PuroMarketing: Noticias de marketing, publicidad y marcas

Puede que hace algo más de una década la importancia de los datos era algo que los responsables de las empresas early adopters estaban empezando a comprender. Era el momento en el que los congresos y los eventos para prensa especializada incluían sesiones en las que se explicaba qué era el big data y por qué resultaba tan importante. Se estaba intentando hacer comprender que se necesitaba la información para intentar posicionar a las marcas y a las empresas y para ocupar posiciones mucho más sólidas y mucho más destacadas.

Los responsables de las empresas lo comprendieron bastante rápido o al menos eso parecía. La idea de que la información era "el petróleo del siglo XXI" se asentó como una de esas creencias clave que había que tener claro para comprender cómo se operaba en los negocios y en qué se asentaba la estrategia de las compañías. Los datos eran lo que marcaba la diferencia.

Poco a poco, eso sí, empezó a quedar claro que la información también tenía sus riesgos y también creaba problemas. Los consumidores se fueron educando progresivamente en los que los datos suponían y lo que las empresas acababan sabiendo sobre ellos gracias a la información. Al mismo tiempo, los diferentes escándalos sobre privacidad fueron dejando claro que no todo era perfecto y haciendo que su posición hacia la información y el uso que se hacía de ella fuese más sensible.

Por otro lado, las empresas también empezaron a comprender que en el mundo de los datos había diferentes velocidades y que la situación que creaban estaba muy lejos de estar nivelada. Una pequeña empresa tenía un acceso mucho más limitado a la información que una empresa de gran tamaño. Incluso, entre las grandes compañías, también había diferentes ligas. Los grandes gigantes de internet se habían posicionado de una manera mucho más firme y sólida que la que ocupaban las demás grandes empresas. Los datos a los que tiene acceso Google, por ejemplo, son mucho más granulares y permiten conocer mucho mejor a los consumidores que los que tienen otras multinacionales.

Esto ha creado, por tanto, un escenario en el que las empresas dependen mucho de los datos que tienen sobre los consumidores pero, al mismo tiempo, no todas están en las mismas posiciones con respecto a la información.

Y, de forma paralela, ciertos players se han convertido en los actores con más datos de los consumidores, haciéndolo además desde un mismo entorno. Los gigantes de Silicon Valley son quienes más información "útil" sobre los consumidores han acumulado y quienes les están sacando un beneficio más amplio. Esto abre ciertas dudas en términos de privacidad y leyes (los consumidores no necesariamente están en Estados Unidos) pero también dependencia y comercio.

¿Están quedándose ciertos mercados atrás en la guerra de los datos?

Y ¿va a ser, aunque parezca una cuestión ya demasiado madura como para arrancar ahora el debate, la próxima guerra comercial la que enfrente a los diferentes bloques por el control de los datos de los consumidores?

La UE quiere actuar con respecto a los datos

La Unión Europea ha creado un escenario controlado para lo que se puede hacer con la información con su ley de protección de datos, que entró en vigor hace ya un año. Ahora, podría estar preparándose para lanzarse a una guerra comercial por la información.

Como señalan en El País, Europa estaría ultimando un plan de batalla con el objetivo de evitar que el control de la información caiga en las manos de los gigantes estadounidenses. Quieren reafirmar lo que llaman "soberanía digital" y que los gigantes de la red - gigantes de Silicon Valley - no monopolicen el control de la información de los consumidores y lo que ocurre con esos datos. El movimiento está liderado por Alemania y Francia, pero los últimos cambios políticos en la UE, recuerdan desde el diario, permitirán asentar el movimiento en Europa. La nueva responsable de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, recuerdan, es próxima a Angela Merkel y podría ser la llave para que la Unión Europea se lance a luchar en este terreno.

Hacerse con el control de los datos y limitar el poder de las empresas estadounidenses en este terreno tendría, además, cierta lógica. Europa quiere reducir la dependencia de EEUU (algo comprensible tras ver los efectos de las últimas guerras comerciales iniciadas por ese país) pero también el que las empresas europeas pierdan fuerza en una situación en la que los datos y su control están en manos de otros, que se convierten en incuestionables rivales más fuertes.

Además, los líderes políticos tanto alemanes como franceses han ya mostrado cautela ante el hecho de que las empresas de servicios en datos y gestión de los mismos (por ejemplo, cloud) sean principalmente estadounidenses, ya que hace que las empresas europeas dependan de terceros de forma recurrente.

A estas maniobras hay que sumar que la Unión Europea lleva años ya apuntando en dirección a la transformación digital y al trabajo en esa dirección como elementos claves de la estrategia comunitaria. La cuestión quizás es la de si las palabras y los objetivos se convertirán en algo tangible, para una vez ahí ver cómo cambian las cosas.

ESERP Business & Law SchoolFlyeralarmDataCentricUDIMA, Universidad a Distancia de MadridExaprintIEBS Digital Business SchoolCEF Centro de Estudios FinancierosUPF Barcelona School of ManagementMedianzo