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AITANA adelanta en exclusiva en la portada de GQ las claves de su nuevo disco y revela su nueva era con el rosa como color fetiche.

Aitana habla en una reveladora entrevista sobre sus planes de futuro y diversos temas de actualidad como la vivienda, los impuestos o la salud mental.

Por Redacción - 27 Octubre 2026

Aitana abre una etapa luminosa marcada por la madurez personal y el compromiso social

Aitana protagoniza la portada de la edición de noviembre de la revista GQ, cuya llegada a los quioscos este 27 de octubre de 2026 marca el balance de doce meses definitorios para su trayectoria profesional y vital. Tras culminar una ambiciosa gira internacional y presenciar cómo composiciones como «Superestrella» alcanzaban una resonancia multitudinaria, la artista catalana reflexiona en profundidad sobre el punto de inflexión en el que se encuentra. Lejos de acomodarse en la complacencia del éxito comercial, la intérprete plantea una mirada honesta sobre los costes emocionales de la exposición pública, la evolución de su proceso creativo y la firmeza de sus convicciones cívicas en materias tan complejas como la vivienda y la fiscalidad.

El equilibrio entre el bienestar psicológico y la creación artística

Uno de los ejes más significativos de esta conversación reposa en la naturalidad con la que Aitana aborda su salud mental, un aspecto determinante en su rutina desde hace dos años. La cantante reconoce abiertamente encontrarse bajo tratamiento farmacológico con antidepresivos, una prescripción médica que intentó reducir el año anterior sin resultados favorables, lo que motivó el restablecimiento de las dosis iniciales pautadas por los especialistas. Esta circunstancia clínica, según traslada con meridiana claridad, introduce un efecto secundario que repercute de forma directa en su sensibilidad autoral al atenuar de manera notable la intensidad de ciertas emociones primarias.

La imposibilidad recurrente de experimentar el llanto representa un dilema creativo y humano que ha decidido incorporar a su próximo repertorio sonoro. Consciente de que verbalizar la añoranza del dolor o la tristeza puede suscitar juicios precipitados entre quienes interpretan el éxito como un escudo infranqueable, la compositora reivindica el derecho a explorar su vulnerabilidad sin miedo a parecer desagradecida frente a los privilegios acumulados. La música actúa de este modo como un testimonio veraz de su propia realidad psicológica, alejándose de los artificios habituales de la industria para reflejar el impacto directo de la medicación en la cotidianidad de quien compone canciones bajo el escrutinio de millones de oyentes.

La construcción de una etapa festiva tras la catarsis

Al analizar su discografía previa, la artista aplica una autocrítica rigurosa que evidencia su distanciamiento respecto a ciertos trabajos del pasado. Si bien guarda un afecto entrañable hacia «Spoiler» por la ingenuidad propia de sus dieciocho años y considera que «11 Razones» continúa siendo una de sus obras más sólidas, admite que «Alpha» adoleció de una excesiva precipitación motivada por el enfado y la urgencia expresiva del momento. Por contraposición, valora la autenticidad visceral plasmada en «Cuarto Azul», su trabajo predilecto hasta la fecha, aunque reconoce que con el nivel de exigencia técnica y conceptual que maneja actualmente habría depurado todavía más su selección final de temas.

El horizonte sonoro que proyecta para su siguiente era adopta una tonalidad rosa que rehúye los convencionalismos del pop edulcorado para adentrarse en un universo desinhibido, lúdico y deliberadamente desenfadado. Trasladando al estudio la energía acumulada sobre las tablas durante los meses de gira, Aitana busca estructurar piezas festivas provistas de títulos sugerentes e irreverentes que desconcierten a primera vista y conecten de inmediato con el disfrute colectivo. Este tránsito sonoro se nutre además de exploraciones compartidas en el estudio de grabación junto a productores de renombre internacional como Martin Garrix, confirmando una predisposición decidida hacia fórmulas electrónicas y ritmos expansivos que priorizan el baile y la celebración compartida.

Responsabilidad tributaria y debate sobre el derecho habitacional

Más allá de los escenarios y la confección sonora, las declaraciones concedidas a la publicación adquieren un marcado calado social al abordar la administración de su patrimonio personal y el cumplimiento estricto de sus deberes como contribuyente. La cantante zanja cualquier controversia vinculada a la adquisición de inmuebles al asegurar que sus posesiones inmobiliarias están destinadas con exclusividad al uso particular y laboral, incluyendo la residencia que adquirió en la ciudad de Miami para facilitar sus compromisos profesionales en el continente americano sin trasladar su residencia fiscal fuera del territorio nacional.

Aitana defiende con vehemencia la progresividad de las cargas fiscales aplicadas a las rentas más altas, asumiendo con total convencimiento que la mitad de sus ingresos anuales se destinen a las arcas de la Hacienda Pública española. En esa misma línea, la artista rechaza de manera tajante la especulación habitacional y critica la actividad de las grandes corporaciones y fondos de inversión que distorsionan el mercado del alquiler, desmarcándose de acumular múltiples propiedades y reclamando una tributación proporcional para quienes ostentan grandes patrimonios residenciales en un contexto social sensible.

La serenidad sentimental y la proyección familiar

La estabilidad en el terreno afectivo acompaña este momento de madurez artística gracias a la decisión estratégica de gestionar su relación sentimental con total transparencia de cara a los medios de comunicación. Esta visibilidad calculada ha mitigado la presión constante de la crónica social, permitiéndole experimentar una cotidianidad sosegada donde el plano personal y el profesional conviven con relativa armonía. Con veintisiete años y una trayectoria biográfica acelerada por las exigencias de la fama temprana, la intérprete vislumbra la maternidad como una aspiración vital irrenunciable que confía en materializar a una edad temprana, planificando minuciosamente cada paso en un calendario que conjuga la ambición escénica con el anhelo de formar una familia.

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