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Chiclets, la marca que logró hace 100 años que empezásemos a comer chicles y a llamarlos así
Una campaña publicitaria masiva dio a conocer a Chiclet en España e hizo cuajar el término como un nombre común para la categoría entre los consumidores
Publicado por Redacción
Noticias de marketing, publicidad y marcas en Español

Una de esas dudas recurrentes en los foros de idiomas de cómo traducir palabras de unos a otros está en cómo pasar del inglés al castellano “chewing gum”. Goma de mascar es algo que cualquier hablante entiende, pero no es algo que a todos les resultará natural. En España a ese producto se le llama chicle. En el por qué puede tener mucho que ver el nombre comercial de la marca que introdujo el producto en la España de hace 100 años y logró que se hiciese popular.

Nuria Rodríguez Martín apunta en La publicidad y el nacimiento de la sociedad de consumo. España, 1900-1936 que la goma de mascar llegó a España con un producto de la compañía estadounidense Adams, llamado Chiclets. Chiclets se anunció de forma masiva en los medios españoles de los años 20, apunta, lo que llevó a que se hiciese un salto de una parte por el todo. Es decir, para los españoles de su momento, estos productos pasaron a ser chiclets, el nombre con el que se denominaban viniesen cómo viniesen.

Como explica en su libro, “el lanzamiento de un producto totalmente desconocido suponía un riesgo y la publicidad era la herramienta imprescindible para hacerlo con éxito” en la España de principios del siglo XX. Pero no tener competidores podía convertirse en una ventaja, “porque podía resultar en que el nombre de la primera marca comercial que lo comercializaba se convirtiera en el sustantivo genérico para referirse al producto”, añade. Eso es lo que pasó con los chicles, porque la primera marca comercial en llegar al mercado español en esa década fue Chiclets, de la empresa estadounidense Adams. En el mercado se estrenaron en formato pastilla y denominándose “bombones garrapiñados”. Estos primeros chicles sabían o a menta o a un genérico “fruta”.

Sin embargo, en el Diccionario de la Real Academia Española no se apela a la marca comercial como origen del término. “Del náhuatl tzictli”, apunta la voz. “Pastilla masticable aromatizada, que no se traga, de textura semejante a la goma”, señala la primera acepción.

Un artículo en El Diario Montañés de hace unos años también explica que no es Chiclet, la marca, el origen directo del término chicle, sino el propio término náhuatl. Al fin y al cabo, el inventor de los chicles modernos – y de la marca Chiclet – se inspiró en el siglo XIX en los hábitos de masticar savia que existían en México – como se hacía en la época azteca – para crear su golosina. Los orígenes del chicle tienen, por tanto, un bastante de apropiación cultural.

Lo que dicen las hemerotecas

Aunque la marca comercial y el propio producto tengan ese vínculo con el pasado y con la tradición náhuatl, todo apunta que sí fue a través del producto importado de Estados Unidos a principios del siglo XX cómo se popularizó el término entre los consumidores españoles.

Lo interesante es que a lo largo de los años 20 y 30 el término "chiclet" aparece como un nombre común en las noticias de los medios para hablar directamente de loque hoy llamaríamos un chicle, como se puede ver en una búsqueda temática en la Hemeroteca Nacional de la Biblioteca Nacional de España y en Prensa Histórica del Ministerio de Cultura, que también permite descubrir cómo en la España de hace 100 años ya se mascaba chicle.

Un artículo en febrero de 1920 en La correspondencia de Valencia asegura: "dicen que ya tenemos combustible para no perder la costumbre de mascar. La goma". Luego pasa a llamarlos chiclets, señalando que todo el mundo los toma ("las señoritas ya mascan goma") y que son una especie de engañabobos para el estómago, pero también algo a la moda. "Se han propuesto que sea chic el chiclet".

Luego aparece también mencionado en al menos una serie de anuncios por palabras que avisan de que el producto está a disposición de los consumidores en 1927 que avisa de que un ultramarinos de Gijón tiene "chiclet fruta y menta". Salían a 7 pesetas caja. Ese mismo año, en el Diario de Burgos un anuncio breve recuerda que se venden en confiterías y que son algo estupendo que comprar "antes de ir al Campo de Deportes". Aquí ya lo hace, eso sí, con la marca comercial Chiclet. Las pastillas salían a cinco céntimos.

Chiclet para todo

Las muestras de que chiclet había calado como palabra para marcar el producto y no como únicamente para la marca comercial se pueden encontrar también en una oferta de empleo de American Products que busca en 1928 comercial en Extremadura o en Castellón ("para la venta de chiclets"), pero sobre todo en cómo las noticias usan el término para hablar de otras cosas. Es decir, es algo que quien lee los artículos sabe qué quiere decir.

Chicles en la prensa local de Burgos, 1927

Una revista de cine barcelonesa de 1929 habla de "esos besos largos y kilométricos, uno de esos besos de chiclet, como dijo alguien" o una crónica poética de La Voz de Aragón de ese mismo año lamenta que "tenga que ser esta generación del 'directo' y el 'chiclet'" la que tenga que hacer frente a la defensa de alguna profunda idea que preocupa al cronista. Cuando la revista Crónica manda en los años 30 a uno de sus reporteros a hacer un reportaje en primera persona sobre cómo convertirse en extra de cine en Barcelona, la persona que se encarga de recoger datos de los aspirantes es "una señorita que masca chiclet" (las cursivas son suyas). Para entender en 1932 cómo el yo-yo se ha convertido en "el amo del momento", el periodista de El Sol apunta que es "un vicio, como el tabaco, como el chiclet, como el whisky”.

Incluso, un artículo de 1933 en La Voz referencia que el término tiene, para la Real Academia Española, un origen vinculado a voces “indígenas”, pero hace más bien humor con ello porque si chiclet y canoe se han convertido en palabras comunes en la España de su tiempo es porque se han importado desde el inglés. Al fin y al cabo, recuerda, el metro de Madrid está lleno de unas máquinas con los colores de la bandera estadounidense en los que se puede comprar “chewing gum”. Básicamente, chicles.

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