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Aunque el comercio electrónico es cada vez más popular, hay elementos del comercio tradicional que tienen una existencia casi asegurada y que resulta bastante complicado imaginar que vayan a desaparecer. Los consumidores siguen queriendo ver y palpar los productos que compran (sea casi como sea) y, en el caso de industrias concretas, son uno de los elementos que pueden marcar la diferencia. Ocurre, por ejemplo, en el caso de la moda, donde los consumidores sienten la necesidad de probar los productos que van a comprar antes de hacerse con ellos. Quieren ver cómo les sientan, cómo lucirán y si son los más adecuados para el momento en el que quieren vestirlos. Por ello, los probadores tienen una larga vida... y las empresas del sector saben que son una manera de llegar al consumidor.

El retrato robot del usuario de probadores actual es, según un estudio de Ofertia sobre la materia, el de una mujer, de unos 26 a 45 años, que acude a la tienda a ver lo que hay y probar todo aquello que le gusta. Las usuarias de probadores no son fieles a una marca ni a un establecimiento, sino que prueban hasta encontrar lo que les convence. Pero, además, una vez que entran en el probador salen bastante decididas a cerrar el proceso: el 80% compra después de probar.

El probador es por tanto un punto de contacto con el comprador de gran valor. Algunas marcas están además aprovechando el tirón de las nuevas tecnologías para seducirlos con herramientas que ayudan y mejoran la experiencia de compra e incentivan, por tanto, la venta.

La última compañía que ha presentado una visión de cómo podría ser ese probador del mañana muy conectado a las mejoras aportadas por las nuevas tecnologías es eBay. La firma de ecommerce se ha aliado con la diseñadora estadounidense Rebecca Minkoff para crear dos tiendas inteligentes en San Francisco y Nueva York que pueden servir de avanzadilla de cómo será el futuro (y que, según apuntan en The Verge, puede ser una nueva fuente de ingresos para eBay).

La experiencia de compra inteligente empieza en la propia tienda. El establecimiento cuenta con una gran pared interactiva que permite al consumidor acceder a información y contenidos sobre la marca (como pueden ser, por ejemplo, los últimos desfiles de la temporada) y ver la tienda online y los productos con los que cuenta.

Pero no solo la tienda es smart, también lo es el probador de la misma. La capa de inteligencia permite modificar desde la experiencia en ese momento de compra hasta la futura y hace que probarse un producto sea mucho más completo de lo que es hoy en día. El probador permite cambiar la luz ajustándola a cómo sería en diferentes ambientes y eventos sociales, llamar al vendedor, pedir nuevas tallas de los productos seleccionados, acceder a la tienda online de la marca o guardar los productos probados en un perfil personal donde estarán esperando para una compra futura. La ropa incluye etiquetas RFID, lo que permite por tanto que interactúen con el resto de elementos inteligentes de la tienda y mejoren la experiencia.

El punto culminante del probador es que incluye una característica digna del ecommerce, pero sin abandonar el comercio tradicional. El consumidor puede pagar todos los productos que se está comprando usando la tecnología del probador (y su cuenta de PayPal) y evitar así pasar por caja.

Otros probadores del futuro

Pero no son los únicos que están probando cómo podrían ser los probadores del futuro y cómo estos solucionan los problemas de las tiendas del presente. Bloomingdale's, por ejemplo, ha encontrado en las nuevas tecnologías una de las herramientas para acabar con las razones que hacen que los consumidores aborten su compra: una de las razones por las que lo hacían era el hecho de que muchos compradores llegaban a los probadores con un producto de talla o color equivocado, pero cuando querían pedir a un trabajador de la tienda que les trajese el producto acertado no encontraban a nadie disponible.

La cadena está probando a solucionar el problema añadiendo iPads a sus probadores. De este modo, el consumidor puede acceder al inventario, encontrar el color o talla que busca y pedir a un vendedor que se la traiga. La tableta añade además más información de la demandada y recomienda productos que pueden encajar con lo que se ha buscado. Y aunque incluir un tablet no parece muy futurista, sí permite mezclar las bondades de los dos mundos (el electrónico y el físico) para conseguir tener más contentos a los consumidores. La firma empezó con el despliegue en pruebas de esta fórmula y podría llevarla a más establecimientos si resulta exitosa.

El probador será un holograma

La idea es además mucho más fácilmente importable por otras tiendas y mucho más factible que algunas de las otras tendencias que se espera que cambien los probadores en el futuro (y que resultan además mucho más caras). Otra de las ideas que se espera que modifiquen el futuro de las ventas es la incorporación de hologramas en los probadores: el consumidor no tendrá realmente que desvestirse y probar toda la ropa que le interesa, sino que podrá simplemente ver cómo le queda a un holograma de su cuerpo. Esto irá muy en la línea con lo que será - según las previsiones - la vida del mañana, donde los hogares serán inteligentes y donde los consumidores podrán hacer cosas como imprimirse la taza de café del desayuno en su propia casa.

De hecho, el 3D podría tener un impacto en la moda (especialmente en la que se compra online) bastante elevado, ya que permitiría crear probadores virtuales partiendo de una imagen capturada antes por las cámaras-escáner de 3D. El proceso es todavía un tanto aburrido y latoso (y no hay más que leer esta crónica de Vogue, que creó una sesión de fotos para uno de sus números con una modelo impresa a escala en 3D, para entenderlo).

"Las compras físicas tendrán que convertirse en algo más divertido porque simplemente tendrán que serlo", señala el futurista del retail, Doug Stephens, a la prensa estadounidense. De hecho, algunas tiendas ya han asimilado este cambio (y el hecho de que su futuro pasará más por ofrecer servicios que por vender, ya que eso será cosa del ecommerce, como prevé Forrester) y en lugar de dejar todo el inventario en tienda, exponen los productos y el consumidor busca (usando los códigos QR de cada producto) la talla que necesita para llevarse a probador en sus dispositivos inteligentes.

Otros fusionan ya lo virtual con lo social en el probador. Una empresa taiwanesa ha creado un software que permite modificar lo que se viste (de forma virtual: superponen los productos sobre la imagen del cuerpo) y después compartir las imágenes en social media, para así conseguir las opiniones de los amigos sobre lo que se debe o no se debe comprar. Como no es necesario cambiarse realmente de ropa, el probador se puede situar en medio de la tienda y al alcance de cualquiera.

Periodista online y apasionada por la literatura, las nuevas tecnologías y por los zapatos. Editora...