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    El aprendizaje de una lengua es tremendamente visual. Se asocian fonemas a la imagen de una mesa, del sol, o de mamá y papá. En nuestros primeros años de vida las conexiones neuronales funcionan así. Pero más adelante el 90% de la información que se transmite a nuestro cerebro sigue siendo visual. Es la razón que explica la enorme popularidad que han adquirido las infografías y su capacidad para correr como la espuma por las redes sociales. Ya nadie discute el enorme potencial viral que tiene esta manera de hacer más digerible la ingente cantidad de información que circula por Internet.

    Para lograrlo, es imprescindible que la infografía tenga un gran poder visual, contenidos originales y con los elementos necesarios para que enganche a un target muy bien definido previamente.

    Existen, al menos, ocho aspectos que conviene evitar, según Joshua Titsworth, analista de Vizion Interactive, a la hora de elaborar una buena infografía.

    No elaborar un diseño profesional

    Hoy en día hay cientos de recursos en internet donde encontrar bonitos gráficos e imágenes para insertar en nuestra infografía. Pero cuando lo que se busca es sobresalir entre la multitud, no hay excusas, lo ideal es un diseño realmente profesional. Si no hay nadie en el equipo con habilidades para el grafismo, conviene contratar a algún profesional en la materia para enriquecer el trabajo. Si la infografía se ha encargado a una agencia, debemos exigirle unos mínimos de originalidad para no llevarnos la sorpresa de que hemos usado la misma galería de clip art que la competencia.

    Información no actualizada

    El contenido también es el rey cuando hablamos de infografías. No se trata ensamblar cuatro datos en un bonito gráfico, es más, la búsqueda de información es quizá la parte más ardua del trabajo en una infografía, pero marca la diferencia. No importa lo relevante o no que sea el dato, éste siempre debe estar lo más actualizado posible y seguramente llevará más trabajo que mirar los primeros resultados que nos ofrece Google.

    Tipografías imposibles de leer

    Es inútil que la tipografía utilizada sea la más moderna e impactante del mercado, si resulta ilegible, ¿de qué sirve? El usuario siempre va primero. Antes de intentar impresionar a la industria del diseño conviene replantearnos si la tipografía que estamos utilizando pueden leerla con facilidad sus destinatarios. Y en este punto, volvemos al anterior: el contenido, la información, sigue siendo el sustento de una buena infografía.

    Escoger temas muy explotados

    Falta poco más de un mes para que llegue Halloween y para que comencemos a ver de nuevo cientos de infografías al respecto. Y ocurre igual con cualquier nuevo caso de estudio dentro de una industria cualquiera. Hay temas excesivamente manidos y si no podemos aportar nada significativamente mejor al respecto, conviene buscar información novedosa de temas menos populares. Tendremos más posibilidades de ser vistos y leídos con atención.

    Colocar un montón de links en el código embebido

    Si lo que buscamos es que nuestra infografía se comparta y que la gente lo inserte en sus sites, no saturemos el código embebido con links. Sólo puede haber uno, a la página de la infografía o a la homepage. Cuantos más links tenga, más parecerá spam y menos posibilidades de que acepten compartirlo, lo que significa que habremos fallado en nuestro propósito.

    Una escritura pobre

    Todo el tiempo, dinero y esfuerzo invertido para elaborar una estupenda infografía viral puede echarse a perder porque contenga errores gramaticales o incluso faltas de ortografía. Conviene revisar con cuidado los textos antes de enviarlos al mundo.

    Usar acortadores de links

    Es probable que las URL de las fuentes de información no quepan en una línea. Es cierto que los acortadores de links resultan más limpios visualmente, pero no siempre funcionan correctamente. Si ponemos la URL completa el usuario siempre podrá ir al dominio y buscar más información allí, en caso de que el enlace esté roto.

    No contar una historia

    Que toda la información vaya ligada y no sea simplemente pequeñas píldoras adornadas gráficamente, ayuda mucho a la comprensión de la infografía. El contenido hay que trabajarlo, y ofrecérselo bien digerido al usuario. Contar una historia a través de la infografía hace que la información fluya con más naturalidad y mantiene la atención del lector. 

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