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Cada vez se debe hacer más scroll para llegar a un resultado orgánico
Google aumenta su publicidad sobre los resultados orgánicos pero corre el riesgo de quemar demasiado a sus usuarios

¿Es posible imaginar un mundo sin Google? Sus competidores lo han hecho, muchas veces. Imaginar, lo han imaginado. Microsoft lanzó Bing hace algo más de una década y lo hizo con la intención de luchar contra el tirón brutal de Google. No logró robarle mercado de manera significativa, al menos a nivel global. La cuota de mercado global de Google ahora mismo, según cifras de Statista, es de un abrumador 92.08%. Bing solo tiene el 2,7%.

En cierto modo, Google se ha integrado en nuestra vida cotidiana de una manera casi incuestionable. De hecho, el hacer un reportaje intentando prescindir de los servicios de Google y de su buscador durante uno día, una semana o el tiempo que al periodista se le ocurra es ya casi como un clásico de periodismo tecnológico. Solo hay que hacer una rápida búsqueda - en Google, claro - y se podrán encontrar algunos ejemplos.

El éxito de Google fue quizás una cuestión de suerte (sus competidores entonces asentados y que dominaban el mercado no creían que los internautas estuviesen interesados en ese tipo de acceso a contenidos) pero su supervivencia y su largo dominio en el mundo de lo efímero que es internet han estado vinculados a su experiencia de uso.

Los internautas empezaron a usar Google y no dejaron de hacerlo porque en el buscador era fácil encontrar lo que se necesitaba, todo iba muy rápido y la experiencia de usuario ha sido siempre muy buena. Google siempre sabe lo que quieres, o esa es la impresión que genera, y siempre te lo muestra de una forma rápida y eficiente.

Pero ¿son compatibles los anuncios con esa experiencia única y tan buena? Teniendo en cuenta que Google lleva funcionando dos décadas con éxito, se podría decir que sí. Los analistas, sin embargo, no tienen tan claro que el futuro vaya a ser tan sencillo como lo ha sido su pasado.

Google se ha llenado de publicidad

En los últimos años, Google no ha parado de incorporar anuncios y más anuncios. La información relevante real está cada vez más sepultada entre mensajes publicitarios - que es lo que da de comer al servicio - y que podrían acabar frustrando a los usuarios.

Si Google se llena demasiado de anuncios, acabará quemando a sus usuarios. Es casi una regla de internet: todos los servicios a los que se les fue de las manos la carga publicitaria, acabaron frustrando al internauta y perdiendo ascendencia.

Como explican dos analistas de la universidad Edith Cowan en The Conversation, Google se ha convertido en una pieza clave, tanto que hablamos - y en muchos idiomas - de guglear cuando queremos decir buscar en internet.

Pero al mismo tiempo que Google domina las búsquedas, también domina el mercado de la publicidad online y estos dos puntos tienen una intersección. Los resultados de búsqueda han ido ganando anuncios y más anuncios con el paso de los años: ya es posible tener que hacer scroll equivalente a tres pantallas en algunas búsquedas para llegar a un resultado orgánico.

Google sigue siendo útil y rápido, conceden, pero también ha hecho que el diseño de los anuncios los convierta en más prominentes y más clicables (cada vez es más complicado separar qué es publicidad de lo que no lo es). Todo ello hace que suba el potencial de que los usuarios se frustren y la percepción de la experiencia de uso decaiga.

Los internautas, recuerdan los expertos, están acostumbrados a Google, pero eso no quiere decir que este buscador sea la única opción en el mercado. Quizás, lo que los movimientos de sus competidoras no han logrado lo consiga la saturación publicitaria.