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En los últimos años, Mattel se ha enfrentado a un problema, uno de esos que hacen que las empresas se preocupen (mucho) y que los analistas empiecen a hablar de crepúsculo de las grandes estrellas. La firma, que ha sido una de las grandes de la industria juguetera del siglo XX, no ha dejado de presentar resultados desalentadores en los últimos trimestres. Parte de la culpa estaba en una de sus muñecas bandera: Barbie ya no encajaba con los intereses de los niños de hoy en día.

Y en la última New York City Toy Fair, una de esas ferias de juguetes de dimensiones espectaculares, Mattel ha presentado una especie de golpe de efecto: la nueva Barbie será - más o menos literal - inteligente. El juguete llegará a finales de año al mercado estadounidense (a tiempo para la campaña de Navidad) y costará 74,99 dólares. La muñeca estará siempre conectada a la red vía WiFi, lo que le permitirá acceder a esa importante base de datos que es internet. Y esto es importante porque la nueva muñeca, bautizada Hello Barbie, cruza el potencial de la Barbie de siempre con el de los asistentes a lo Siri. Con esta Barbie se puede mantener una conversación y Barbie puede contestar con lógica.

La nueva Barbie es fruto del trabajo en colaboración con la empresa ToyTalk, una firma que, como explican en su web, está especializada en crear "personajes conversacionables". Su tecnología permite que Barbie no solo diga las cuatro frases habituales que venían programadas en este tipo de juguetes, sino que esté preparada para responder realmente a lo que los niños pueden tener intención de preguntar. Barbie puede por tanto, y como es el sueño de tantos niños con respecto a sus juguetes, mantener conversaciones reales.

Por el momento, son unos escritores los que escriben las respuestas a las posibles conversaciones que puede tener Barbie (muchas), aunque lo cierto es que las posibilidades son bastante amplias. "La idea es que vayan (los temas de conversación) a las cosas que los niños aspiran a ser y los proyectos de carrera que Barbie representa, desde científica, matemática, surfera, pintora, escritora, todas las cosas que Barbie ha sido", explicaba uno de los responsables del proyecto a FastCompany. "Hablarán sobre sentimientos y la moda siempre es divertida. Es Barbie, así que tenemos que estar ahí. Hemos estado mirando lo que Barbie y los niños y niñas que juegan con Barbie quieren hacer, lo que les gustaría preguntarle".

Además, la muñeca aprenderá de las conversaciones que mantiene con cada niño exacto. Como apuntan en la BBC, si un niño le dice que le encanta bailar, Barbie tomará nota y lo usará en conversaciones futuras.

Barbie no estará todo el tiempo hablando. Los niños tendrán que activarla (tiene un botón de encendido y apagado) para que esta responda. La privacidad de sus conversaciones estará por tanto más o menos salvaguardada.

Barbie es la cabeza visible

Pero Barbie, aunque es quien más titulares ha conseguido, no es la única que está protagonizando esta revolución en el mundo de la juguetería. Los juguetes se están volviendo cada vez más inteligentes y están incorporando cada vez más y más elementos propios del universo smart. La revolución del internet de las cosas ha conseguido cosas tan llamativas como plantas que tuitean sus sentimientos o sus necesidades de regado, neveras que mantienen al día la lista de la compra u hornos que estudian las calidades de los asados para establecer las temperaturas perfectas para que queden tal como nos gusta.

El internet de las cosas no solo implica que todos los dispositivos estén conectados a la red sino también que actúen con nosotros. Los consumidores se han acostumbrado al toque de inteligencia que parece impregnarlo todo y esperan que todas las cosas respondan a esas necesidades y situaciones. Los teléfonos ya no son solo dispositivos para llamar o incluso dispositivos para conectarse a internet, ahora también son asistentes y aliados personales gracias a 'amigos' como Siri o Cortana (la apuesta de Microsoft) que escuchan lo que decimos, lo reconocen y nos responden con sentido.

Barbie no es más que una evolución lógica de esta situación, especialmente si se tiene en cuenta que los niños de hoy en día son completos nativos digitales y esperan este tipo de soluciones en todas partes. Esos niños que cogen una revista en papel y esperan que funcione como un tablet (como todos hemos visto en los seguramente cientos de virales sobre el tema) ya no quieren soñar con juguetes que les hablan. Quieren tenerlos.

La tendencia de los 'smart toys', o del internet de los juguetes, es por tanto una conclusión esperable y ha sido una de las cuestiones emergentes que se han visto en la feria de juguetes en la que se presentó Hello Barbie. Los lanzamientos en los últimos meses también se han ido sucediendo. Vivid Toy lanzó en noviembre del año pasado a Cayla, una muñeca que empleaba tecnología de reconocimiento de voz y las herramientas de traducción de Google para hablar con los niños.

Y Elemental Path, una startup, acaba de cerrar con éxito su ronda de crowdfunding para recabar fondos para lanzar una colección de dinosaurios inteligentes. El dinosaurio se beneficiará de la tecnología de Watson, el superordenador de IBM, para responder e interactuar con los niños y podrá, por tanto, mantener conversaciones inteligentes con ellos y ofrecer un elevado caudal de información. Además, aprenderá de lo que le digan y será capaz de responder a órdenes, como la de sentarse y la de moverse.

Los riesgos de los juguetes conectados

Aunque, obviamente, los juguetes conectados no son una apuesta tan simple como parece. Los fabricantes tendrán que crear listas de cosas que sus muñecas pueden o no pueden decir, ya que internet es un campo muy grande y los niños una audiencia muy sensible. Por otra parte, como toda cosa conectada a la red, los juguetes empezarán a ser sensibles a los hackeos y tendrán que protegerse de las veleidades de los cibercriminales. La gran pregunta a la que estos juguetes tendrán que enfrentarse es la de qué harán para proteger la seguridad de sus compañeros de juegos.

Y, además, también está la cuestión de qué ocurrirá con todos los datos que estos juguetes inteligentes generarán. Los datos se han convertido en el elemento determinante de la economía actual, en la base de la sabiduría a la que pueden echar mano las empresas cuando quieren descubrir cómo son sus consumidores y ofrecer soluciones a su medida. ¿Qué pasará con los datos que no llegan de una pulsera de deporte o de una nevera sino de la muñeca de última generación?