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Uno de los grandes temores de los consumidores es que vuelva a producirse una gran crisis económica. La profunda recesión con la que arrancó el siglo XXI no se ha olvidado (y algunos todavía creen que no se ha salido por completo de ella), lo que hace que los consumidores sigan preocupados por lo que la economía puede traer en el futuro inmediato. Las tensiones globales políticas, como ocurre con el proceso del Brexit y con las guerras comerciales de Estados Unidos, han hecho que la sensación de tensión y problemas vayan en aumento y que los consumidores, como ciudadanos, estén todavía más preocupados.

Pero lo cierto es que no solo los ciudadanos temen una futura crisis económica. Las marcas y las empresas también lo hacen y algunas lo ven ya tan factible, y tan problemático para sus cuentas de resultados, que ya se han empezado a preparar para ello y para sobrevivir a los nuevos cambios que una nueva crisis económica pueda tener en los consumidores y en sus hábitos de consumo.

Como recuerdan en Quartz, los analistas y los directivos de empresas llevan ya algún tiempo adelantando que la recesión económica podría ser un potencial problema inminente. Algunos han puesto fecha al estallido de esa situación en Estados Unidos y apuntan a que será en este 2019, aunque a finales del año. Las empresas empiezan ya, por tanto, a preocuparse por lo que va a ocurrir y a pensar en qué deben hacer.

Deloitte acaba de lanzar una alerta de aviso de que los síntomas de una potencial crisis económica se habían hecho más graves y han lanzado una alerta de qué deben hacer las compañías para sobrevivir a ella. La firma de análisis ha estudiado no solo lo que ocurrió antes y después de la última gran crisis, la de 2007/2008, sino también de lo que pasó en el camino hacia el estallido de la burbuja puntocom.

Cómo sobrevivir a la crisis

¿Qué deben temer las compañías y qué deben hacer ya para seguir siendo valiosas e importantes? La clave está, de entrada, en la innovación. A pesar de todos los problemas y de la situación en la que se puedan encontrar, las compañías tienen que seguir invirtiendo e innovando, porque eso será lo único que les permitirá sobrevivir con fortaleza a los cambios.

De hecho, el consejo que Deloitte da a las empresas para saber si están listas para sobrevivir a la debacle es que se pregunten sobre qué ocurriría si desapareciesen. Si al pasar esto sus consumidores pudiesen encontrar un servicio similar o mejor en la competencia sin problemas, tienen un problema. Necesitan, para prevenir y curar ante la crisis, encontrar algo que proporcione valor al consumidor, que centre a la compañía como elemento único.

Lo que las crisis anteriores enseñan

Los analistas apuntan a este punto como blindaje partiendo de lo que ocurrió en las dos crisis anteriores. Durante ellas, los retailers tradicionales se enfrentaron a una caída en sus ventas, a un problema de supervivencia y a una oleada de cierres y bancarrotas que no terminaron cuando finalizó la crisis. De hecho, las crisis solo hicieron más visibles sus problemas estructurales y solo aceleraron el proceso.

Mientras a ellas les ocurría esto, los entornos más novedosos se enfrentaban a una situación completamente diferente. Las ventas online y los nuevos espacios de consumo y servicios (como por ejemplo demuestra el crecimiento de las marcas directas al consumidor) fueron creciendo y creciendo durante el período, continuando el proceso tras el fin de la crisis.

No es el único elemento que descubrieron en el análisis. No solo a unas y a otras les fue diferente durante y tras la crisis, sino también el modo en el que se reaccionó ante esos problemas implicó un cambio ante los resultados futuros. Las compañías que optaron por ser más conservadoras durante la crisis, con recortes y dejando la innovación y la inversión, tuvieron un crecimiento más lento tras la crisis de la que lo que tuvieron las que optaron por innovar.

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