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La realidad virtual está cada vez más presente entre las opciones a las que pueden echar mano las empresas, ya que cada día es más recurrente y cada vez es más fácil acceder a ellas. Las posibilidades que las marcas piensan como principal aplicación de la realidad virtual están relacionadas, de forma habitual, con los contenidos. Lo cierto es que no es difícil imaginar cómo la realidad virtual puede hacer que consumir información o ver una película sean mucho más completos y mucho más atractivos para el receptor. Y los usos que estos elementos pueden tener en la industria del entretenimiento y en la de los juegos parecen también evidentes. ¿Cuánto podría ganar una experiencia de juego si se convierte realmente en inmersiva?

Pero las aplicaciones de la realidad virtual van mucho más allá que esto y pueden tocar muchos más puntos que simplemente los relacionados con los contenidos. Las marcas pueden aplicar de forma mucho más directa la realidad virtual a hacer llegar otros mensajes, incluidos los publicitarios. Los usos de la realidad virtual en el marketing son muchos y muy variados. Se pueden mostrar productos que no son palpables o que no están en el entorno físico del consumidor o se pueden emplear para crear experiencias educativas que permitan al comprador entender mejor los productos que está comprando. Las posibilidades son muy amplias y dependen, únicamente, del trabajo que la marca decida hacer y de los puntos que decida explotar.

Una de las industrias que lo está haciendo mejor que ninguna otra es la industria del turismo, que ha empezado a emplear la realidad virtual como llave para crear experiencias que hacen que el consumidor sea capaz de ver más allá de lo que tiene delante y que además les están sirviendo para convertirse en muchas veces virales. Es lo que ha hecho el aeropuerto de Estocolmo, por ejemplo, que ha creado el Climate Portal, una experiencia en la que el consumidor puede sentir cómo es el tiempo en el lugar de destino y decidir, como explica una de sus portavoces, si quiere meter o no un jersey de más en la maleta. Es decir, la posibilidad de realizar un viaje virtual antes de viajar de verdad. El objetivo de todo esto es promocionar sus destinos internacionales y la oferta con la que cuentan, lo que demuestra el potencial de la realidad virtual como elemento para posicionar un mensaje.

Pero el aeropuerto sueco no es el único de la industria del turismo que está empleando estos elementos para posicionarse. Los ejemplos llegados de Estados Unidos de estrategias de posicionamiento usando la realidad virtual son mucho más variadas. Marriott, la cadena de hoteles, ha creado una experiencia específica para Occulus Rift, las gafas de realidad virtual de Facebook, que permite sentir los distintos destinos en los que tiene hoteles. Como le explica a Bloomberg el experto que ha creado la campaña, cuando te vas de vacaciones quienes más registran el cambio son tus ojos y tus oídos, por lo que la campaña cubre esos dos puntos.

Thomas Cook o Qantas Airways también están jugando con estas posibilidades y han creado vídeos promocionales especiales y específicos para los consumidores que acceden vía dispositivo de realidad virtual. Los primeros, de hecho, están desplegando por sus tiendas de Reino Unido, Alemania y Bélgica dispositivos que permitirán al consumidor experimentar el destino antes de comprarlo.

Por qué usar la realidad virtual

¿Por qué razones estas compañías están explotando las posibilidades de la realidad virtual? Como explican desde eConsultancy, estas herramientas son un poderoso aliado para la venta, especialmente en una industria que vende bienes intangibles y que, por lo tanto, son difíciles de percibir o de cuantificar. ¿Cómo se vende una experiencia? Estos dispositivos permiten entender de una forma más tangible lo que el agente de viajes está diciendo y posibilitan un acercamiento más concreto a las cosas vendidas. Porque una cosa es que el agente de viajes señale que el viajero se va a encontrar con playas de arena blanca y agua cristalina y otra mucho más diferente es que le ponga unas gafas y que el consumidor pueda realmente ver ese paisaje y sentir el ruido de las gaviotas y del mar chocando con la orilla.

No se trata, eso sí, de que la realidad virtual vaya a sustituir directamente a la necesidad de viajar o a la experiencia en sí del viaje, sino más bien que dará un elemento de apoyo para entender qué se van a encontrar y el producto que están comprando. De hecho, de este modo consiguen atrapar a nuevos consumidores y ofrecen un extra que por el momento internet (que ha robado el mercado de las agencias de viajes en los últimos años de forma sangrante) no está ofreciendo.

Las posibilidades de futuro son además muy elevadas, ya que la tecnología se está refinando cada día que pasa y los dispositivos a precios cada vez más bajos hacen que sea mucho más fácil llegar al consumidor en espacios que no son necesariamente la tienda. Ahora es cada vez más factible que la realidad virtual entre en los hogares y que, por lo tanto, conquiste al consumidor desde casa.

Y, finalmente, no hay que olvidar que la moda está empezando y que ser los primeros da la ventaja no solo de ser quien marca la pauta sino también de ser quien va a seducir a los consumidores.

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