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No queda más remedio que prepararse para un mundo post-pandemia en el que muchas de las prácticas que se asentaron durante el período se quedan

Puede que el ejemplo más claro sea el comercio electrónico. Durante los meses del confinamiento, hace ahora ya algo más de un año, las compras online se dispararon. Aquellos consumidores que ya comprábamos en internet antes pasamos a hacer más compras. Quienes no compraban en la red tanto antes descubrieron su potencial y se lanzaron a hacer compras que nunca antes habían hecho y que, incluso, les parecían poco interesantes o no muy recomendables. Solo hay que pensar en el crecimiento brutal de los supermercados online y en cómo llegaron mucho más allá de su mercado nicho.

Las compras online no decayeron cuando arrancó la que entonces se llamó la nueva normalidad. Se moderaron, claro, y no fueron tan indispensables como en las semanas anteriores, pero los hábitos de compra en la red no volvieron a el 'cómo era antes'.

La campaña de Navidad, muchos meses más tarde, estuvo muy orientada a la red. En todo caso, y en lo que toca al retail, lo que ha quedado es una realidad omnicanal, en la que los players con una presencia en tiendas importante han tenido que adaptarse a un entorno con más consumo online. Ahí están todas las áreas de click-and-collect.

Por tanto, nadie discute que ya no hay vuelta atrás y que el comercio electrónico tiene ahora la mano ganadora del reparto de la baraja. Sin embargo, igual que ha ocurrido con este patrón de comportamiento y esta reacción de consumo, muchas otras realidades cotidianas pandémicas se quedarán también más allá del final de la crisis.

El último estudio de Ericsson, The Future Urban Reality, sobre la materia así lo deja claro: la crisis del coronavirus ha afectado a lo que los consumidores consideran los elementos básicos de la vida cotidiana y sus ecos continuarán más allá del momento. Se irá la pandemia, pero no se irán esos efectos.

De hecho, el estudio se pregunta cómo será el consumidor de 2025, cuando se da por sentado que la crisis del coronavirus habrá quedado atrás gracias a la vacunación. Para determinar qué ocurrirá han preguntado a una muestra de consumidores de 31 países para tener una visión global de cómo serán las coas.

Tecnología para todo

Durante la pandemia, las tecnologías se han convertido en un elemento "clave" en la vida cotidiana, aseguran los investigadores. "Nuestros últimos descubrimientos sugieren que esto continuará en la próxima normalidad y más allá de ello", señala Zeynep Ahmet, investigador senior en Ericsson Research. Los consuimdores darán prioridad a aquellas cosas que consideran importantes en la vida, "ya sea pasar más tiempo con sus seres queridos o llevar un estilo de vida más sano", y la tecnología se convertirá en la herramienta que les ayudará - o eso esperan - a lograrlo.

Así, elementos como el teletrabajo, el elearning, la compra online o la e-salud han sido parte de la rutina de la vida pandémica y seguirán siendo parte de la rutina en la vida de los años 20. Los consumidores no quieren dedicar su tiempo de ocio a hacer esas cosas, quieren que sea el tiempo para estar con amigos y familiares, llevar una vida más consciente o viajar mucho más.

Por ejemplo, uno de cada dos consumidores espera usar el elearning para adquirir nuevas habilidades y más de la mitad considera que todo su entretenimiento será online. Más de un tercio hará la compra sobre todo en el supermercado online. El tiempo que se pasa online se disparará: en 2025, la media estará en 10 horas a la semana.

Los consumidores quieren más comodidad. Un 75% de los consumidores asegura que la vida estará orientada a lo que resulta más cómodo.

Local, cambio climático y estrés

Eso no quiere decir que los consumidores vean simplemente el futuro como algo sencillo y fácil. En realidad, sus previsiones para 2025 están matizadas con ciertos temores.

Los consumidores seguirán defendiendo el consumo local, uno de los elementos al auge del consumo pandémico. La mitad de los consumidores reconoce que espera comprar más productos locales, en parte por responsabilidad climática. El cambio climático preocupa, de hecho, a la mitad de los consumidores globales, a pesar de que un 67% reconoce que espera viajar mucho más a partir de ahora (y el turismo no siempre es sostenible).

Y, finalmente, los consumidores auguran un futuro estresante. Un 64% de los consumidores cree que aumentará el estrés en la sociedad. Tres de cada cinco consideran que habrá que tener varios trabajos para poder llegar a fin de mes.