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El Gobierno acaba de aprobar una inyección de 15 millones de euros para las televisiones privadas 

El mes de marzo ha sido diferente a todo lo que la televisión había vivido hasta ahora. De hecho, y a pesar de su larga trayectoria, el mes ha sido el que ha registrado máximos históricos en tiempo de visionado, superando cualquier registro histórico.

Los datos de Barlovento sobre el cierre del mes son claros. La media se ha quedado en un consumo por persona de 282 minutos al día (lo que supone casi 5 horas, 4,7 horas de visionado). La consultora deja claro que "el mes de marzo se ha convertido en el mes de mayor consumo de la historia". Durante estas semanas también se ha registrado el récord histórico de tiempo de visionado por espectador mensual, con un total de 369 minutos (más de 6 horas por persona). A lo largo de las últimas semanas, la cuenta en Twitter de la consultora ha ido señalando máximos históricos de audiencias de diferentes cadenas.

Los datos más específicos del mes ayudan a perfilar todavía mejor las cosas. El minuto de oro de marzo fue en uno de los informativos de La Sexta y, sacando dos de las emisiones de Supervivientes, en el top 5 de los programas más vistos del mes aparecen informativos.

Por supuesto, todos estos datos de audiencia históricos están marcados por el contexto. La pandemia del coronavirus y el confinamiento de la población han sentado a los ciudadanos en el sofá de sus casas y los ha empujado a consumir contenidos. La tensión y la angustia por lo que puede estar pasando les ha llevado, igualmente, a ver todos los programas de noticias posibles (tanto que ya la palabra infodemia no parece una cosa extraña). Es el comportamiento casi esperable.

De hecho, la televisión es uno de los soportes que tiene mucha audiencia, pero no el único. Los estudios ya apuntan que las audiencias generales de todos los medios y todos los soportes se han disparado estas semanas.

Unos datos complicados

Sin embargo, este mes de marzo de récord y audiencias inauditas es bastante agridulce para las televisiones, más allá de pensar que está marcado por una tragedia colectiva. La necesidad de estar ofreciendo contenido informativo todo el tiempo y de llevar a sus espectadores algo que no hayan visto han empujado a algunos programas hacia el sensacionalismo (el caso de Espejo Público y su reportero que se coló en Ifema se ha convertido en viral y paradigmático de esta situación), pero también está empezando a saturar al espectador.

Una espectadora de mediana edad nos comentaba que, tras pasarse los primeros días pegada a la pantalla de la tele, había acabado harta. Ahora hacía maratones de series en VoD. Puede ser lo que acabe pasando en España de forma generalizada, ya que es ya lo que está pasando en Italia. Tras un mes informando sin parar del coronavirus y con un pico de audiencias similar al que están viviendo los informativos en España, estas emisiones han empezado a perder audiencia en el país transalpino. Sus espectadores están hartos del virus y de las noticias.

Y a todo esto hay que sumar lo más sangrante para las cadenas de televisión. A pesar de que están haciendo un esfuerzo brutal para cubrir la actualidad y a pesar de que están teniendo picos de audiencia históricos, no están monetizando el contenido. No solo las marcas y las empresas temen el impacto que puede tener meter publicidad cuando se está hablando de coronavirus, sino que además han frenado su esfuerzo publicitario en medio de la situación. Los consumidores creen que los anuncios deberían seguir, pero la inversión publicitaria ya se ha frenado.

Los medios ya han mostrado signos de preocupación ante lo que les traerá el futuro. En el último Consejo de Ministros se aprobó ya un paquete de 15 millones de euros para las televisiones privadas.