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No hace muchas semanas, una de las personas que estaba esperando para comprar su billete de tren en una estación en España sacó su smartphone del bolsillo e indicó que iba a emplearlo para pagar el ticket. No hubo reacción de sorpresa del otro lado de la ventanilla ni tampoco muchas complicaciones. Simplemente, le pusieron el datáfono de las tarjetas de crédito o débito y el consumidor en cuestión acercó su móvil. Y el proceso de ventas siguió adelante.

Cada vez hay más formas de pago, cada vez están más aceptadas en más escenarios y cada vez también más consumidores están empleando estos sistemas para realizar sus pagos. Posiblemente, haya un elemento generacional vinculado a esta situación. Es más probable que alguien menor de 35 años reconozca que nunca lleva efectivo encima o que lleva muy poco a que lo haga alguien mayor de esa edad.

Los datos sobre pagos muestran una cierta tendencia al crecimiento de la tarjeta y los pagos no en metálico, aunque en algunos mercados el cambio no parece tan inminente. Los datos de un estudio de este verano del Banco Central Europeo (BCE) señalaban que el 87% de los españoles todavía paga en efectivo, aunque ahora mismo haya 10 millones de tarjetas de crédito o débito más en España que las que había hace cinco años. En la zona euro, los datos acumulados de todos los países apuntaban que el 79% de todas las transacciones se seguían haciendo en efectivo.

Los consumidores sí quieren pagar con tarjeta

Pero, al mismo tiempo, otros estudios señalaban (desde dentro de la propia industria de las tarjetas) que los consumidores las prefieren al efectivo. El 59% de los usuarios "prefiere, generalmente, pagar con tarjeta", señalaba hace dos años un estudio de Advanced para Visa en España. El 53% de los encuestados aseguraba que cada vez lleva menos dinero en efectivo consigo en la cartera, mientras que un 84% reconocía que nunca sale de casa sin su tarjeta. Para un 79% de los encuestados, poder pagar con tarjeta siempre sería la situación ideal.

Por tanto, la situación de España podría estar muy vinculada con una cuestión cultural: muchos negocios siguen siendo reticentes a incorporar la tarjeta o simplemente a aceptar pagos con ella (aunque, como explicaban en una cafetería hace unos días, tras aceptar el pago de 3 euros con tarjeta, las comisiones que ofrecen algunos bancos son ya tan bajas que aceptar esos cobros ya compensa).

De media, en Europa, los consumidores son más proclives a pagar con tarjeta aquellas cosas que tienen un coste elevado y a pagar en efectivo las que tienen un coste más bajo.

Los mercados del apagón del efectivo

Pero algunos mercados ya han mostrado cómo pueden cambiar las cosas y, si se va más allá de la zona euro, se empieza a ver un cambio en la tendencia. En Suecia, por ejemplo, la presencia de carteles que señalan que no se admiten ya pagos en efectivo van en aumento, haciendo que sea una sociedad cada vez más dependiente del pago electrónico. En Reino Unido, las últimas estadísticas muestran cómo está descendiendo el pago en efectivo y está subiendo el pago con tarjetas, especialmente de débito. Dos tercios de las compras británicas ya se pagan con algún tipo de tarjeta.

Un estudio de ING de 2017 apuntaba que el 21% de los europeos ya no lleva efectivo casi nunca con ellos y un 54% que el uso del efectivo que había estado en los últimos doce meses había ido siendo cada vez menor. Incluso teniendo en cuenta aquellos mercados en los que el uso del efectivo seguía siendo importante, en general los pagos con dinero 'tangible' están cayendo.

Todos estos datos y todas estas tendencias son las que hacen que los analistas vean en el futuro una desaparición del dinero en efectivo o una presencia casi residual. Cada vez dependeremos más del pago con sistemas electrónicos y menos de las monedas y billetes que llevamos en el bolsillo.

Cómo cambia el boom del dinero electrónico las cosas

Aunque hay analistas que ya ven en la cuestión un problema potencial en términos de seguridad (una caída de servidores de una compañía de tarjetas o un simple apagón sería brutal pero también un ciberataque), la cuestión no solo debe verse desde esa perspectiva.

También debe servir para comprender cómo están cambiando los consumidores y cómo lo hacen las pautas de consumo. El boom del pago electrónico hace que sea más difícil hacer blanqueo de dinero y otra actividad criminal, recuerdan en Warc, pero para el consumidor final lo que importa es lo que le ofrece de forma inmediata a ellos. Se paga con tarjeta simplemente porque es más cómodo y mucho más eficiente. Para las empresas, apuntan en el análisis, también se gana en eficiencia. Los sistemas de cobro solo por tarjeta son cada vez más populares porque ofrecen eficiencia.

La desaparición del dinero en efectivo y el uso creciente de los sistemas electrónicos de pago hacen también que sea mucho más fácil seguir el rastro del dinero y comprender las pautas de consumo. Es lo que hace que sea más factible frenar actividades criminales? pero también lo que dará a las empresas una mayor visión 'desde dentro' de lo que hacen y quieren sus consumidores. Como apunta un analista a Warc, el boom de los pagos con sistemas de pago electrónico harán que todo pueda ser seguido y trazado, que todo pueda ser analizado. "Perderemos nuestra privacidad", apunta, "aunque, por supuesto, con Apple, Facebook, Google y los demás, ya hemos perdido nuestra privacidad".

Las empresas contarán con un mayor volumen de datos sobre qué se compra y cuándo y cómo se hace.

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