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Las maquinillas de afeitar de la marca Bonte - la marca blanca de Dia de productos de belleza e higiene - vienen una bolsa azul no muy compacta. Tienen dos láminas, una banda lubricante con vitamina E y en cada bolsa vienen unas 20 unidades del producto. Su precio está por debajo de los dos euros. La misma marca tiene maquinillas para mujeres. Comparten el mismo nombre: ambos productos son maquinillas desechables. También las dos tienen 2 láminas y bandas lubricantes con vitamina E. Pero aquí se acaban las similitudes. Las maquinillas para mujeres llevan bien visible la frase 'Woman's Confort', traen menos producto (exactamente la mitad) y se venden en tonos rosas y blancos. El precio de cada paquete de maquinillas supera los 2 euros.

La esencia del producto es exactamente la misma. Lo que cambia es el marketing que se le ha aplicado y el packaging en el que se ha empaquetado el producto. Y, de hecho, esto es lo que ha estado funcionando desde el principio de los tiempos en lo que a maquinillas se refiere en su acercamiento al mercado femenino.

Gillette, que fue quien empezó la conquista de este mercado, descubrió que las mujeres de los años 20 (cuando la moda y las costumbres impusieron la depilación que luego dominaría en el siglo XX) eran un mercado potencial para las maquinillas desechables que habían diseñado para los soldados durante la I Guerra Mundial. Empezaron la conquista en 1917 y lo hicieron, por supuesto, cambiando cómo vendían el producto. No solo empezaron a llamarlo de otro modo, sino que también le dieron otro packaging. Le hicieron un cambio de look 'rosa'.

La tasa rosa

Y así han continuado las cosas hasta ahora. Las maquinillas 'de mujeres' y 'las de hombres' siguen siendo el mismo producto desechable, pero siguen vendiéndose de un modo diferente y siguen, además, teniendo precios distintos.

"La única diferencia entre las maquinillas que estas empresas dirigen al público femenino consiste en la utilización de las palabras Women, Lady y Miss y en el uso del color rosa tanto en el propio producto como en el empaquetado", apunta en uno de sus análisis Facua, que acaba de analizar cómo el precio de las maquinillas cambia según el público objetivo. Sus estudios - que tomaron como muestra las maquinillas de Dia, Lidl y Carrefour - han demostrado que el producto 'para mujeres' puede llegar a ser hasta un 171% más caro que el masculino, aunque la esencia es la misma.

Y el problema no es algo limitado únicamente a las maquinillas, sino una cuestión mucho más amplia y mucho más variada. Las mujeres sufren, como consumidoras, la que se conoce como tasa rosa, y que no es más que una manera de subir los precios simplemente cambiando el packaging, las palabras clave, la estrategia de marketing y el público objetivo al que va destinado el producto.

El producto es, en esencia, el mismo. Lo único que ha cambiado es el público final al que se dirige y el modo en el que se presenta. La diferencia, sin embargo, repercute en el precio: si es 'para mujeres' va a ser más caro.

La tasa rosa te acompaña desde que naces

La ciudad de Nueva York hizo en 2015 un completo estudio sobre la tasa rosa y su efecto en el gasto que realizan las mujeres a lo largo de toda su vida. En general, los productos para mujeres son un 7% más caros que los productos para hombres, aunque sean similares. Lo eran además en prácticamente todos los mercados. El estudio analizó 35 categorías de producto y en las únicas en las que no encontró esta diferencia fue en 5. En algunos casos, los productos 'para mujeres' llegaban a ser hasta un 42% más caros.

Un estudio californiano de 1994 ya señalaba que entonces las mujeres pagaban de media unos 1.351 dólares al año simplemente por culpa de la tasa rosa. El estudio neoyorkino ha demostrado además que la tasa rosa es algo con lo que ya 'se nace': los productos destinados al mercado femenino son más caros desde la cuna.

Además, las diferencias de precios - aunque la industria a veces intenta explicarlas por cambios en la fabricación - no acaban sosteniéndose de forma práctica. Un estudio de la Universidad de Central Florida, por ejemplo, demostró que la única diferencia entre los desodorantes segmentados para mujeres de los segmentados para hombres era la fragancia. A pesar de ello, los femeninos eran de media 30 centavos más caros.