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No son pocas las voces que han ido avisando de que la burbuja de los influencers estaba a punto de pinchar o que debería verse ya como 'pinchada'. Los analistas apuntaban en esa dirección partiendo de elementos contextuales del trabajo de los influencers.

Por un lado, el hecho de que los influencers estuviesen perdiendo tirón entre los consumidores servía para ver esta nueva realidad. Si hace unos años los influencers tenían esa credibilidad y ese sello de garantía que los mensajes publicitarios tradicionales no tenían, ahora se han convertido en simplemente unos jugadores más de la industria publicitaria y una no tan creíble. Los consumidores han empezado a dejar de verlos como 'auténticos' y han empezado a establecer una visión mucho más crítica de lo que son y de cómo son.

Por otro lado, la aparición de los influencers gorrones y de los falsos influencers ha hecho que el mercado en general pierda credibilidad entre las marcas. Los responsables de marketing están hartos de los seguidores y el engagement falso, de los influencers que solo piden cosas gratis y de todo el ruido que ha tomado al asalto el mercado.

Pero lo cierto es que no solo las estimaciones y los análisis de los expertos apuntan en esa dirección y dejan claro que los influencers han dejado de ser la gallina de los huevos de oro. Los síntomas de agotamiento empiezan a verse ya en aquello que más duele a la industria, los resultados tangibles. Los influencers empiezan a pinchar en engagement y en alcance. Sus números demuestran ya un agotamiento del formato y un retroceso en su tirón.

La debacle del engagement influencer

Los datos de un estudio de InfluencerDB lo dejan claro: como señalan en Allure, si se están viendo menos fotos de influencers en el feed de Instagram no es simplemente una casualidad, sino un elemento general. Según las conclusiones del estudio, el número de followers que dan me gusta a los contenidos de los influencers se ha posicionado en un mínimo histórico. Los datos de engagement que logran están ahora en el 2,4%, una caída del 4% en un trimestre.

Los datos son además especialmente visibles entre aquellos influencers que tienen muchos seguidores. Los microinfluencers siguen teniendo un engagement superior a esos datos y logrando todavía una respuesta elevada. Los influencers de 10.000 seguidores están en el 3,6% de engagement, mientras que los de 5.000 a 10.000 se posicionan en el 6,3% y los de 1.000 a 5.000 en el 8,8%.

A eso se suma que su propia naturaleza está haciendo que su trabajo sea más complicado: el boom de posts patrocinados está lastrando sus resultados orgánicos. Dado que los feeds de Instagram están cada vez más saturados, a los influencers no solo les cuesta más llamar la atención sino también especialmente hacerlo con aquellos posts por los que las marcas les pagan.

¿Daños colaterales del zero day de Instagram?

Y, quizás, los influencers vayan a ser quienes salgan perdiendo de forma masiva en la caída del alcance orgánico en Instagram. Si en Facebook medios de comunicación y marcas fueron los grandes perjudicados, quizás aquí lo vayan a ser los influencers, que verán como su modelo de negocio colapsa como un castillo de naipes. Todo su éxito se basa, al fin y al cabo, en aparecer en el feed de sus seguidores.

La gran cuestión es, sin embargo, que el éxito de lo orgánico en Instagram parece estar a punto de tocar a su fin. Instagram se está llenando de anuncios primer paso que avisa de que se obligará a las marcas a pasar por caja, pero también ha empezado a caer el alcance orgánico general de las publicaciones.