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La primera vez que pagué con mi teléfono móvil lo hice en un supermercado, en una caja de autopago, por probar cómo era la experiencia de uso y para testear una aplicación que de forma primordial me había bajado para pagar mi parte en las clásicas comidas en las que mucha gente comparte cuenta. Por supuesto, la experiencia estuvo lejos de ser fácil, pero no por la app ni por el sistema sino porque era la primera vez que me enfrentaba a ello.

La segunda vez que pagué con el móvil fue por una cuestión muy simple. Estaba cargada con varias bolsas, la cartera estaba sepultada bajo muchas otras cosas y tenía el móvil en la mano. Fue en una tienda y siendo atendida en caja: a la persona que me atendió que pagase con mi móvil ni siquiera le pareció sorprendente.

El futuro de los pagos está, por tanto, no ya a la vuelta de la esquina sino ya bastante integrado en el día a día. Los pagos móviles fueron una de esas tendencias que aparecían como uno de los elementos emergentes de cara al futuro que manejaban empresas y analistas como uno de los potenciales grandes cambios del mañana, pero lo cierto es que ya están de forma bastante operativa y de un modo bastante cercano para el ciudadano medio. Lo están además de forma habitual e integrada.

Sin ir más lejos, en la ventanilla de atención al cliente de mi caja de ahorros de toda la vida me recomendaban el otro día emplear su solución de pagos móviles como herramienta para solventar un problema. Hace poco más de un mes, Samsung anunciaba que se sumaban a Samsung Pay las entidades de Euro6000 que aún no estaban en la red de pagos móviles y que su comunidad tenía ya "más de dos millones de usuarios registrados en España".

Un estudio de GlobalData señalaba que la industria de los wearables moverá 54.000 millones de dólares en 2023 y una de las razones por las que señalaba que crecería era por los servicios ofertados crecientes, incluidos servicios de pago contactless.

El perfil del usuario de pagos móviles

Los pagos móviles son por tanto cada vez más habituales y lo serán cada vez todavía más. Un estudio de GlobalWebIndex acaba de señalar, de hecho, que a nivel global 4 de cada 10 adultos online ya ha usado en el último mes sus dispositivos móviles para pagar por bienes y servicios.

Los datos son superiores en algunos nichos demográficos frente a otros. Así, el 43% de los consumidores de entre 16 y 34 años ha realizado pagos móviles, frente al 26% de los de 55 a 64. Los datos estadísticos señalan que no hay una diferencia notable entre géneros (aunque los hombres pagan más con sus móviles la diferencia es poco notable: solo dos puntos porcentuales) aunque sí hay un cierto perfil de usuario tipo. Quienes pagan con sus móviles suelen ser personas con un nivel de educación y de ingresos más alto.

El peso de los pagos móviles es más elevado en la región APAC (Asia-Pacífico), aunque está creciendo también en Europa. Los datos europeos son positivos, tanto que se está acercando a los datos de los mercados APAC y que los players más destacados de esos mercados (como Alipay) están mostrando interés por lo que ocurre en Europa. En Dinamarca, por ejemplo, 6 de cada 10 adultos online ya usaron sus móviles para pagar en el último mes y Austria, por poner otro ejemplo, es el segundo mercado de mayor crecimiento a nivel global.

Todo ello está perfilando una nueva realidad en la que los pagos móviles estarán cada vez más presentes y tendrán un mayor ascendente y en el que las empresas y las marcas no pueden permanecer ajenas a estos cambios.

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