía sobre la mesa que las smart TV empezaban a contar con publicidad en formato pop-up, un formato publicitario que no era el más habitual en este tipo de soportes (aunque ya se había probado en alguna ocasión) y que resulta especialmente molesto en la televisión. Las estimaciones también señalaban que las smart TV podrían incorporar en el futuro banners y otros tipos de anuncios que funcionan especialmente bien en internet. Y, además, las televisiones inteligentes se pueden convertir en una mina de información y datos con los que las marcas pueden conocer mejor a sus clientes.

Y ahí es donde ahora mismo se están concentrando las principales quejas de los usuarios: ¿qué es lo que la smart TV del salón puede saber sobre el consumidor? Algunos consumidores temen que demasiado y demasiado personal (al fin y al cabo ocupan algunos de los espacios más privados del hogar) y una lectura atenta de las condiciones de uso que firman los clientes de las smart TV de Samsung han echado más leña al fuego.

Las televisiones inteligentes de la compañía cuentan con reconocimiento de voz, ya que algunas de las órdenes que se pueden dar al dispositivo se pueden hacer a viva voz. Pero si la televisión puede ser ordenada simplemente hablando, el terminal tendrá que estar siempre a la escucha para poder saber cuándo se le ha pedido algo. Y si está siempre a la escucha, escuchará también cosas que no le interesa escuchar y las procesará.

"Por favor, tenga en cuenta que si sus palabras incluyen información personal y sensible, puede que esa información esté incluida entre los datos capturados y transmitidos a una tercera parte a través del uso de Voice Recognition", reconocen en las condiciones de uso como publica TechCrunch. La oración tiene cierta lógica, pero eso no ha impedido que los consumidores hayan visto un poco más allá. La tele inteligente se ha convertido en un espía en el hogar, acusan mientras trazan paralelismos con 1984 de George Orwell.

El tema se ha convertido en contenido viral y los medios de comunicación primero estadounidenses y después de otros países han recogido el polémico punto de las condiciones de uso y se han lanzado a analizarlo. Y aunque Samsung ya ha emitido un comunicado diciendo que no están espiando a los consumidores en sus hogares y que mucho menos están vendiendo lo que pueden descubrir a terceras partes, el daño ya está hecho y ya son muchos los que se preguntan qué pueden saber de nosotros las televisiones inteligentes y cómo usarán esos datos las marcas.

¿Qué puede saber la tele inteligente?

La smart TV forma parte de la nueva generación de dispositivos conectados que existen en los hogares y que se convertirán en el núcleo duro del internet de las cosas. Los electrodomésticos se conectarán de forma general a la red y ofrecerán nuevas posibilidades como avisar cuando el consumidor tiene que comprar, ser gestionados con órdenes de voz o encenderse y apagarse solos. Los terminales serán inteligentes y eso hará de entrada la vida más fácil a los consumidores.

Pero el internet de las cosas no solo tendrá ese potencial en el terreno de lo que puede o no hacer para el consumidor, también lo tendrá en el cambio de las relaciones entre los consumidores y las empresas que ofrecen servicios, productos o cualquier cosa que el ciudadano necesite.

Los electrodomésticos lo sabrán todo sobre los consumidores y se convertirán en una fuente de información muy elevada sobre cómo son realmente y lo que quieren en verdad consumir. La tele podrá chivar si realmente se ven los documentales de La 2 o los programas del corazón, la nevera podrá estudiar nuestros hábitos de alimentación y la lavadora acumulará datos sobre si separamos o no la ropa de color y si ponemos programas especiales para ella.

Para las marcas esto es una oportunidad de oro: en el nuevo mundo de los datos, tendrán información de primera mano y sin trampa ni cartón sobre cómo son sus consumidores. Para los consumidores, esto podría convertirse en una situación un tanto compleja en la que la realidad podría llegar a causar cierto temor. ¿Quieren los consumidores realmente que sus televisores escuchen sus conversaciones de salón?

Las marcas tendrán por tanto que tener muy claro qué puentes no se deben volar y qué fronteras no se deben cruzar y tendrán que ser muy claros y transparentes a la hora de contar lo que están haciendo y cómo funcionarán sus actividades en el futuro. El por qué se hace algo y el qué se conseguirá con ello son, por tanto, elementos determinantes para que el consumidor no empiece a temer a su televisión, a su nevera o a su lavadora demasiado inteligentes.

Periodista online y apasionada por la literatura, las nuevas tecnologías y por los zapatos. Editora...